miércoles, noviembre 17, 2010

Lecturas funcionales

A veces los fines de semana son mejores cuando están llenos de música, alcohol, sexo con desconocidos y arrepentimientos, pero en otras ocasiones son perfectos cuando están vacíos de todo eso. Un fin de semana tiene lo necesario si dentro de el aparece un texto rico y magro, uno de esos que obliga a tus neuronas a hacer digestión.

Así fue para mí este que pasó.

Harta. Simplemente estaba harta de redes sociales, del computador y de internet. Hambrienta. Estaba (ahora un poco menos) hambrienta de un tiempo de desconexión total, ojalá a la orilla del Océano Pacífico o en un pueblo lleno de verde, pero con moho en el nombre porque hace años pasó de moda, sin embargo nada de eso ocurrió, al menos no hubo viaje material.

Me encerré durante miles de minutos a leer, en papel, con un resaltador en la mano y con el cerebro muy atento. Terminé algunos deberes y ni siquiera comencé otros. Acaricié con mis pensamientos la entrada que necesito para la crónica, aún en mi imaginario, que quiero escribir, también la moldeé y la acomodé, todavía sigue enredada en alguna circunvolución.

Persona que me lee, pensé en usted.

A esa revista me la recomendaron. Estuvo mucho tiempo esperándome en mi estación de trabajo, hasta convertirse en una edición muy vieja de hace meses, empero tuvo la transformación que suelen tener los textos valiosos: se convirtió en lectura funcional.
Alguno de los autores del libro Por qué leer y escribir (Francisco Cajiao, Silvia Castrillón, William Ospina, Ema Wolf, Graciela Montes, Aidan Chambers, Darío Jaramillo Agudelo) de Libro al Viento describió los distintos tipos de lecturas que existen según él, y sí, le hallo la razón. Hay textos para olvidar el dolor de una mala compañía, los hay para hacer catarsis porque con ellos se llora, existen también los técnicos y sosos, escritos para informar pero que están muy lejos de entretener con diversión y, finalmente (cercenando esta clasificación), aquellos que estallan en el cráneo a diferentes velocidades. Estos últimos son mis favoritos.
Las lecturas funcionales se pueden reconocer porque obligan a quien los lee a hacer pausas. Sin importar la complejidad de sus párrafos o la experticia del sujeto que los recorre con sus ojos, provocan momentos que imitan bien a las epifanías. Mientras se tiene contacto con ellos el tiempo pierde su rigor, demanda pausas y abre huecos con un taladro silencioso en los esquemas que lo tocan.
Con mucha frecuencia las lecturas funcionales son lentas y sustanciosas, terminando en garabatos, matachitos y cualquier tipo de expresión que le ayude a las ideas a recuperarse de fuertes sacudidas.

Aún no me recupero, ni he terminado todavía de leer, empero ya estoy segura de que esta jornada de lectura se reproducirá como un virus que deja síntomas que apenas se pueden sospechar. Hoy sólo sé que en las semanas que vienen publicaré un puñado de textos, varios íntimamente relacionados con la lectura de esta revista que me enseñó la palabra sicalipsis.

2 comentarios:

Bufón dijo...

Recordé un texto de cada tipo... Más que recordar, me llegaron a la mente, autores o textos puntuales...
Como dice la etiqueta, lo suyo es para leer relajado tomando un té al sol, ya voy a poder hacerlo, algún fin de semana...
De momento la leo en el trabajo, masticando cada palabra con el sabor propio, y el de la situación, siempre hago relectura de lo suyo, acá no puedo concentrarme para disfrutar todo lo que tienen sus textos...
Parece que usted carga con la misma "maldición" que yo, más de una vez me llamaron la atención porque leo todo, TODO, desde lo más exquisito a lo peor, pasando por lo snob y lo mal traducido, de todo sé rescatar algo, o por lo menos hago el intento... Creo entrever que a usted le pasa lo mismo, de cada lectura disfruta algo...

Licuc dijo...

Bufón me parece que me ha halagado de más.
Es cierto que las letras son mi pasión, mi obsesión, mi martirio, mi vida, mi vicio, mi todo... sin embargo a veces me cuesta mucho sacar "moralejas" de los textos que abordo, especialmente cuando provienen de autores como Coelho o Chopra, por lo mismo los he ido desterrando paso a paso de mi biblioteca personal.
Gracias, una vez más por sus concienzudas lecturas.
Ya veré qué me trae el futuro después de este temblor literario.