jueves, noviembre 11, 2010

Extranjero busca colombiana, de preferencia tonta

Ella se ríe con carcajadas estruendosas, usa jeans ajustados, escotes asesinos de imaginación, se peina a la moda y lleva restos de esmalte color sangre en las uñas. El accesorio supremo es la figura que lleva a su lado. Bambolea las caderas al son de sus tacones, subiendo y bajando las empinadas calles del centro de Bogotá. Aún no cree la suerte que tiene al estar al lado de un extranjero de cabellos amarillos, ojos azul pálido y piel transparente. Y él ¿qué pensará?

Esa imagen se repite con alemanes, holandeses, suecos y británicos. Él alto y sonriente, en una tierra lejana a la suya, va junto a una mujer que tiene experticia en la franja de comerciales que anteceden, preceden e interrumpen la novela de las 8.

En ocasiones el parejo no es europeo, también es asiático, pero sus gustos delatan su género e inclinaciones. Encuentra despampanantes a las secretarias con peinados altos, a las asistentes que se visten con conjuntos color pastel y suspira por cada una de las que le declara “quiero tener una casita con patio, una nevera de dos puertas y quedar en embarazo, para poder tener una parejita y, si mi marido es rico, una niñera”.

Cuando estos foráneos se cruzan en la calle con mujeres de cara lavada, zapatos planos y ropa arrugada hacen un mohín, quizás porque recuerdan su origen y las personas de las que se apartan. Ellos llegaron aquí para buscar a señoritas (de nombre) que se quieran casar, que sepan abrir la puerta y salir a jugar.

El arte de seducción de estos caballeros es económico. Incluye una buena ración de vino dulce empacado en tetrapak,- cuando no del aguardiente local - invitaciones a festivales gratuitos donde pueden besar a varias hasta elegir la más maleable de todas.

Míralos, ahí van de nuevo, son otros pero son los mismos. Ella se ríe y se tapa la boca, anda un poco más atrás de él y lo mira con los ojos muy abiertos. Él anda muy erguido, saca el pecho y le cuenta que en su ciudad hay un bar donde se sirve cerveza oscura, ella abre la boca y le dice “no te creo, ¿cerveza negra? Pero si eso es muy raro, debe estar dañada”, él se ríe, quizás creyendo que es muy ingenua o tal vez convencido de que su viaje hasta el otro lado del mundo valió la pena.



3 comentarios:

Bufón dijo...

Está bien que soy de este lado del río, pero dame una mujer de cara lavada, que se ría sincera y sepa lo que le gusta, no una esculturita barata de un todo por $2.

Gracias :)

Por cierto, cuando cantamos el arroz con leche tomamos el papel de una lesbiana...
"[...]que sepa abrir la puera para ir a jugar
Yo soy la viudita del barrio del rey
me quiero casar y no sé con quién
con esta sí, con esta no
con esta señorita me caso yo..."
Al ver esa frase entre el texto no pude menos que sonreír, algunos extranjeros (y locales) están más perdidos de lo que creen ;)

humberto dijo...

jajajajaja, cool !!! ;)

ApoloDuvalis dijo...

Me recuerda a las extranjeras que llegan a Colombia ávidas de experimentar lo que en sus países es exótico o abiertamente ilegal.

Afortunadamente, para todos los gustos hay clientela n_n