viernes, marzo 05, 2010

Placer Quejumbroso

Las dedicatorias me parecen cursis, pero esta “declaración de principios” no puedo dejar de dedicársela a Sandra y Camila. Disfrútenla.

Tener un ‘carácter de porquería’ no es sencillo. Tienes que soportar una y otra vez las miradas desorbitadas cuando escuchas un chiste vulgar y tonto sin reírte. Debes resistir los deseos de golpear cráneos contra el pavimento cada vez que te preguntan ¿te pasa algo?, porque te resulta tedioso hablar de la novela o hacer elogios vacíos para caerle bien a los demás. Te conviene acostumbrarte a que las personas te traten con desconfianza porque eliges llamarlas por su nombre y no por el mote que otros les escogieron. Pero que soportes, que resistas, que te acostumbres o que actúes a tu conveniencia, no significa que renuncies al placer que te produce quejarte. 

Para hacer control de daños no trato a mucha gente, realmente pocas personas me interesan y no entro en debates con quienes tienen un espíritu crítico pobre. No soy fácil, no lo oculto, no sonrío sin razón y sé bien cuán antipática y soberbia puedo llegar a ser. No busco amigos y me aburren las conversaciones en las que la gente sólo quiere limar asperezas y llegar a un acuerdo. No me gusta que me convenzan de algo aunque valoro los buenos intentos. En general soy una experta de lo que muchos llaman “mala onda” y lo disfruto.

Así como ejércitos de jóvenes y adultos contemporáneos disfrutan al irse de fiesta los fines de semana, yo me divierto con las quejas. Me gusta profundamente hablar basura, echar pestes, criticar y señalar los defectos del planeta, sin la más mínima intención de convertirlo en un lugar armonioso, por eso si llega una luminosa almita, llena de bondad, con el firme propósito de convertirme en una persona más radiante y positiva se las verá con mi ignorancia.

Ignorar al otro, no verlo a los ojos, no hacerle caso cuando me llama por un único sobrenombre que usa para referirse a todos, ese que se ha convertido en cliché por la fuerza, por la ridiculez, por la frecuencia con que lo usa sólo me causa desconfianza. Tampoco me inspiran cercanía quienes usan una y otra vez una grosería como “marica”, “güevón” o similar para referirse a su interlocutor. Prefiero los nombres para referirme a las personas y sólo doy apodos en muy raras y estudiadas ocasiones, siempre con la aprobación del aludido.

Por favor se lo pido, no venga con sus buenas intenciones evangelizadoras para un mundo mejor, no espere que sea más dulce o alegre, no me apague el humo de la queja con un chorro de babas. Yo disfruto realmente de los momentos sardónicos y oscuros. Sé crear alegría para mí misma en ausencia de seres humanos. Sepa que no me interesa dominar el mundo con mi nube oscura, la generalización y la popularidad es algo que buscan las reinas de belleza y los villanos con deseos de globalización. Piénselo de este modo, ya que le gusta hacer feliz a la gente, hágame feliz a mí, llevando su dulzura a otro lugar del globo, uno muy alejado de mí.

rain ruined

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