miércoles, septiembre 15, 2010

Diatriba contra el Día de Amor y Amistad

Todos los años llega esta época con su inevitable estigma el día de amor y amistad. Esta exitosa invención comercial me ha llevado a añorar décadas del pasado, cuando dar regalos, en fechas distintas a la navidad y los cumpleaños, era una acción ligada a los quereres, no una obligación impuesta por las ganancias económicas, pero también me hace imaginar cómo podrían terminar los intercambios de bienes, que gaseosas sin gas y tortas redulces están obligados a presenciar.

La satisfacción que se espera al descubrir el nombre del amigo secreto, dar y recibir regalos con frecuencia se oscurece cuando un aplicado jugador entrega un objeto candorosamente escogido, entretanto descubre en sus manos otro, que no se molesta en disimular el desprecio que vive en el corazón del humano que lo compró. Esta incomodidad que acompaña al día de amor y amistad y al juego de amigo secreto se materializan en múltiples formas, éstas son algunas de ellas:

Descubre tu naturaleza interior. En la oficina idearon un sistema infalible para que todos pudieran decirles a sus amigos secretos qué querían de regalo. Llegado el día de las entregas y los descubrimientos, aquella secretaria que fue a la tienda exacta que le sugirió la cartelera de tarjetas, sacó del papel rosado con flores amarillas un cisne de porcelana con pico bicolor, mostrando claramente que estaba hecho de cerámica blanca, ahora manchada con la pintura del acabado. 
Después de observarla se levantó de su silla, rompió el ave contra un escritorio, se lanzó sobre su amiga, ahora pública, y le cortó el cuello con satisfacción.

Mensajes subliminales. La dueña de la empresa quitó el último plástico de su nueva sala de espera, hecha de brillante cuero negro. Luego invitó a sus empleados a estrenar la obra terminada para mejorar el clima organizacional y promover el sentido de pertenencia. 
Una vez todos volvieron a sus labores, tras el breve descanso, la mujer descubrió con horror que el respaldo de una de las sillas estaba cubierto de pequeñas escamas, caídas de la cabeza del contador.
Días más tarde, cuando comenzó el juego de amigo secreto, intercambió papelitos hasta lograr tener en sus manos el nombre del “terrorista de la decoración”. 
Cuando fue el momento de la entrega de regalos, esperó con ansias la sonrisa amplia en el rostro de su amigo, pero tuvo que cambiar expectativa por frustración cuando el hombre abrió la botella de champú anticaspa, al tiempo que caminaba hacia ella. 
Con un movimiento confiado, la tomó por el cuello, obligándola a gritar, después aprovechó que tenía la boca abierta para vaciar todo el contenido y asfixiarla.

El fuego de la amistad. Esta vez todos habían puesto sus nombres junto al regalo que esperaban recibir y él se sentía tranquilo. Durante los meses pasados había trabajado duro para lograr un aumento, ahora tenía la oportunidad perfecta para halagar a su jefe dándole la botella de vodka que él había pedido. 
La entrega y la recepción del regalo había sido como las había imaginado, ahora esperaba el presente que le correspondía.
De una bolsa, hecha de papel brillante salió un amasijo de papel seda arrugado. Lo fue quitando, con curiosidad infantil, hasta encontrar un candelabro hecho de latas recicladas de gaseosa. Fingió sin gracia ni convencimiento la felicidad que ese obsequio le sumaba a su vida.
Horas más tarde tenía el candelabro encima de su escritorio, con velas encendidas y el cadáver humeante de la secretaria junto a el.

Esta entrada hace parte de la celebración del cumpleaños del blog de Antonio Escallón, agradeciendo sus lecturas y la invitación.

2 comentarios:

El Marqués de Carabás dijo...

Como sea, ¿feliz día?


De mi parte, sí.

: )

LuLLy, reflexiones al desnudo dijo...

Jeje!! me gustó.

las abrazo!