miércoles, julio 28, 2010

La amiga "Susanita"

Idea original e ilustración de Santrax


Susanita sueña con encontrar un buen marrano que la mantenga, que le dé todo lo que el cine y la televisión le enseñaron, son los objetivos ideales a alcanzar en la vida. 

Cada día pasa horas ilusionándose con un embarazo perfecto, que ocurre en su noche de bodas, mismo que le permitirá organizar un baby shower con cada grupo de amigas: las del colegio, las de la universidad, las del trabajo voluntario, las del trabajo oficial, las del barrio, las amigas de la hermana y otro con la familia.

Siempre está dispuesta a ayudar a una amiga con el corazón roto. Aprendió a servir el té mejor que una geisha y a hornear galletas con la destreza de Martha Stewart para complacer a su futuro maridito, pero no está de más restregarles en la cara a otras mujeres su feminidad desbordada, así estén rayando en el suicidio.

Sí, también aprendió algo más. Tiene un diploma de profesional colgado en una pared de su casa, a veces es de psicología para criar mejor a sus hijos y otras veces de administradora de empresas para ser una perfecta ama de casa, para este caso también sirve el de contadora. El punto cumbre, de su vida profesional, lo alcanza cuando pone a disposición de su adorado esposo todas las habilidades que le enseñaron para depender de él hasta que la muerte los separe.

martes, julio 20, 2010

El amigo Kool

Imagen e idea original de Santrax


Siempre tiene el último juguete tecnológico recubierto con los accesorios de moda, escucha música indie, tiene una novia 15 años menor, pero está convencido de que no se nota porque “soy un comeaños” aunque su calvicie haya dejado de ser incipiente hace 10 centímetros.

Todos los meses debe paga 3 cuotas: la de la casa, la del carro y la cuota de la tarjeta de crédito que usa para ir a los bares y restaurantes, recién inaugurados, junto a 6 amigos, hasta que comienzan a ganar fama. En ese momento cambia de sitios porque "no aguanta" dejarse ver en un lugar al que va tanto pueblo.

Para pagar este ritmo de vida, tiene un trabajo donde lo negrean. Su jefe es un tirano que le envía correos electrónicos, con asuntos de la oficina, todos los días, literalmente, sin importar si es domingo a la noche o miércoles en la mañana. El amigo kool usa el constante tintineo de su celular para darse un aire de importancia, dice que seguro son sus amigos y toda la gente que conoce que lo está llamando, "porque, you know, son unos güevones rebacanes".

Si tiene problemas para reconocer a este ejemplar, recuerde que generalmente usa ropa hecha para adolescentes y tenis de suela blanca, además al hablar no puede evitar intercalar 2 y 3 palabras en inglés en cada frase, "es que viví tanto tiempo en [inserte acá su ciudad anglosajona favorita] que se me olvida cómo se dice esa maricada en español".

martes, julio 13, 2010

La selva de metal y cemento

Me siento a ver los programas de animales salvajes, en Animal Planet, como si los protagonistas fueran fenómenos. Luego salgo a la calle y me encuentro con escenas tan parecidas, adaptadas a la versión urbana, que me someten a un debate en el que no sé si debo ser una fiera depredadora o una presa miserable.

Estoy dentro de una oficina, sentada frente a una ventana que da a un limpio parque estrato 4. Está a sólo una cuadra de la autopista y es mágico. Allí no se siente el rumor enfurecido de los carros, que más parecen dragones conducidos por gnomos. Luego la fantasía se rompe cuando una mirla picotea sobre el césped el cuerpo inerte de un polluelo de copetón. Aparecen los padres, revoloteando alrededor del ave que tiene 3, 4 veces su tamaño. Con un leve movimiento los espanta un poco, luego decide dejar su víctima sobre el verde y se va. Los pájaros que quedan observan y también se van volando.

Camino hacia las montañas por la avenida de las palmeras. A la derecha suena el ruido del noticiero del mediodía. Alguien sale de un restaurante y arroja comida en el andén. En el montón veo arroz, cubos de zanahoria y un hueso de pollo, con algunos jirones de carne. Llegan las palomas del sector y empiezan a arrancar lo que queda a picotazos. Una tiene el privilegio sobre las otras, que deben conformarse con las harinas que muchas mujeres desprecian.

Las nubes sueltan todas las gotas que han tenido amarradas durante meses. Las hormigas grises, gigantes, del tamaño de un hombre adulto, corren para entrar en sus laberintos y de repente aparece una pareja de caniches machos, lavados, de blanco sucio, llamando la atención y simbolizando el odio que muchos le tienen a esa raza. El más grande en tamaño intenta guiar al otro por un camino que desconoce. Alguien se cansó de ellos, de ese regalo de navidad que sólo gastaba diariamente el mercado sin dar algo a cambio.

El sol brilla lo suficiente para actuar como antidepresivo en los organismos de muchos ciudadanos. Los buses rojos se detienen de a 1, de a 2, de a 5 en la caja metálica. Dirijo la mirada hacia una zona verde, cubierta por la sombra de un caucho sabanero y sobre sus raíces hay un hombre con la piel casi negra, igual a la ropa, además del trasero expuesto. Se esfuerza, hace gestos con la cara y aprieta. Ya no quiero ver más el lado público de su necesidad privada.

La luna mengua con sus ángulos hacia abajo. Atrás el cielo oscuro con estrellas opacas. Son más de las 10, detengo un bus y subo. Pago y observo la cara de los pasajeros, ubico al más inmóvil y me siento junto a el. 8 cuadras adelante, en un semáforo colorado un hombre joven, vestido con ropa gastada, le pide al conductor permiso para subir. Lo recibe. Adentro, delante de la registradora y más cerca de los pasajeros, pasa para adelante su morral, con el movimiento siento como los vellos de mi nuca se erizan, siento pánico en el estómago, pero me resisto. Espero obligada y soy testigo, una vez más de la actuación de un depredador siendo depredado.

miércoles, julio 07, 2010

La princesa rosada que olía a fresas

Estas eran las palabras que la reina madre le repetía a la princesa cuando era niña: “Las niñas como tú deben llevar vestidos rosados y usar perfumes dulces, preferiblemente hechos de rosas cortadas en su propio jardín o de fresas maduras recogidas en su huerto. Esos detalles simbolizan la sumisión y la feminidad que caracteriza a las mujeres de la realeza.” La princesa, que la escuchaba con atención, se convencía cada día más de que su sabia madre le enseñaba cómo ser una buena mujer.

Era la época del temor furioso por la gripa H1N1 y los fabricantes de cosméticos habían aprovechado para sacar al mercado sus versiones mínimas de jabón seco. Un amigo, que visitaba la ciudad por esos días, me pidió que lo acompañara a un restaurante donde almorzaría con unos conocidos suyos.

Luego de sentarnos y hacer los saludos protocolarios, se añadió el gesto de moda:

-¿Quieres?, preguntó una de las comensales, ofreciéndonos su recién comprado jabón líquido antibacterial, yo ingenuamente lo recibí, lo destapé y comencé a frotarme las manos con su contenido, mientras, mi amigo se levantaba de la mesa disculpándose. 

A los pocos minutos regresó, se sentó a mi lado y yo, en voz baja, me quejé con él:

-¡Esta vaina huele horrible!, siento que soy Fresita, la muñequita esa que veía por televisión.

Él, parco, me respondió:

-Por eso fui al baño a lavarme las manos.

Entretanto, la princesa rosada, dueña del jabón, comenzó a hablar con orgullo de su trabajo, de la famosa universidad privada que le dio su título profesional y, obviamente, de su marido. Yo, mareada, con el olor a fresas que apestaba mis manos, sólo imaginaba que el BlackBerry, rosado también, que estaba sobre la mesa sólo le servía para revisar a diario el horóscopo.

La historia se repite una y otra vez, a veces el teléfono inteligente es rosado, otras veces es lila y en ocasiones está disfrazado con un forro muy colorido, siempre de diseño femenino, pero eso no importa. BlackBerry o IPhone el contenido es el mismo. Ella lo compra porque su príncipe azul le dijo que era lo que estaba de moda y, finalmente, él es quien sabe de tecnología.

La princesa rosada no sabe si le gustan o no las reuniones de geeks. Ni siquiera sabe que existen, en cuanto su príncipe azul comienza a hablar en términos complicados, ella entorna los ojos y pone cara de aburrida. Él, para complacerla, cambia de tema y le promete amor eterno. Una vez la princesa ha conseguido lo que quiere, se dedica a pensar para qué diablos le serviría un teléfono mejor, si lo que quiere es una plancha que le alise más el pelo.

Ella accede a la tecnología porque está de moda, no por necesidad, además aprendió que las mejores princesas son las que no piensan mucho y le hacen caso a su príncipe. Empero hay algo que sí le gusta y mucho: Facebook. Ahí puede publicar sus fotos más logradas, que alimentan su ilusión de que habría podido ser modelo profesional. 

De lo demás poco o nada necesita saber. No le interesa tener un blog, ni cuenta en Twitter. El tiempo que gastaría averiguándolo preferiría invertirlo depilándose o en cualquier otro tratamiento de belleza. En su mundo la etiqueta multitarea se aplica a leer una revista de farándula mientras le arreglan las uñas, no a recibir correos electrónicos al tiempo que habla por teléfono. El manejo de los nuevos medios de comunicación no la atropella, pero tampoco diría la verdad si afirmara que ser pionera en el área le quita el sueño.

La princesa es producto y víctima a la vez. Permitió que Disney la educara, que decidiera por ella, que la mercadeara y finalmente que se lucrara con sus anhelos de perfección. Se convenció, sin resistencia, de que cederle a otros la responsabilidad de adquirir conocimientos contemporáneos, le facilitaría la vida y le dejaría más espacio para asuntos realmente importantes como ir de compras o salir con amigas.

La princesa rosada que huele a fresas podría aprovechar sus habilidades naturales para la comunicación, involucrándose en los medios de expresión que le ofrece la tecnología actual, pero no. Lo mejor es dejarle eso a los príncipes atractivos e inteligentes, ella prefiere seguir con su vida plena. Al fin y al cabo logró casarse, conseguir un trabajo estable y una tarjeta de crédito, todo antes de cumplir 30.