jueves, mayo 27, 2010

No seré Sor Teresa del Clítoris

Aún no sé si me sorprenden o me dan lástima las mujeres ignorantes. La idea de que una vieja no sepa que, aún luego de tener un hijo, por donde lo parió no es el mismo lugar por donde orina, me molesta. Tal vez soy una desagradecida por no apreciar lo suficiente a la profesora que, con estilo de generala, nos explicó a mis compañeras de colegio y a mí, que teníamos uretras, vaginas y anos.

Cuando fui a la universidad, un profesor nos enseñó que conocer con detalle la anatomía, era un requisito para usar bien un método anticonceptivo. Todavía lo recuerdo, pero difícil es saber en cuántas mentes quedó esa frase.  

Aunque el privilegio de recibir sus clases no fue sólo mío, sé que mi hambre salvaje de conocimientos y la curiosidad que me empujó a mirarme el cuerpo desde chiquita, marcó la diferencia frente a otras mujeres. Eso sin contar que, durante mi adolescencia, devoré los dos tomos completos del informe Hite de sexualidad.

En esta era de la información, la tecnología, las redes sociales, los viajes al espacio y la apuesta por una sociedad basada en el conocimiento, es poco menos que inconcebible que tantas mujeres occidentales no sepan por dónde orinan y por dónde les baja la menstruación. Ellas superan mi tolerancia a la estupidez y mi racionalidad, simultáneamente. No entiendo en qué momento tantas perdieron el camino, prefiriendo aceptar que sus genitales son sucios y prohibidos, antes que esconderse con un espejo para abrirse de piernas a saciar su curiosidad.

Para muchas mujeres el tema de explorar su propio cuerpo es un tabú tan fuerte, que no se permiten hacerlo incluso sintiendo la necesidad. Parece que no sirvieron de nada los muertos disecados y el avance de la ciencia, para crear ilustraciones que muestran con detalles, con objetividad y sin morbo cómo somos de la cintura para abajo.

Tampoco acepto el argumento de que no todas las mujeres tienen la libertad de hacer lo que les da la gana. Aquí hablo de las que fueron a la universidad, usan celular y computador, pero a quienes el conocimiento no las cambió y les dejó intacta la vergüenza de sí mismas. A las mujeres del Medio Oriente, que viven en regímenes extremos en los que las obligan a taparse hasta la punta de los pies, déjenlas quietas, son cuento aparte.

Dudo que algún día llegue a entender a esas mujeres que no saben que la uretra es un orificio distinto de la vagina. Creo que son esa mismas mujeres las que terminan embarazadas sin entender bien cómo es posible, porque no sintieron nada y porque hasta el orgasmo lo fingieron. Sé que de alguna forma puedo explicar su actuación, pero no comprendo sus motivos ni mucho menos los comparto.

No seré Sor Teresa del Clítoris para dedicarme a alfabetizar a las mujeres acerca de su anatomía, pero tampoco pienso cerrar la boca para que las más conservadoras y avergonzadas, sigan creyendo que los tapones no sólo quitan la virginidad, sino que son incómodos porque hay que quitárselos para poder orinar. Entérense ya: además de tener un órgano dedicado al placer, tienen 3 huequitos, no dos, que nada tienen que ver con esos que tantos suspiros (o erecciones) causan en los hombres.

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2 comentarios:

Black Betty dijo...

Ese mismo desconocimiento de los cuerpos hace que muchas mujeres no estén satisfechas con sus relaciones sexuales. Cuando uno se conoce, y se deja de pendejadas solo puede haber goce.

Licuc dijo...

Black Betty, justamente venía haciendo reflexiones acerca del tema desde la entrada "Fingiendo Orgasmos", luego indagando me encontré con el artículo gringo y esto fue lo que salió.