miércoles, septiembre 29, 2010

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El sábado pasado leí este texto, junto a otro que publicaré la próxima semana, frente a mis compañeros del taller de crónica al que estoy asistiendo, lo que me hizo pensar que ustedes, lectores de este blog, se han ganado más que ellos el derecho a conocerlo.

Este es un ejercicio de Marcel Proust para “soltar la mano”. Abajo una descripción en crudo acerca de algunas cosas que me gustan:

El calor suave del sol en la mañana entre las 8 y media y las 9 y media, parecido al de la tarde después de las 4, es como un abrigo ligero o como un abrazo de una persona querida, amada.

Me gusta el pelo de los gatos. Acariciarlo se parece a tocar un conejo pero hay algo distinto, como si se pudiera sentir su naturaleza salvaje por los movimientos cambiantes, nunca confiados, ni esperando cariño de los humanos.

Me gusta el olor concentrado del jabón Protex Aloe que invade el baño, antes y después de bañarme en las mañanas. Es constante, fresco, acogedor y sobrio.

Me gusta meter las manos entre las sábanas cuando la cama, mí cama está hecho, mejor si el juego que está puesto está hecho de una tela con muchos hilos, gracias a los cuales las múltiples lavadas en la lavadora no pudieron hacerle salir motas.

Me gustan los lapiceros de punta suave y forme, aquellos que le permiten a la tinta fresca bailar sobre el papel, esos que lo respetan, que lo adornan con garabatos y arabescos sin herirlo, como lo haría un dibujo de henna en la piel de una mujer.

Me gusta dormir hasta tarde, poder despertarme sin afanes ni ruidos, que los párpados me digan cuándo quieren recogerse para que mis ojos degusten lentamente las líneas del techo.

Me gustan los espacios vacíos de gente porque así puedo estar conmigo misma.

Me gusta el viento cuando sopla sin vergüenza, poderoso, seco e inconsciente, vivo y azotando muertos vivientes por las calles, me gusta así sienta frío porque me parece que me trae razones de las montañas y del páramo.

Las palabras exuberantes también son bonitas, así a veces necesite consultar el diccionario para poder escribirlas correctamente. Es triste verlas desaparecer, comprobar cómo muchas personas creen que ya no existen, que ya se extinguieron porque son muchos más los que ya no las usan. Quizás por la misma razón, porque tienen valor y porque dicen mucho en pocas líneas, porque son como pequeñas artesanías u obras de arte, me gusta escribir a mano.

Me gusta cuando aprendo algo nuevo, así sea inútil. Si hace que el ritmo de mi corazón se altere y pierda el aire, seguramente tiene valor.

Me gusta que los alimentos sepan a lo que huelen, así me hacen creer que estoy mordiendo, bebiendo olores, vapores, eso me pasa al beber té de jazmín, probar un Martini o lamer el helado de pétalos de rosa.

miércoles, septiembre 22, 2010

Los ricos también lloran


La pobreza y la riqueza son hermanas, desconocidas, pero con tantas semejanzas que no pueden negar su parentesco.

Hace tiempo escuché a un hombre relatar una historia acerca una niña pobre que no iba a Rock al Parque porque no sabía que existía. Su mayor limitación era reunir la plata necesaria para ir al Parque Simón Bolívar, misma que necesitaba su papá para ir al centro, a comprar algo de mercado de aseo para toda la familia.

No me quedó claro si la limitación era algo que la diferenciaba o la hacía más parecida a los ricos, que con mucha frecuencia se comportan como niños en corral, incapaces de ir más allá de los límites invisibles de sus prisiones autoimpuestas.

Si es París, Roma, Nueva York o Santorini no importa. Los ricos se alojarán en los mismos hoteles, comerán la misma comida y serán transportados en carros de las mismas marcas y modelos. Su abundancia los protegerá de conocer desde adentro las culturas y las almas de los pobladores, porque para ellos esa es la perfección, estar siempre tan lejos, como sea posible, de la inmunda realidad, al tiempo que son íntimos con el lujo superficial.

A veces, contadas, los ricos deciden que quieren emociones exuberantes y pintorescas, desean conocer de primera mano el sabor de las lágrimas, entonces se aventuran a visitar las tierras de los pobres, pero con mucha frecuencia esas vivencias les alimentan los temores que han creado solos, por lo que después huyen para sentir alivio en sus blandos refugios.

¿Y los pobres?

A los pobres los limita el hambre, la educación estandarizada que busca obreros productivos y reflexivos, tanto como animales de granja. A ellos se les (¿nos?) paga para que engorden las cuentas bancarias de los primeros sin cuestionar mucho, pero innovando tanto como sea posible. A los que peor les va apenas les alcanza para tomar gaseosa el fin de semana e ir, una vez en la vida, a la piscina más cercana. Para ellos el mundo es cal, arena, piedra y en general una sucesión infinita de trabajos duros, pero no se dan cuenta porque no entienden el significado de la palabra “infinita”, tampoco conocen lo que es descansar sin hambre y sin frío.

De pronto el no querer ser.

Ahí estamos los que no queremos ser ricos pero tampoco queremos sufrir como pobres. La resistencia a trabajar en demasía para comprar todo lo que no es necesario, la evasión constante de la lástima que intentan inspirar los pobres para recibir lo que ya no saben ganar.

La senda media.

Seguir la marcha sin anhelar los deseos de los ricos ni esperar las desgracias de los pobres. Tener contacto con los dos extremos para permanecer en un tenso equilibrio, uno que permite conocer los 2 más allá sin estar realmente en ninguno.

miércoles, septiembre 15, 2010

Diatriba contra el Día de Amor y Amistad

Todos los años llega esta época con su inevitable estigma el día de amor y amistad. Esta exitosa invención comercial me ha llevado a añorar décadas del pasado, cuando dar regalos, en fechas distintas a la navidad y los cumpleaños, era una acción ligada a los quereres, no una obligación impuesta por las ganancias económicas, pero también me hace imaginar cómo podrían terminar los intercambios de bienes, que gaseosas sin gas y tortas redulces están obligados a presenciar.

La satisfacción que se espera al descubrir el nombre del amigo secreto, dar y recibir regalos con frecuencia se oscurece cuando un aplicado jugador entrega un objeto candorosamente escogido, entretanto descubre en sus manos otro, que no se molesta en disimular el desprecio que vive en el corazón del humano que lo compró. Esta incomodidad que acompaña al día de amor y amistad y al juego de amigo secreto se materializan en múltiples formas, éstas son algunas de ellas:

Descubre tu naturaleza interior. En la oficina idearon un sistema infalible para que todos pudieran decirles a sus amigos secretos qué querían de regalo. Llegado el día de las entregas y los descubrimientos, aquella secretaria que fue a la tienda exacta que le sugirió la cartelera de tarjetas, sacó del papel rosado con flores amarillas un cisne de porcelana con pico bicolor, mostrando claramente que estaba hecho de cerámica blanca, ahora manchada con la pintura del acabado. 
Después de observarla se levantó de su silla, rompió el ave contra un escritorio, se lanzó sobre su amiga, ahora pública, y le cortó el cuello con satisfacción.

Mensajes subliminales. La dueña de la empresa quitó el último plástico de su nueva sala de espera, hecha de brillante cuero negro. Luego invitó a sus empleados a estrenar la obra terminada para mejorar el clima organizacional y promover el sentido de pertenencia. 
Una vez todos volvieron a sus labores, tras el breve descanso, la mujer descubrió con horror que el respaldo de una de las sillas estaba cubierto de pequeñas escamas, caídas de la cabeza del contador.
Días más tarde, cuando comenzó el juego de amigo secreto, intercambió papelitos hasta lograr tener en sus manos el nombre del “terrorista de la decoración”. 
Cuando fue el momento de la entrega de regalos, esperó con ansias la sonrisa amplia en el rostro de su amigo, pero tuvo que cambiar expectativa por frustración cuando el hombre abrió la botella de champú anticaspa, al tiempo que caminaba hacia ella. 
Con un movimiento confiado, la tomó por el cuello, obligándola a gritar, después aprovechó que tenía la boca abierta para vaciar todo el contenido y asfixiarla.

El fuego de la amistad. Esta vez todos habían puesto sus nombres junto al regalo que esperaban recibir y él se sentía tranquilo. Durante los meses pasados había trabajado duro para lograr un aumento, ahora tenía la oportunidad perfecta para halagar a su jefe dándole la botella de vodka que él había pedido. 
La entrega y la recepción del regalo había sido como las había imaginado, ahora esperaba el presente que le correspondía.
De una bolsa, hecha de papel brillante salió un amasijo de papel seda arrugado. Lo fue quitando, con curiosidad infantil, hasta encontrar un candelabro hecho de latas recicladas de gaseosa. Fingió sin gracia ni convencimiento la felicidad que ese obsequio le sumaba a su vida.
Horas más tarde tenía el candelabro encima de su escritorio, con velas encendidas y el cadáver humeante de la secretaria junto a el.

Esta entrada hace parte de la celebración del cumpleaños del blog de Antonio Escallón, agradeciendo sus lecturas y la invitación.

miércoles, septiembre 08, 2010

El hombre jengibre

Su apariencia puede ser corriente y opaca, por su naturaleza poco ostentosa y segura.

Libera su esencia poco a poco. Sabe bien de qué está hecho y el valor que le agrega su presencia a su entorno.

Comienza con un toque sutil, como ese que apenas se siente, pero más tarde muestra toda su fuerza de fuego, capaz de deshacer una figura congelada.

miércoles, septiembre 01, 2010

Envidia verde pastel

Ella tiene el pelo liso, a quien envidia también.

Su nariz es tan imperfecta como la imagen que venera secretamente, sin embargo quisiera que fuera suyo ese ángulo levemente elevado del que carece en la punta.

Ve el mundo con ojos amargos pero se muestra como una mujer esperanzada y optimista, mientras esa a quien quiere parecerse señala de frente y sin vergüenza las porquerías del mundo que le gustaría cambiaran.
A los 30 seguirá casada (para eso se esfuerza), el objeto de su obsesión ya lo consiguió.

A su marido lo ama, pero también al hecho de que le permite mantener la posición social que asegura se merece, por eso obvia la sosa monodimensionalidad que duerme todas las nochas con ella. A veces, cuando se desvela se acuerda de su némesis y se pregunta si estar casada con un hombre menos parecido a sí misma la sacaría de su vida segura y aburrida.

Se ha prometido comer sólo frutas y verduras después de las 6 de la tarde. Quiere ser menos gorda que esa de mente inflada que ha escrito los textos brillantes que ella sólo logra imitar con imágenes.

Lleva años escribiendo en cuadernos de diseños muy femeninos y publicando algunos artículos en revistas poco conocidas, al tiempo que sueña con quitarle el puesto a ella para viajar gratis y dar conferencias, anunciadas en programas diagramados con hermosa tipografía.

La desprecia porque nunca tendrá la capacidad ajena para ser tan coherente en cada una de las expresiones de su vida. En ocasiones es dulce, pero no tarda en traicionarse cuando una "gran amiga" despierta su manía criticona.

Sus inseguridades son abundantes, eso ya está claro, quizás por eso decidió aceptar su escasa estatura, para tener un asunto menos del qué preocuparse como su anti-persona lo hiciese hace años, cuando abortó la envidia por alguien más y decidió comenzar a triunfar por sí misma.