martes, junio 15, 2010

Pecados escritos: Textos de alta costura

Elaborar un vestido de alta costura es una tarea que demanda tanta dedicación como la necesaria para crear un texto de excelente calidad. Ambos procesos se parecen en los preparativos y en la sensibilidad necesaria para percibir las necesidades de la obra. Así como un diseñador debe hacer ajustes, luego de que la modelo se prueba la primera prenda, un escritor debe hacer múltiples modificaciones luego de hacer el primer borrador.

Del mismo modo en que no existen diseñadores famosos - al menos no que yo sepa - que hagan bocetos, corten la tela y cosan un vestido en un solo día, para completar una obra de arte, tampoco hay ninguna novela famosa que haya sido escrita y publicada luego de una sola sentada. Las correcciones, modificaciones o lecturas, que hace el autor o el editor, son necesarias para que en el texto, que recorra con sus ojos el lector, se encuentre algo de calidad.

Si se me acusa de que no he leído lo suficiente como para saber que todas las novelas de Balzac fueron producidas de ese modo, se estará en lo cierto. No he leído ninguna novela de tal escritor y todo lo que sé de su vida es por las clases improvisadas que, hasta hace poco, me daba un amigo poeta. Sin embargo sospecho que todos, incluso los más grandes escritores, tenían por costumbre leer sus primeros textos, corregirlos luego y finalmente publicarlos, guardarlos o enviarlos al editor, según el caso.

Los textos que un escritor, aficionado o profesional crea, suelen estar inundados por la esencia de su autor, por lo que la lejanía es necesaria. De la misma forma en que un diseñador cita a la modelo para que vista su obra, buscando los detalles que debe modificar, un autor responsable con sus palabras, revisa con atención lo que escribió horas o minutos antes, en busca de gazapos, dobleces y rimas accidentales.

Escribir se parece a la alta costura en la atención al detalle, en la dedicación, en el amor que se le prodiga a esa obra que luego cobrará vida y llevará consigo, en su firma, el buen, mal o regular nombre de su creador. Si el personaje detrás de la creación se toma en serio su oficio, le dará el tiempo suficiente a su proyecto para que le hable, para que le diga qué funciona, qué debe ser agregado y qué sale sobrando.

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