jueves, mayo 06, 2010

Mi trabajo es ser su patiño




A los 25 años muchas de mis amigas se comenzaron a casar, a los 30 somos pocas las que nos graduamos de solteras profesionales y a los 35… no sé cómo será, lo que sí sé es que cuando eres de las pocas sin pareja en tu grupo de amigas, ellas creen que debes dedicarte a disfrutar las ventajas que abandonaron con tal de tener marido, ellas creen que tu trabajo es ser su patiño.

Como no me he casado me es difícil saber porqué las personas toman esa decisión. Algunas afirman hacerlo porque no pueden pasar un minuto más alejados de su alma gemela, otras dicen que es necesario llevar la relación a otro nivel y también están las que lo hacen para lograr un anhelado ascenso, pero también hay razones menos obvias.

Sospecho que algunas mujeres se casan entre los 25 y los 30 más llenas de miedo que de certezas. No quieren arriesgarse a dejar pasar el tiempo, sienten horror de ser llamadas solteronas, aunque nunca escuchen esas palabras (porque quienes las llaman así tienen la educación suficiente para hacerlo a sus espaldas), creo que por eso se amarran al primer hombre medio decente que les pinta un futuro bonito y clichesudo.

Poco a poco mis amigas se han casado, algunas se han retirado a otras tierras, que extrañamente están en mi misma ciudad. Su destierro se debe a que nunca permití que me juntaran con los amigos disponibles de sus maridos para que me emparejaran, luego todo se definió cuando yo me negué a visitar salas de maternidad y a asistir a baby showers. Algunos dirán que ellas me desterraron a mí y no al revés, pero tengo mis razones para creer lo contrario.

Cada tanto chateo o hablo por teléfono con amigas casadas deseosas de saber de mí, pero más deseosas aún de saber de mis fuckbuddies y aventuras oscuras. El saludo se convierte en un trámite que hay que hacer rápido, parte del ritual de socialización, un simple obstáculo entre ellas y la carne, como si imitaran a un amante joven e inexperto haciendo un torpe foreplay antes de entrar en acción.

Amiga Casada
¡Hola! ¡¿cómo estás?!

Licuc
Bien gracias, ¿y tú?

Amiga Casada
Bien, pero dime ¿qué me cuentas de nuevo?

Licuc
Mmm, nuevo, nuevo, nada realmente, sigo en mis cosas, jugando a la elegante desempleada.

Amiga Casada
Ja,ja,ja tú tan chistosa como siempre.

Licuc
Bueno, al menos mi situación te hace reír, eso es bueno. 

Amiga Casada
En serio, dime en qué andas.

Licuc
Estoy cazando…

Amiga Casada
¡Ay! Dame detalles, quiero saber.

Licuc
Bueno, quiero trabajar escribiendo en alguna revista, alguna agencia de publicidad, algún medio, algo así.

Amiga Casada

Licuc
¿Qué pasa?

Amiga Casada
Nada, sólo que me alcancé a emocionar.

Licuc
¿Emocionar? ¿Te emociona que busque trabajo al estilo cazadora?

Amiga Casada
No, no es eso.

Licuc
¿Entonces?

Amiga Casada
Es que cuando dijiste cazar me imaginé mis épocas de cacería, bueno, más bien mis épocas de jugar a la presa para que alguien me cazara, ya sabes que eso les gusta a los hombres, eso es lo que buscan, es lo que quieren.

En ese punto tuerzo los ojos y me quedo callada, intento cambiar de tema, más bien seguir con el que venía pero casi nunca funciona. Para comenzar nunca supe jugar a ser presa, porque tengo alma de cazadora, y para terminar mi amiga casada suele aburrirse porque no le cuento nada de “chicos nuevos”. 

Lo que sigue es que ella me dice que tiene que irse porque ya llegó su maridito para recogerla. Se va decepcionada porque no hago lo que haría cualquier amiga soltera de calidad. Mi amiga casada supone que mi deber es andar besándome con apenas conocidos en todos los bares que visito y metiéndome esporádicamente en la cama de los más atractivos, para poder contarle a ella cómo se comportan todos esos penes a los que ya no tendrá acceso.

Mi trabajo es ser el patiño de aquella que consiguió un matrimonio, convencida de que los restaurantes de moda y eventos sociales sólo son divertidos cuando se tiene pareja. Pero ya recordará con melancolía su libertad y por eso necesitará olvidar que soy una gata más, una que además de ser soltera, es aburrida y célibe.

2 comentarios:

Antonio Escallón dijo...

Muy interesante. De alguna manera confirma lo que escribí por allé en noviembre del año 2008 http://aescallon.blogspot.com/2008/11/el-miedo-y-el-matrimonio.html

Siempre es un gusto leerte.

Licuc dijo...

Antonio, es así, he visto a varias mujeres en ese plan.
De este tema se puede hablar durante horas.