viernes, diciembre 30, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 5

Viene de aquí.

Hola, cubrelecho de plumas

Dos eran las camas dobles y amplia la ventana, cercana a la que dormía Ryan. El sitio estaba impecable debido al orden - ¿compulsivo? – que rodea a este hombre. Deshicimos los bolsos y comenzamos a planear nuestro recorrido.

Ryan nos entregó un mapa pequeño de la ciudad, sacado de algún folleto turístico. Nos habló de un espectáculo de hombres azules que vería más tarde con sus amigos, oriundos de California como él, y de la posibilidad de jugar bowling más tarde. Sí, sí, sí, a todo decía yo que sí, algo que tenía un poco sorprendida a Lina, pero sí, yo quería decirle que sí a todo para aprehender tanto de Boston como fuera posible.

Al salir del hotel Ryan nos llevó, usando el gps de su teléfono, hasta una estación para tomar un tren que nos llevaría al Quincy Market, ese lugar que no siempre recuerdo por su nombre pero sí por lo que ocurre dentro de él.

jueves, diciembre 29, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 4

Viene de aquí.

You’re thinking, not dreaming

Fuimos caminando hasta el hotel, en donde se confirmarían nuestras sospechas: como mochileras éramos un fraude. Lina ya me había dicho que el hotel donde nos alojaríamos era uno de cuatro estrellas. Días antes Ryan le había pasado la dirección a Lina, así, sin aspavientos ni títulos, una calle, un número y nada más. Ella, con sus costumbres locales adoptadas, lo escaneó con el buscador colorido y encontró el nombre de la famosa cadena, sin embargo nos resistíamos a creerlo. Sólo hasta llegar al edificio inmenso, con varias puertas de entrada, todas anchas y hechas de vidrio, nos convencimos de nuestra buena suerte.

Cruzar un lobby de un hotel gigantesco, casi famoso e ir directamente a los ascensores me pareció un poco criminal, malicioso, era como si ese hombre de corta estatura que tenía la deseada nacionalidad, estuviera metiendo, a escondidas y a la vista de todos, a un par de latinas a su habitación para que lo favorecieran sexualmente. Sí, exagero, lo sé, lo hago adrede pero ideas así estaban en mi cabeza en ese momento. En mi minúscula experiencia para poder quedarse en un sitio así primero hay que registrarse y declarar todos los detalles que sueles dar en primeras citas.

Sigue aquí.

miércoles, diciembre 28, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 3

Viene de aquí.

Somos venezolanos y queremos hacer amigas

Después de llegar a la terminal seguimos las instrucciones de Ryan para encontrarnos con él, dejar nuestros bolsos y empezar a recorrer la ciudad. En el camino un par de venezolanos nos preguntaron cómo moverse en la ciudad. Yo, que poco sabía, callé, pero Lina, que tenía un par de visitas en su historia, se animó a darles algunas indicaciones. Al terminar ellos tenían una actitud amigable, quizás esperando que los invitáramos a hacer algo en la noche o dispuestos a lanzar ellos la iniciativa, empero la verdad es que ni en este punto, ni antes, ni después en todo el viaje sentí antojo de pasar tiempo con latinos; mi objetivo lingüístico era poner a prueba tanto como fuera posible mi inglés rudimentario, sin importar si para eso tenía que avergonzarme y fomentar conversaciones curiosas o estúpidas.

Una vez dejamos atrás a los representantes del país petrolero, nos dirigimos a una puerta tras la cual nos esperaba Ryan con su amabilidad auténtica. 

martes, diciembre 27, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 2

Comienza aquí.

Road trip disfrazado

Los bolsos estaban listos. El mío – rojo y chino – llevaba lo indispensable mientras el de Lina parecía demasiado repleto a sus ojos; con ellos emprendimos camino hacia el barrio chino, en downtown, bajo un cielo, aún oscuro, de primavera fría.

Una vez salimos de la boca del metro comenzamos a ver la imitación del país continental. Los papeles pegados en las paredes tenían ideogramas en su mayoría, haciéndote creer que habías cambiado de región planetaria en el tiempo que te toma la siesta post-almuerzo.

El viaje comenzó mientras nosotras intentábamos no ser arrulladas por el movimiento del bus, pero era harto difícil. Tararear las canciones oídas en el concierto de la noche anterior a veces nos ayudaba a mantener la vigilia mientras que otras sólo nos facilitaban el descanso.

Recorrimos carreteras de Connecticut, Rhode Island y finalmente las de Massachusetts. A pesar de que yo me ilusionaba, creyéndome muy guerrera por estar imitando un viaje de carretera, la afroamericana que estaba atrás diciendo “hujummm” cada tres minutos, mientras relataba, a través de su teléfono celular, todo el menú itinerante, me rompía la fantasía. En realidad yo entendía a medias y Lina me traducía. Lo que tenía claro era el sonsonete que decía “hujummm” y que me despertaba cuando estaba a punto de profundizar mi sueño, uno que también me impedía dejar de lado mis prejuicios acerca de las señoras grandes, negras y que desaparecen las donas y cualquier otro tipo de bizcocho que llegue a sus dedos.

La pausa que hizo el bus antes de llegar fue bastante insulsa. Viniendo de un país latino estoy acostumbrada a sitios coloridos, ruidosos y polvorientos donde los pasajeros se bajan a prisa para comer y beber tanto como sea posible antes de volver al tubo metálico. En ese lugar la parada se hizo en un McDonald’s y todos iban muy calladitos, incluso ese gringo buenmozo con libro en mano.

Sigue aquí.

lunes, diciembre 26, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 1


El viaje sí comenzó en Nueva York, como empiezan muchos recorridos. La idea era conocer Salem, a pesar de que a Lina y a mí nos decían:

- Salem? But there isn’t anything there.

El fin de semana iríamos a Boston para que yo pudiera capturar con los ojos tanto como fuera posible en un lapso tan corto. Así, el inicio nos encontró en el tren, muy probablemente en la línea 7. 

Ryan, un amigo de Lina, era otro de los que planeaban visitar la Atenas de América y el culpable de que un viaje de mochileras se convirtiera en una experiencia tan divertida como placentera.

Las dos, dándonoslas de mujeres jedi pensábamos coger un bus para, cuatro horas más tarde, andar por las calles en busca de un motel barato donde pudiéramos quedarnos, empero todo salió de otro modo. 

Ryan, al saber que coincidiríamos algunos días, ofreció cambiar su habitación doble de hotel por una que tuviera dos camas grandes. Al parecer su madre era socia de uno de esos programas de tiempo compartido y tenía miles de puntos disponibles, listos para usar; su hijo estaba dispuesto a quitárselos de encima. Había indicios de que los mentados programas sí funcionan. Luego de llamar a Lina, Ryan le enviaría un mensaje de texto para que supiera a dónde llegar tras nuestro arribo a Boston.

jueves, noviembre 24, 2011

Virgen de aeropuerto


Teniendo la capacidad de encontrar concentración en múltiples espacios – centros comerciales, salas de espera de consultorios, cafeterías repletas, bibliotecas atestadas de intelectuales pavoneándose –, seguía sin haber colonizado uno que se le había convertido en habitual.

La sucesión de movimientos, el armado y desarmado de maletas, la habían disfrazado de pirinola y poco sabía cuánto más duraría. A veces, algunos días le parecía que la rutina estaba a punto de tocar el timbre, empero luego se distraía de modo pueril con los pájaros, siempre abundantes en la tierra de los ladradores seriales.


lunes, octubre 31, 2011

Cambios y licuadoras emocionales


Absolutamente a todas las personas que conozco, y que me importan de algún modo, les están pasando cosas.

Nadie ha muerto aunque, todas y todos tenemos marcado ese destino al final del día, sin embargo atravesar cada jornada, cada semana y cada mes nuevo se ha convertido en un desafío. Por ésta época todas y todos somos responsables de licuadoras emocionales que sólo parecen tener velocidades altas.

Hasta donde sé el caos sólo es llevadero cuando existe un centro, cuando hay una base de la cual partir. Las últimas semanas, para mí, han sido momentos para recuperar recuerdos valiosos y confirmar certezas. En medio de momentos que esperaba vivir, pero que había olvidado bajo papeles amarillentos y cubiertos de polvo, volví a mi origen.

Las siguientes imágenes corresponden a una entrada muy antigua (porque en Internet el tiempo pasa mucho más rápido) que aún tiene vigencia y que me recuerda que nunca estoy sola, especialmente cuando necesito compañía.





viernes, septiembre 30, 2011

Escritorio en primera persona



Hasta hace 3 meses fui un mueble de inventario.

En mayo de 2010 soñaba con ser un escritorio reluciente en el que se apoyaran carpetas coloridas con los logos de marcas importantes impresos en ellas, sin embargo había un problema: los usuarios potenciales de este tipo de muebles observaban atentamente la fecha de fabricación. La mía era posterior, por un lustro, a la aceptable, así tuve que dedicarme a hacer más evidentes mis capacidades de apoyo y almacenamiento; con suerte, quizás, lograría parecer tan young and cool como deseaban mis esperados usuarios.

Llevaba casi un año abriendo y cerrando mis cajones de forma continua. Ya sabía que en ellos cabían objetos relacionados con la comunicación, redes sociales, diferencias de género, sexo descarado y otras materias experimentales, además había jugado con formas en las que los documentos podían ordenarse sobre mi superficie. 

Entonces vino el vendedor.

Él se encargó de compararme con otros muebles de oficina: uno sólo había trabajado en la oficina de un partido político y al otro sólo le gustaba que muy de vez en cuando un zángano le pusiera los pies encima. Yo, en cambio, estaba dispuesta a todo. Bueno casi.

Al comienzo me pusieron ruedas en las patas para poder moverme con facilidad de una oficina a otra. Un día estaba en el sexto piso en la mañana y en el segundo en la tarde. Otro día, uno en el que por un empujón ajeno salí rodando sin que pudieran detenerme, me llevaron al noveno y me amarraron una guaya chiquita y gastada, de esas que se sienten orgullosas “porque el gerente me usa mucho”. Transcurrieron tres semanas, tal vez, yendo de una oficina a otra, entre dry wall a medio instalar, polvo por montones y ruidos de pulidoras y taladros a modo de banda sonora.

El cambio vino de nuevo.

Estuve cerca a una planta de hojas grandes en las mañanas y junto a otras de hojas más pequeñas en las tardes. Piso 5 y piso 6 respectivamente. Para ese punto ya estaba aburrida de guardar las mismas carpetas de los clientes importantísimos en mis cajones, así que cada vez que podía me soltaba de la guaya (ah, sí porque también la llevaron a la oficina donde me ponían en las mañanas) y vaciaba un espacio adentro mío para que alguien guardara algo bonito, como un nenúfar, la flor favorita de la plata de hojas grandes.

Un jueves en la mañana llegó el jefe muy temprano, o sea a las once y sin querer me movió, apretando la guaya a la que estaba sujeta y provocando otra reorganización del espacio. Decidió que debía estar más cerca de la planta de hojas grandes y sin amarrar porque al fin y al cabo no tenía sentido, pues no tenía sentido que estuviera de ese modo si desde un principio me habían pensado como un escritorio rodante.

A los cuatro meses y medio o cinco no había olvidado mi naturaleza mobiliaria, lo que me ayudó a aceptar el nuevo cambio.

El señor de oficios varios me llevó cerca de las plantas de hojas pequeñas y estando ahí me quitó las ruedas. Después vinieron los movimientos extraños.

Un cuadro que alguna vez fue muy elegante, al que uno de los jefes no bota porque le parece que decora muy bien la oficina, fue colgado en el área del piso donde me habían acomodado al principio.

Todavía faltaban más cambios.

Un viernes vino de nuevo el señor de los oficios varios, me midió, tomó notas, me desocupó un poco los cajones y se fue. Entretanto yo guardé más espacio para los nenúfares de la planta de hojas grandes, los nomeolvides de las plantas de hojas pequeñas y las flores de loto, mis predilectas, que quería seguir albergando.

Un miércoles, me parece, el último gerente que me tuvo bajo inventario puso un post-it sobre el cuadro que alguna vez fue muy elegante, luego vino el señor de los oficios varios, lo leyó, me desocupó los cajones por completo, me bajó en el ascensor y me dejó ahí, a la entrada del edificio para que viniera una camioneta a recogerme.

Encima de mí había una planilla en donde se podía leer: mueble no apto para guardar espuma de cerveza y chistes obvios.

Ahora tengo muchas flores de loto adentro mío, varios nenúfares por abrir y, cuando el viento sopla hacia los cerros del norte, quienes me rodean perciben un suave olor a nomeolvides.


martes, agosto 30, 2011

¿Cómo fabricar karma chips?


Las karma chips son objetos invisibles pero vitales que pueden ser creados a partir de buenas acciones, o mejor de acciones positivas.

En la punta de la pirámide está el método más conocido y por ende más cliché de todos: ayudar a una viejita a cruzar la calle, sin embargo yo que detesto seguir tendencias de moda prefiero acudir a métodos más elaborados y sobrios.

Desocupar espacios atestados, físicos o electrónicos, es una actividad que le permite a los puntos de luz moverse sin restricciones, por eso me gusta esculcar cajones y armarios buscando basura que yace dentro de ellos con la excusa de tener recuerdos amarrados. Lo mejor es medio mirar, pensar poco, para no darle chance al apego de que se disfrace de nostalgia y arrojar todo aquello que se usa poco o que se guarda para no ofender a ese personaje que lo trajo a nuestra vida. Más se hace liberando que atesorando.

Para no caer en mis propios clichés, para evitar siquiera crearlos cambio el procedimiento cada tanto. Uno de los mayores acumuladores de karma negativo es el hábito de emplear la palabra propia en vano. Antes de prometer algo a alguien es mejor pensarlo bien y hablar sólo cuando se tiene la seguridad de cristalizar lo convocado, así es útil hacer una lista de las tareas pendientes para con otras y otros; con ella en mano se podrá seguir una ruta clara hacia la consecución de karma chips.

Dejar para el final, pero cumplir de todos modos los compromisos pospuestos para consigo mismo es una forma más demorada pero también efectiva. Asistir a la revisión médica anual, entregarse a un pasatiempo agradable sin excusarse en el exceso de trabajo, empezar y mantener una nueva rutina de ejercicio o comenzar un diario personal son actividades más placenteras que consumir antidepresivos y que benefician a más seres, pero sin efectos secundarios desagradables.

“Tomar” karma chips suele ser sencillo a menos que estés en un punto de no retorno, con tu vida llena de nudos ciegos, además por lo general le devuelve velocidad a tus planes. Más daño hace no intentarlo.



miércoles, agosto 24, 2011

Historia de dos vía @Twitter - XI


– ¿Hace cuánto no se ven?
– Hace una vida.

Tal vez en gesto de agradecimiento al correo nacional, Matías eligió esa vía para enviar una apuesta que prometía el abandono de una soledad tranquila y feliz.

Luego de diez días hábiles, en los que su superproducción hizo un periplo que incluyó varios países, la curiosidad de Paula se preparó para satisfacerse.
Dentro de un sobre color marrón halló bolsas de té ahumado, una carta escrita a mano, imágenes que la invitaban a ver una función de ballet y ella, la lluvia, capturada en un instante que Matías había presenciado con atención meditativa.

“Enciendan las cámaras”

Ella quiso regalarle el instante en el que descubriría su reacción frente a la obra de él, por eso, tras avisarle vía DM que sus regalos habían llegado, lo citó en Skype para que se acariciaran con los ojos:

-Aguantarse las ganas de… de todo es muy difícil, pero ahora estoy segura de que fue mejor así – dice Paula.

-Para mí fue muy fuerte verla emocionarse, escucharla diciéndome que le olía a pasado, porque mi olor no le parecía extraño sino muy familiar.


Matías recuerda los días siguientes como un cuadro impresionista. Puede contar lo que ocurrió después pero no se atreve a dar detalles. Las semanas pasaron de un modo difuso y agitado.

Paula habla con el alivio que da la perspectiva de los preparativos que debió poner en marcha a pesar de su horario laboral:

-Los almuerzos largos que me gustaba hacer se volvieron sombra. Iba al banco, a comprar ropa y una maleta nueva al mediodía o en ratos que le robaba a las compras mensuales. No hay que creerle a quien diga que ir a otro país es sencillo.

La vida también le cambiaba a Matías, que a pesar de no ser quien subiría a un avión, se desesperaba encontrando suciedad que decidía hacerse visible ante la promesa de la visita de una extraña:

-Por primera vez en mi vida, porque quise, limpié con un cepillo de dientes las grietas que hay entre los azulejos del baño.

Ante la pregunta de si valió la pena tanto trabajo, tanta ansiedad las respuestas de ambos apuntarán hacia ese momento en el aeropuerto.

Paula había pedido sus vacaciones en el estudio de arquitectura sin la certeza de que volvería en la fecha debida:

-Las náuseas resumieron lo que estaba a punto de hacer. El día que tenía que subirme al avión estaba claro que había doblado partes de mi vida para meterlas en un par de maletas.

Los planes se habían hecho y deshecho muchas veces – muchas -, tantas como los pensamientos acerca de si ese riesgo hablaba demasiado mal de la salud mental de los dos.

-Mi prima Silvana, que es una de mis amigas más cercanas, me preguntó un montón de veces si estaba seguro de querer meter a una desconocida a mi casa. Siempre le decía que sí pero igual dudaba, dice Matías mientras observa a Paula que está por comenzar a recordar:

-Ya llegando, cuando se ve el mapa en vivo de la ciudad sentí algo muy raro, que estaba llegando a mi casa. En inmigración busqué como loca el brillo de labios para que la primera impresión que tuviera de mí, ya en carne y hueso, fuera buena.

-Lo que ella no sabe es que a mí se me estaba olvidando el mal gusto que tiene el café de McDonald´s… Me desesperaba la demora de ese avión – 3 horas gracias a la tos gris del volcán Puyehue – y la duda de si querría besarme o no apenas me viera.

Él y ella tienen el recuerdo sincronizado en una imagen de la puerta de arribos desocupada, tranquila. Atrás quedaban los preparativos, la ansiedad intensa, la incertidumbre y el cansancio que los llevaba a noches de sueño que imitaban un estado leve de coma.

En su presente conjunto Paula y Matías se duermen abrazados mientras recuerdan la letra de una canción que cuenta lo que pudo ser.



domingo, agosto 21, 2011

Historia de dos vía @Twitter - X


Existen aquellos que aman el olor del pasto recién cortado, hay personas que cambian su estado de consciencia al oler crayones derritiéndose. Eso le pasa a Paula.

-Ella me contó que en una universidad gringa se habían inventado un experimento en el que unos tipos usaban de noche unas camisetas para que después unas mujeres las olieran – luego acerca su nariz a la taza de té humeante dándole a ella espacio para continuar.

-Creía que me iba a dejar de hablar, porque ya hablábamos en Skype. Me daba miedo que me viera como una loca asquerosa, pero como yo había leído en algún lado que las parejas después de besarse podían saber si eran compatibles o no, y yo no lo podía besar… se me ocurrió que eso era lo más cercano.

Paula preparó su artesanía en silencio. Arrancó de su cuaderno de bocetos el original de aquella reproducción que Matías había halagado en Twitter de un modo tan especial. Incluyó en el paquete que enviaría un algodón con su perfume favorito, dentro de una cajita de cartón, sellada pulcramente y, para tocar el sentido del gusto de él, unos platanitos cubiertos de chocolate.

Al comienzo quiso que todo fuera una sorpresa, mas temiendo, o tal vez presintiendo, un contratiempo, llamó a Matías a su celular para decirle que dentro de poco recibiría una encomienda. Él maldijo la pereza de las antenas que transportan las palabras, a causa de ella la voz de Paula se entrecortaba, pero en el fondo la alegría era más. Le parecerá que fue al día siguiente cuando encontró en el contestador un mensaje del correo informándole que un sobre grande lo esperaba. 

En realidad de allí venía el temor de Paula. Al saberlo felizmente independiente, temerosa de la exposición, quería impedir que una vecina solícita y carente de vida propia recibiera aquel conjunto diseñado delicadamente para posarse en las manos de un destinatario particular.

Matías devolvió la llamada que prosiguió al estilo de los interrogatorios:

-¿Está esperando algún envío?

-Sí.

-¿De qué lugar?

-Costa Rica.

-¿Sabe quién lo envía?

-Paula ...

-Verá, tenemos su dirección pero no está completa, está el número pero no aparece el nombre de la calle ni el barrio.

Al final le dieron instrucciones para que recogiera, en un horario de oficina, los objetos causantes de taquicardia.

-Me encantó, lo adoré – se le escucha decir a Matías al preguntársele por el resultado del experimento, a medias para ese momento.

Aún faltaba que Paula lo oliera a él; entonces se decidiría o no el viaje.



jueves, agosto 04, 2011

Historia de dos vía @Twitter - IX

Oliendo las dudas


Existen aquellos que aman el olor del pasto recién cortado, hay personas que cambian su estado de consciencia al oler crayones derritiéndose. Eso le pasa a Paula.

-Ella me contó que en una universidad gringa se habían inventado un experimento en el que unos tipos usaban de noche unas camisetas para que después unas mujeres las olieran – luego acerca su nariz a la taza de té humeante dándole a ella espacio para continuar.

-Creía que me iba a dejar de hablar, porque ya hablábamos en Skype. Me daba miedo que me viera como una loca asquerosa, pero como yo había leído en algún lado que las parejas después de besarse podían saber si eran compatibles o no, y yo no lo podía besar… se me ocurrió que eso era lo más cercano.

Paula preparó su artesanía en silencio. Arrancó de su cuaderno de bocetos el original de aquella reproducción que Matías había halagado en Twitter de un modo tan especial. Incluyó en el paquete que enviaría un algodón con su perfume favorito, dentro de una cajita de cartón, sellada pulcramente y, para tocar el sentido del gusto de él, unos platanitos cubiertos de chocolate.

Al comienzo quiso que todo fuera una sorpresa, mas temiendo, o tal vez presintiendo, un contratiempo, llamó a Matías a su celular para decirle que dentro de poco recibiría una encomienda. Él maldijo la pereza de las antenas que transportan las palabras, a causa de ella la voz de Paula se entrecortaba, pero en el fondo la alegría era más. Le parecerá que fue al día siguiente cuando encontró en el contestador un mensaje del correo informándole que un sobre grande lo esperaba.

En realidad de allí venía el temor de Paula. Al saberlo felizmente independiente, temerosa de la exposición, quería impedir que una vecina solícita y carente de vida propia recibiera aquel conjunto diseñado delicadamente para posarse en las manos de un destinatario particular.

Matías devolvió la llamada que prosiguió al estilo de los interrogatorios:

-¿Está esperando algún envío?

-Sí.

-¿De qué lugar?

-Costa Rica.

-¿Sabe quién lo envía?

-Paula ...

-Verá, tenemos su dirección pero no está completa, está el número pero no aparece el nombre de la calle ni el barrio.

Al final le dieron instrucciones para que recogiera, en un horario de oficina, los objetos causantes de taquicardia.

-Me encantó, lo adoré – se le escucha decir a Matías al preguntársele por el resultado del experimento, a medias para ese momento.

Aún faltaba que Paula lo oliera a él; entonces se decidiría o no el viaje.



martes, agosto 02, 2011

13 momentos perfectos para apagar el celular



1. Cuando vas a escuchar la primera canción que te dedicaron.

2. Cuando vas a tomar una ducha larga.

3. Cuando necesitas desaparecer del planeta de alguien que quiere convencerte de algo.

4. Al tomar una siesta.

5. Al llegar al capítulo final de un buen libro.

6. Antes de comenzar a ver una película que sabes te impactará.

7. En una cita con “esa” persona.

8. Antes de bañar a tu perro.

9. Antes de comenzar a preparar tu postre favorito.

10. Al saborear tu postre favorito.

11. Al inicio de la repetición de ese capítulo especial de la serie que adoras.

12. Antes de comenzar a jugar con tu cachorrito.

13. Al irte a tomar fotografías a blanco y negro.

viernes, julio 29, 2011

15 momentos típicos de la vida de soltera



Gracias Lina por la inspiración.

1. Descubrir que calculaste mal la compra cuando a la salida del supermercado tienes más bolsas de las que puedes cargar.

2. Poner las bolsas en el suelo para buscar las llaves y luego poder abrir la puerta.

3. Encontrar, mientras te bañas, señales de golpes en las piernas por los choques que tuvieron contra las esquinas de los cartones de leche y jugo.

4. Lavar un plato y una cuchara para poder comer cuando terminas de cocinar. Para ese punto TODO está sucio.

5. Encerrarte en tu cuarto luego de escuchar un ruido extraño cerca de la puerta, ignorando todas las películas de terror que viste en tu adolescencia donde la estúpida protagonista se autoacorralaba.

6. Comer 3 días seguidos arroz o pasta no porque lo planeaste sino porque volviste a olvidar las proporciones por alimento a la hora de cocinar para una sola persona.

7. Salir mojada y desnuda del baño para buscar la toalla que dejaste sobre la cama, al lado de la ropa interior.

8. Recordar que debes comprar papel higiénico cuando estás usando pañuelitos desechables o papel de cocina para limpiarte.

9. Caminar 20 cuadras hasta la casa de una amiga para pedirle la copia de las llaves de tu casa. Las tuyas están en esa bonita canastica que compraste para no perderlas.

10. Ir a la tienda para pedirle, sin vergüenza, a uno de los empleados hombres que te abra un frasco de pepinillos.

11. Besar borracha o deprimida a un tipo que no te gusta porque olvidaste todo lo que de celestial tiene vivir contigo.

12. Preparar elaboradas comidas a la madrugada mientras una amiga te acompaña por teléfono o chat.

13. Estar indigestada por olvidar no fritar salchichas en aceite recalentado.

14. Comprar una bolsa de nuggets de pollo para la quincena y desaparecerla en 3 días.

15. Vestirte con una blusa arrugadísima porque es lo único que está limpio.

martes, julio 26, 2011

El llamado del sendero

La voz comenzó a oírse un día a la hora del almuerzo, el ruido de los cubiertos chocando con los platos no pudo ahogar la sensación de estar en un lugar al norte, en la estación que sigue a la nieve, dentro de una tienda con el aire saturado de incienso. No importó que allí mismo la figura de Buda fuera usada como objeto vernáculo, contaba la huella que había dejado en su recuerdo.

Retumbó. El martilleo que a veces parecía dormido volvió a visitarla algún otro día a la altura del postre, entretanto ella observaba una edificación antigua, mediocremente conservada, mientras miraba de reojo a una pareja binacional conformada por ciudadanos provenientes de dos repúblicas bananeras, fue en ese instante cuando volvió a oírla, al tiempo que se disolvía en el aire, al paso del bus grande y rojo, la sensación, hecha y no hecha de humo, una certeza desconocida de recordar un continente en donde todavía no se había ensuciado las suelas de los zapatos.

La voz parecía estar hambrienta. 

Durante otro recorrido del sol su curiosidad natural, acechándola, la depositó en un espacio que sintió era característico del río plateado, a pesar de nunca haber estado allí con ese cuerpo, así el lugar la poseyó hasta que una pareja frustrada, vencida, corriente y maltrecha apareció para recordarle que esas paredes encerraban un sueño accidentado y ajeno.

De nuevo la voz busca alimento y ya casi grita.

Arropada por el frío húmedo de una tarde, bajo la luz gris del cielo, la ilusión del río plateado la envuelve hasta convencerla con furia serena de que este no es su sitio ni su momento.

Más tarde, cuando sueña, la voz le habla con naturalidad, explicándole con detalles las instrucciones que debe seguir para llegar a ese sitio que la espera, aquel que nunca visitó pero al que, sin embargo, pertenece.



miércoles, julio 20, 2011

Rompiendo el invierno

Le ardían los ojos, sentía sed y pocas ganas de desayunar. Deseaba oler tierra húmeda en el aire de su casa y escuchar música dulce, tal vez los cantos melosos, jazzísticos, de una voz negra eran los más recomendables, empero de ningún modo podían ser esos rayos de sol furioso que seguían a la lluvia. 

La luz gris de los últimos días, de los últimos meses la había hecho sentirse en casa, dentro de un hogar extenso y místico, casi indefinible. 

No le importó que el calendario insistiera en marcar con mayo el año, para ella era 24 de diciembre o, mejor solsticio de verano en medio del invierno, su corazón así se lo indicaba.

Las hormigas grises, lentas y aburridas que la rodeaban, que llenaban las calles que ella transitaba no eran más que eso, animales, autómatas sin consciencia, por eso con cada paso que daban la convencían de que a esa ciudad le sobraban al menos siete millones novecientos ochenta y seis mil habitantes, mínimo.

Si ese día las calles hubiesen estado más vacías habría estado en medio del paraíso, el real, no el católico; sin embargo su cerebro aún estaba muy empijamado como para permitirle una mente más clara, una que le permitiera ignorar a tanto ganado de dos patas.



miércoles, junio 15, 2011

El ritual de desocupar cajones

Suele haber un momento de la vida en que el hastío se instala entre las motas de polvo y los sueños confusos, es entonces cuando puedes decidir si quieres ignorar las señales o deshacerte de la porquería.

La acumulación crónica de objetos innecesarios es un mal de nuestros días, una enfermedad perfecta para hacerte olvidar lo realmente trascendente, mientras mantiene tu atención puesta en la pregunta ¿cómo me deshago de los vacíos interiores?

Es frecuente que abras puertas de armarios y jales manijas de cajones para encontrarte con escenas como estas:
























Evita engañarte, ese tapete no le va a aterciopelar la vida a ningún ratón ni vas a usar el vacío del bloqueador solar para imponer orden en uno de tus espacios favoritos.

Es momento de que lo enfrentes; si realmente quieres ver cómo se cristalizan tus deseos vas a tener que buscar la música adecuada para emprender el ritual, yo, que lo completo con alguna frecuencia, te sugiero comenzar con esta canción, pero así como no te elijo el cepillo de dientes no voy a escoger por ti lo que es indispensable o lo que no.


Si creíste que te sugería mandar todo al diablo, personas incluidas, entonces no me hice entender. A la gente puedes sacarla de tu vida empero a las personas... a ellas es mejor cuidarlas y mantenerlas cerca, esto también lo aprenderás vaciando cajones.

Ahora vamos a lo técnico y primitivo, esto es lo que necesitarás:



A tus manos no las incluí, no estabas cerca para fotografiarte, mas creo que sabrás para qué las necesitas.

La bolsa hará las veces de vientre, es el caldero de la bruja, recuerdalo; en ella caerán todos tus apegos que, a su vez, alimentarán a tus planes más apasionados.

Entre más pesada mejor, será el símbolo de que tu visión está untada de discernimiento, de ese que te permite comprender lo que te pondrá en la siguiente etapa del sendero, pero sobre todo te hará descubrir lo que te está deteniendo.

La luz de la vela será el fuego sagrado, ese que destruye las fullerías que hasta hace poco te parecían imprescindibles; conviene que la enciendas antes de comenzar el ritual. Ella arderá con la fuerza que le das cada vez que sacas de tu entorno lo sobrante, por ejemplo los conocimientos viejos y rígidos hechos enciclopedia.

El aroma del incienso queda a tu discreción. Prefiero la combinación de sándalo y canela, pero esto se debe a mi nariz caprichosa y a recuerdos fragmentados. Tú deberás hacer tu propia búsqueda olfativa hasta dar con esa presencia etérea, que de un modo inverso, te recordará como lo invisible es capaz de ganar materia a través del influjo mental.

Y la sal. La sal es bendita, recuerda, que no te confundan las historias acerca de un antiguo general romano. Derramar algunos granos en las nuevas oquedades y otros en el perímetro de tu cueva te ayudará a mantener alejados los deseos disparatados, además te servirá para entender porqué los sintoístas creen que todos los objetos tienen vida, una que se desperdicia, que se pierde cada vez que insistes en dejarte poseer por ellos y les impides seguir su curso.

Ojalá después de completar este ritual tu mente fluya con la naturalidad que te muestra la pureza en movimiento.

martes, junio 07, 2011

Historia de dos vía @Twitter - VIII

La tortura

Otro domingo y Paula no tenía noticias de él.

Matías se ríe, con los ojos brillando, al recordar. Se había ido a andar en bicicleta con unos amigos y con la esperanza maltratada, intentando convencerse de que Paula no era tan especial, porque las mujeres especiales suelen comportarse de un modo más equilibrado.

En la noche de ese domingo, revisó su cuenta movido por una mezcla de inercia y curiosidad. Dio clic en las palabras “Adentro y no afuera”, leyó, bajó el archivo, lo vio, lo observó, lo imprimió. Cortó un par de pedazos de cinta adhesiva y lo pegó al vidrio de su ventana. Volvió a su rutina y más tarde se fue a dormir con las cortinas abiertas.

A las seis de la mañana sonaba con un barco que expulsaba humo oscuro por una de sus válvulas, luego se aclaraba poco a poco.

A las siete se despertó y su primer pensamiento fue la ilustración en la ventana.

Paula tenía los ojos colorados y húmedos cuando encontró la respuesta de Matías: “También te quiero así y aquí (abre el archivo).”

En el, al modo pirata, había un mapa de la ciudad de Matías marcando el barrio donde ahora viven juntos.


lunes, junio 06, 2011

Historia de dos vía @Twitter - VII

Casi un error

Matías no estaba buscando nada, empero Paula sí. Un poco harta de la soledad de sus pies fríos en noches invernales, quería dejar de ensayar aburrimiento los domingos para comenzar a practicar discusiones cariñosas por el control remoto. Él, en cambio, soñaba con chapuzones en la mañana, tazas de té muy amargo y releer a Benedetti. Él no contaba con una ella, mucho menos con una Paula que le hiciera desear incluir miel en su dieta.

Ella no creía en las relaciones a distancia y él menos, aun así hoy se miran a los ojos sin intermediarios. Paula y Matías estaban separados por demasiados kilómetros cuando Twitter decidió conectarlos.

Matías, sabíendola nada tonta y feliz en su soltería, le ofreció lo único que tenía: él, su felicidad propia y la promesa de ir a conocer las manos que manipulaban con tanta destreza el carboncillo. Paula necesitaba tanto a Matías como Matías necesitaba a Paula, por eso decidir estar juntos fue una elección libre.

Sin llevar diez días “del nuevo embeleco”, una tarde Paula intentó mandar al diablo a Matías. Redactó un correo corto y seco diciéndole que no era sano emocionarse con alguien imposible, por lo lejano. Apretó ‘enviar’ y esperó una tranquilidad que nunca quiso llegar, a diferencia del instantáneo dolor de estómago que la acompañó hasta el pespunte de la noche.

Siendo viernes y cumpliendo con el compromiso de despedir a una compañera de trabajo que se iba a recibir cheques firmados por un jefe nuevo, Paula bebió más cervezas oscuras de las que su maltratada y sabia tripa podía resistir. El vómito no tardó en aparecer.

Lo conformaban recuerdos sin construir y anhelos familiares en lugar de repugnantes restos de comida masticada. Entre el viento corriendo a través de las carcajadas ajenas y su mareo adornado de silencio, comenzó a comprender que no quería dejar de ser ella empero también quería ser esa a la que esperan a la salida del trabajo, cerca del museo.

-Ah, pero se te olvidó contar que yo también te envié otro correo después de ese.

Paula se deja corregir sabiendo que esas líneas esquivas le imprimen humanidad a sus planos.

Ignorando la sed, superando el cansancio y usando con elegancia sus ojos ardientes llegó a su casa en busca de su cuaderno de bocetos y un pedazo de carboncillo; al terminar buscó en su cartera el celular, tomó una foto del producto, la pasó a su computador y adjuntó la imagen en un correo que decía: “No te quiero así, te quiero así [adentro] en mi vida.”

domingo, junio 05, 2011

Historia de dos vía @Twitter - VI


La memoria con sus caprichos le hizo recordar a Paula que Matías había estado cuidando al perro de su vecina durante una semana, hecho que la llevó a concluir que era soltero.

Quebrarse no es sencillo, ella llevaba cinco vueltas al sol entrenándose para imaginar felizmente emparejado a cualquier hombre que pudiera interesarle . Con él fue lo mismo, mas ese detalle simple, ese “Hablamos luego. Ahora tengo que ir a pasear a Ringo.” le había bastado para recordar que su letargo emocional era su propia construcción.

Paula estaba decidida a conocer a su futura pareja “como la gente grande” sin embargo el azar tenía otros planes. 

Curtida de asistir a talleres de ilustradores que se armaban a través de la red, suspiraba deseando que alguna amiga del colegio o de sus clases de danza oriental le presentara a su próximo amor, pero no serían tan rígidas sus condiciones desde que se animó a pedirle una foto a Matías: 

-Usted me va a perdonar pero me puede la curiosidad. Quiero ponerle un rostro a sus letras.

A lo que él respondió:

-Si usted cree que eso es curiosidad entonces no sé qué es lo que siento yo.

Matías dirá que su corazón saltó cuando leyó el “cada vez lo siento más cercano” que le escribió Paula. Ninguno notará, sino hasta varias semanas después, que jugaban a la falsa lejanía, imitando el estilo que era costumbre entre Jorge Luis Borges y María Kodama, evadiendo el ‘vos’.

sábado, junio 04, 2011

Historia de dos vía @Twitter - V

Paula no tiene claro cuándo Matías dejó de ser un seguidor más, empero sí tiene claro cual fue el trino que le dio vida a su historia compartida: “EL hombre es ese que te acompaña sin robarte la vida”, al que siguió un DM con la sílaba de caracteres “o/”. ella no entendió y le pidió explicación, así, quizás, comenzó la cuenta regresiva.

Matías le habló a Paula de su desaparición, ella le preguntó dónde había estado y con sincronía pura respondió lo que ella necesitaba “Araruama, Brasil”.


viernes, junio 03, 2011

Historia de dos vía @Twitter - IV

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Quizás desde agosto, Paula no lo sabe con precisión, sus días, o mejor sus noches comenzaron a ser distintas. Luego de escuchar en un ascensor a una pareja hablando de visualización creativa emprendió su propia búsqueda para saber más del tema.

Acostumbrada, como estaba, a pensar en imágenes tuvo que esperar semanas antes de lograr el pequeño milagro. “Leí en una página new age elegantosa que el objetivo era percibir la sensación de la compañía, pero sin... sin verlo.”

Estuvo 3 ó 5 semanas yéndose a dormir con esa idea en mente. Una idea que no era idea. Invariablemente tuvo que corregir, durante ese mismo período, varios de los planos que antes le salían impecables. Incluso, a veces, al salir del trabajo, le costaba recordar que uno de sus placeres consuetudinarios era acariciar con los ojos la roca arrugada del museo que estaba cerca de su estudio.

“Paula estaba cansada, aburrida de imaginarme sin verme” dice Matías sonriendo mientras ella lo observa con ojos fugados. A pesar de que no estaba pensando en abandonar su ejercicio de visualización, sí se sentía en terreno desconocido cuando intentaba percibir a un fantasma, uno que sólo se materializaba al dar “4476 pasos”.

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jueves, junio 02, 2011

Historia de dos vía @Twitter - III

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Matías retomó su rutina visitando los sitios de costumbre, tanto los físicos como los digitales. En las mañanas del verano, aún vivo, corría en su playa, en las tardes leía a Galeano o a Lynch y cuando asomaba la noche se paseaba por las galerías de Flickr. Ahí estaba una de sus predilectas, la de imágenes hechas con carboncillo.

Paula dirá que en noviembre o diciembre “sólo chateé” con él usando los DMs. Estaba acostumbrada a darle las gracias por la difusión, en apariencia, desinteresada que hacía de su trabajo. Cada vez que ella trinaba la publicación de sus nuevos trazos, él procedía a hacer ‘spam’ del mismo pero a su manera. No se trataba de simples RTs manuales o automáticos. A Matías le gustaba redactar cuidadosamente cada mensaje de 140 caracteres: “Hágase el favor de seguir a @Paulaviatwitter. Sus ojos le agradecerán la visita a sus galerías. http://bit.ly/kj1Stv

Sin embargo en esa época algo comenzó a quebrarse.


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miércoles, junio 01, 2011

Historia de dos vía @Twitter - II

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En el diciembre pasado Matías, sin proponérselo con consciencia, había descubierto uno de los puntos débiles de Paula. Luego de enviarle los enlaces a unos videos, donde ilusiones de movimiento ilustraban con gracia la naturaleza salvaje de los gatos domésticos, ella estalló en carcajadas, aprovechando que en su oficina se bebía más de lo que se trabajaba en esa época del año. Mientras sus compañeros la creían algo borracha, Paula recordaba desde las costillas las emociones de la risa y del coqueteo.

La desaparición de Matías duró un mes. Un embeleco dudoso, con episodios de postales de cartulina y discusiones calcadas de culebrones hechos en México o/y Venezuela, lo distrajeron de sus verdaderos quereres y de su origen, empero cuando borró fotos de dolores más antiguos, al tiempo que se hizo amigo de la humedad y eligió dejar ir a las arañas antes que matarlas, comenzó a sentirse tan bien consigo mismo al punto de dudar cuando pensaba en su regreso.

Al finalizar su viaje, Matías tenía un plan armado. Trabjaría un año para ir a vivir a otra orilla del océano Atlántico; pocos acontecimientos lo distraerían de su objetivo.

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Cazador de cazadoras

Con este nombre me refiero a una extraña especie de ser biológico, capaz de emitir, con la naturalidad que vuelan los pájaros, sonidos altamente elaborados.

A este espíritu se le puede reconocer por el desparpajo con el que sonríe, similar al de un niño sabio, además es bien sabido por sus presas que el color de sus ojos es esquivo. Intentar adivinarlo equivale al riesgo que corren los marineros cuando tratan de comprender los cantos de las sirenas.

Este metamorfo paciente puede enfrentar cara a cara cualquier tipo de amazona hasta hacerla ceder con la delicadeza de una aguja de pino en su caída, destruyendo simultáneamente sus murallas con la fuerza de una cascada en primavera.

El temor sin instintos que sienten las lobas al percibir la llegada de este perseguidor no es leyenda, es un mensaje que corre a la velocidad del relámpago, empujado por la angustia que experimentan ante la posibilidad de ver su identidad, única, congelada dentro de una burbuja de no tiempo.

Las cazadoras que logran abrirles las puertas al escenario de la unión sólo lo logran después de lavar con lágrimas las heridas que se han producido con las dagas de sus propios miedos, cuando han encontrado el silencio en el centro de la mente y han cortado las cadenas que unen a las anclas.

El cazador de lobas sabe que combatir demonios invisibles es una tarea inacabada, un reto doloroso, íntimo e ineludible que debe vivir con su igual cada vez que decide compartir con ella aprendizajes e imperfecciones.

Sólo un pescador que sabe usar las pestañas como anzuelos comprende que el dolor de desprender escamas es equivalente a la vulnerabilidad que entrega la ignorancia acerca de cómo producir veneno, de ahí que sus métodos sean tan sofisticados.

La sapiencia que caracteriza al cazador de cazadoras promete con sinceridad existencia intensa, ante la cual las lobas se rinde al percibir las nebulosas con olor a jazmín, especialmente cuando llevan siete viajes de sol enfrentando sin apoyo el asedio ajeno; entonces llega la epifanía: estupidez es mantener los ojos cerrados para sentir vértigo, cuando basta con abrirlos bien para aprender el procedimiento que las aleja del dolor y les devuelve el karma inmaculado.


martes, mayo 31, 2011

Historia de dos vía @Twitter - I


Su historia podría ser contada así: Se conocen a los ojos con intermediarios, entonces se van a vivir juntos e intentar ser felices. O así: Twitter los conecta, viven en suspenso durante meses y luego ella toma un avión para ir a verle. O incluso así: Él creía que no tendría ninguna oportunidad con ella hasta que recibió ese DM. Ahora pelean por el baño. Empero como soy aspirante a cronista y mi mejor distancia no son los 140 caracteres la narraré así:

Era enero cuando Paula decidió hacer una fiesta de tres frente a tazas de té y chocolate. Invitó a una lectora compulsiva y a un desconocido.. No llevaba la cuenta del tiempo que había pasado desde la última vez que se había citado con alguien que contactara primero por Internet. De ese encuentro recordaría el antojo sutil de eliminar sus propias barreras. Derribar murallas para que un hombre así, como el compañero de aquella investigadora que admiraba, cuidara de ella de un modo similar.

Meses más tarde no sabría si el cambio había ocurrido cuando decidió ponerse vestido en lugar de jeans o al volver a dibujar con carboncillo

Se creería intoxicada al descubrir nuevamente el placer de la compañía liberadora.


Para leer la parte II haz clic aquí.

miércoles, mayo 18, 2011

Evolución

[Esta canción fue escuchada mientras se escribía este texto: Rachel's song - Vangelis]

En el ayer el corazón recorría senderos llenos de manadas de elefantes que amenazaban con aplastarlo, hoy, habiendo aprendido a romperse y recomponerse con telarañas de árbol de caucho y dosis inexactas de soledad, desconfía de aquellos seres que se ufanan por poseer perfecciones adaptadas y vacías. 

Ahora es el tiempo en el que prefiere y anhela espasmos centrales sopesados junto al paso lento de caracoles en las tripas.

La ingenuidad se fue y se quedó a la vez, esa que le permitía entregarse a seres violentos e ignorantes se extinguió, entretanto la exigida para reconocer a las almas buenas y puras, con sólo verlas a los ojos, se decantó hasta confundirse con eso que la gente llama estupidez.

Ya no se lo volverá a ver corriendo desbocado, buscando fantasía en el laberinto del Minotauro, sino caminando lentamente con la ayuda de un bastón y una sonrisa genuina en los labios.


miércoles, mayo 04, 2011

Mis ideas de la caverna


La caverna de las ideas de José Carlos Somoza es una novela acerca de la investigación emprendida por un Descifrador de enigmas junto a un Filósofo en torno a un crimen cometido en la Atenas de Platón. Si bien su ritmo es complejo y lento por momentos, los hilos que tejen la historia están unidos con la precisión de un cirujano, recordando de ese modo la formación médica del autor cubano.

A pesar de perder la cadencia en algunos capítulos, hacia el final las descripciones y las luces arrojadas sobre los misterios propuestos en el libro de dan valor al tiempo dedicado a la lectura de esta obra, que además ilustra la cotidianidad del estilo de vida clásico y la mitología que lo acompañaba.

miércoles, abril 20, 2011

Instrucciones para conocer el olor ajeno

Procure soñar mientras duerme con su pijama favorito, de preferencia con esa persona que está por oler; para lograrlo recuerde seguir con disciplina el ritual previo al momento del cambio diario de consciencia.

Agradecer a la planta de manzanilla, antes de convertirla en infusión, es imprescindible, así como preparar una cobija de 330 hilos de sensatez por pulgada cuadrada y decorada con dibujos de ilusiones. Al comienzo le parecerá estrambótica, mas en cuanto pueda sentir las notas que componen la sinfonía del olor ajeno, comprenderá que es obligatorio poder definir la esencia propia antes de compartirla.

En caso de haber omitido la etapa de autoconocimiento, retroceda hasta recordar la imagen prístina que le acompañó hace 500 viajes nocturnos y descubra esas muecas corporales que hace cuando acaba de tomar un baño. La limpieza de espíritu le ayudará a tener la nariz dispuesta cuando llegue el momento de evaluar aparecidos.

Si el anterior no es su caso, y siente que está en la ubicación precisa para saludar al viento estelar, llene su esternón con aire batido por alas de mariposas, de ese modo reconocerá más fácilmente el camino que debe ser andado para alcanzar el equilibrio con quien quiere acompañarle, mientras le toma de la mano.



miércoles, abril 06, 2011

De cómo llegar al poder siendo mujer


Encontrar modelos a seguir dentro de culturas machistas es un reto al que nos enfrentamos a diario las mujeres; para ayudarnos a encararlo podemos acudir a varios elementos, por ejemplo los libros escritos por otras mujeres.

La autobiografía de Hillary Rodham Clinton es un ejercicio juicioso en el que se intenta dejar evidencia del camino necesario para llegar a ser una de las mujeres más poderosas del mundo. Aunque por momentos los listados de personas importantes para ella recuerdan al génesis de la biblia, es claro que pormenores como ese indican que detrás de este libro hubo poco trabajo de escritores fantasmas y mucha dedicación de parte de la autora.

Aquellos que pretendan encontrar detalles suculentos acerca de la famosa “relación impropia” de Mónica Lewinsky y Bill Clinton quizás prefieran pasar por alto esta biografía que, a diferencia de lo que algunos creen al ver el voluminoso ejemplar, habla más de Hillary y de su experiencia como madre, que del difícil episodio que debió vivir mientras decidía si debía o no seguir casada.

Construir una opinión acerca de Hillary Clinton es una opción personal, que de ser elegida se verá beneficiada con la lectura de este libro.

jueves, marzo 17, 2011

Incluye en tus planes un terremoto

Ikiro* es un amigo japonés que llegó a Colombia hace varios años por amor. El amor se desvaneció pero él decidió que prefería vivir en una república bananera caótica antes que en un país donde la gente muere trabajando. Él que ha leído muchas veces en el chat de Skype que un japonés no puede vivir en Colombia ni mucho menos hablar español, me contó ayer, con su ritmo pausado, cómo es sentir desde tan lejos la catástrofe que acontece ahora mismo en su país.

En un restaurante pequeño, ya conocido por los dos, me resistí a su costumbre de pagar la cuenta, sumándole una incomodidad extra a la lista no corta que ya tiene por estos días. Sentí que era lo único que podía hacer por él en un momento que la impotencia se transmite como una enfermedad.

Me preguntó si me gustaba la leche de soya, le respondí y le dije mis razones, luego le conté acerca de mi reciente despido, él me habló de situaciones similares en su país y hasta allí me dejó llegar la curiosidad:

-¿Cómo está tu mamá?

Me repitió lo que ya había leído en Facebook “Gracias todos por preguntar. Mi casa y mi familia están bien, en casa de vecinos cayeron tejas…” 

Ikiro se enteró del terremoto por una llamada que recibió en la mañana del viernes, una amiga preocupada, luego de ver las noticias, lo llamó para preguntarle cómo estaban sus familiares. Él al comienzo se sorprendió, luego buscó información en un periódico de su país y esperó. En ese momento pensó que seguro no era grave y que muchas más personas necesitarían hablar con sus familiares, así que decidió no ocupar una línea de vida.

A los 2, 3 días llamó a su mamá. Ya había hablado con otra amiga, japonesa, que le había mostrado una página en Internet donde podía ver noticias en vivo de su país; entonces comenzó a perder la calma. Si bien su ciudad, cercana a Tokio, no parecía estar dentro del radio de la tragedia, las imágenes lograron escandalizarlo al punto que se llevó una mano a la cara mientras conversaba. Intentó comunicarse con su mamá pero la llamada no lograba completarse, entre los daños en las líneas y la cantidad de conexiones requeridas, establecer una vía de intercambio es una tarea compleja.

Después de hablar con su mamá y saber tanto el estado de su familia como el de su casa, y la de los vecinos, se tranquilizó un poco, pronto la preocupación comenzaría a crecer de nuevo.

-El terremoto no mata tanta gente, ni el tsunami, muere más después. Viejos pierden familia, esposo, esposa, hijos, luego van a dormir y no se levantan. 

Y todavía no ha mencionado la preocupación por las plantas nucleares.

-Le dije que viniera pero no quiere, dice que si no pasó nada con la bomba ahora tampoco.

Ikiro cuenta que el gobierno está dando instrucciones para que las personas permanezcan en sus casas, en caso de salir deben desvestirse antes de entrar, guardar la ropa en una bolsa plástica bien cerrada, botarla y luego, ya en casa, tomar una ducha. Se dice que la radiación emitida por las plantas nucleares es menor a la necesaria para tomar radiografías, sin embargo:

-Sí, pero eso es todo el día. 

Los japoneses han recibido la indicación de tomar una cápsula de yodo en caso de sentir síntomas de envenenamiento por radiación, empero esta sólo se puede comprar con “receta”. Algunos, acostumbrados a mantener productos desinfectantes, han decidido beber Isodine, aunque eso les provoque después dolor de estómago.

-Cuando la gripa de los cerdos la… ¿cómo digo? La organización de salud mundial.

-La OMS.

-Sí, estaba sorprendida por los bajos casos en Japón, eso es porque papás dicen a niños “cuando llegar a casa lavar manos y limpiar garganta… con Isodine”, así tengan que regañarlos.

-¿Y los tapabocas?

Ikiro ríe a carcajadas.

-Dicen que japoneses somos groseros, pero son para evitar tener o pasar gripa.

Cuando lo conocí me explicó la función del jengibre y del wasabi en la gastronomía japonesa: desinfección. El placer y el deber servidos en la misma mesa. Entonces, si el gobierno le pide a sus ciudadanos que no salgan a la calle:

- ¿Cómo van a buscar comida? En noticias no dicen, pero hay gente robando en tiendas y en casas. Hay militares en caminos y no pueden entrar ni salir personas, la ayuda tiene que venir del cielo.

Así se refirió Ikiro a la asistencia por vía aérea.

Más tarde, prometiendo invitarme a comer comida turca porque tenía que devolverme la invitación que yo lo había forzado a aceptar, regresaría a su casa de Bogotá mientras añoraba la de Japón a donde quería regresar este año. Ahora debe pensar de nuevo en dónde construir su nuevo hogar.

*Nombre cambiado.



miércoles, marzo 16, 2011

Las Horas: una atmósfera

“Pues escribe una reseña para sacarlo de ti” dijo él. “Sí, te voy a hacer caso” dije yo.

(Sugiero dar "play" antes de comenzar a leer.)


I

Mientras seres humanos danzaban en el aire al fondo el sonido de violines y el de un piano me sacaban de la realidad.

La concentración, la mía salió corriendo por la puerta al percibir cómo los dedos acariciaban las teclas en una grabación ajena al tiempo. Ida y desesperada sólo fui capaz de interrumpir la lectura de alguien para preguntarle al único poeta experto en cine que estaba presente: 

Johanna
¡Por dios! ¡¿Qué es eso?! ¡¿Qué está sonando?!

Poeta
Es Philip Glass, es de la banda sonora de Las Horas.

Johanna
¡Es precioso!

Poeta
Sí, mucho.

Ya no estaba allí, las palabras y la danza aérea sobraban. Así fue mi primer contacto con esta película.

II
El aire estaba vacío de magia y de pájaros humanos. Ya no ocupaba una silla dentro del Teatro Cádiz mientras hacía parte de una tertulia, simplemente buscaba esa película para verla en algún momento, cualquiera. El recuerdo de su música se había disuelto en una circunvolución mía.

III
A la lluvia le achacan muchos males y pocas bondades. Sé que gracias a ella cambié el escenario de mi encierro, por eso preferí cubrirme con su oscuridad para ver esta película en lugar de rodearme de libros.

Con alguna frecuencia, debido a mi distracción y falta de interés a la hora de memorizar títulos y autores, lectores y oyentes tienden a compararme con sus experiencias previas, muchas, muchísimas desconocidas para mí,; y así terminan diciendo “me recordaste a Cortázar” o “tienes un tono parecido a Katherine Mansfield” y hasta “¿por qué no lees Una habitación propia de Virginia Woolf”, entretanto yo lucho para no sonrojarme, para responder sin tartamudear y para intentar dar las gracias, si ese día amanecí valiente.

IV
Virginia Woolf es para mí un personaje mítico, una mujer a la que debo acercarme con respeto y reverencia, alguien tan grandiosa y admirable que no he querido leer por mil razones, aunque ya es hora. Empero este texto no se trata de mí.

V
Tengo un recuerdo confuso de Nicole Kidman declarando en una entrevista que en cuanto se vio al espejo, después de haber sido vestida y maquillada para encarnar a esta autora, sintió que el espíritu vivo de ella estaba presente, incluso afirma que por momentos su cuerpo parecía no ser suyo, sensación que le ayudó a alcanzar la intensidad necesaria para filmar las escenas en el río.

Ignoro cuánto tiempo pasó desde que vi esa entrevista, pero estoy absolutamente convencida de que Virginia Woolf sí estuvo allí durante el rodaje. Ver Las Horas (2002) fue para mí un acontecimiento estremecedor, similar al que presencié cuando vi El Exorcista (1973), que si bien es una película de un género muy distinto comparte con Las Horas el efecto desetabilizante.

Stephen Daldry, quien también dirigió Billy Elliot (2000), logró esa atmósfera, ese mundo irreal y paralelo que caracteriza la obra de Woolf – según cuentan sus conocedores – y que también se puede experimentar viendo Million Dollar Baby (2004), empero de un modo distinto.

VI
Dado mi contexto, que me ha permitido conocer a distintos artistas y a varios escritores comprometidos a muerte con su oficio, puedo asegurar que la interpretación de Nicole Kidman y la de Ed Harris en esta cinta no son exageraciones, sino retratos perfiles fidedignos de la agonía que puede llegar a ser vivir con un talento que difícilmente se desliga de la locura, al menos en sus días buenos.

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