miércoles, junio 09, 2010

Con las tetas chiquitas y el ombligo roto

“El no ser perfecta, me hiere.” – Sylvia Plath

A diario la ciencia avanza, cada vez existen nuevos inventos para curar enfermedades, pero también para esconder defectos. No sólo progresa la especialidad dedicada a concebir niños que no hacen falta, sino también aquella encargada de hacer muñecas en serie, más que mujeres más bonitas. Y entonces ¿valemos menos las que nunca fuimos cortadas con un bisturí? ¿Son más apreciadas las que tienen cicatrices físicas que las que tenemos el corazón remendado?

Hay quienes dicen que lo natural está sobrevaluado, yo lo dudo. A diario le huyo a las imágenes de mujeres operadas y de rostros casi inexpresivos por cuenta del bótox. Consuetudinariamente tengo que esforzarme para vivir en el espectro del mundo que me permite ser una mujer segura de mí misma, con todos mis defectos.

Que los piercings no son como los tatuajes, porque te los quitas y el orificio se cierra es mentira. Lo aprendí cuando mi ombligo no volvió a ser el mismo luego de quitarme la joya que, tiempo atrás, lucía orgullosa. Ahora quiero que un bioenergético me cierre esa herida, por la que a veces siento que se escapa una parte de mi esencia. ¿Eso me hace una muñeca rota?

Mucho tiempo me ha tomado el comprender (no sólo entender) que el cuerpo es más sabio que la mente, que la mente es como un caballo salvaje al que sólo se puede domar meditando, pero con los años también he aprendido que la meditación no es para todos, que no todos están dispuestos a aprender tal disciplina y lo acepto.

Respeto a las personas que creen la apariencia es más importante… pensándolo bien no, no las respeto, paso de ellas, porque son las mismas que me ven raro porque tengo las tetas chiquitas y estoy flaca, pero no lo suficiente para ser modelo y porque tampoco tengo la carne requerida para vestirme como el promedio.

Yo no creo que lo natural esté sobrevaluado, más bien creo que está bien mercadeado. Miles de productos que se venden con etiquetas como “100% natural”, “libre de preservantes” o “derivado de elementos naturales” sólo esconden lo ya sabido, sólo dicen lo obvio, de las plantas y los minerales se puede obtener cualquier producto, incluso el veneno más efectivo y refinado.

No, lo natural no está sobrevalorado, está tergiversado que es distinto. Que una mujer se opere los senos para que le duela menos la espalda, es un asunto de salud. Que a una mujer con el rostro quemado le hagan una cirugía reconstructiva, es un acto de compasión, pero que a mujeres con formas como las mías, les pongan dos bolsas de silicona para que se vean “más armónicas”, es sólo un capricho y una carnicería innecesaria.

Repito: el cuerpo es sabio y por eso nunca me ha pedido que lo corte, que lo mutile, la mente, en cambio sí lo ha hecho. Una vez lo hice tan en serio, que por eso creo que mi ombligo nunca volverá a ser el mismo, ni yo tampoco.


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