miércoles, enero 26, 2011

Retomando a Irene

Las personas que escribimos por gusto, por necesidad, porque simplemente no nos queda de otra cada tanto enfrentamos terrores diurnos. Hay quienes dicen que fantasmas limpios y rectangulares les quitan el apetito, entretanto otros se quejan de presencias del pasado que salen de bocas de desconocidos felicitándolos por su primera novela. Yo estoy en la mitad.

El año pasado cuando esperaba que un milagro ocurriera o que un trabajo medianamente decente me ayudara a rescatar mis finanzas decidí emprender una aventura: escribir mi primera novela. Ahora me pregunto por qué pensé en “mi primera novela” en lugar de “una novela” pero ya es tarde, el texto está comenzado y esas son criaturas que tarde o temprano tengo que enfrentar. Detesto dejar líneas inconclusas que me miran desafiantes.

La frase anterior fue sólo una evasiva más que intenta retrasar la expresión de algo que ya decidí: retomarla y terminarla.

Sin importar la calidad de una obra pero sí el compromiso con ella, llevarla hasta su fin, darle toda su anatomía y llenarla de vida es un proceso muy parecido a un embarazo, sin embargo entre sus diferencias está la temporal: se sabe con claridad que el ciclo termina cuando se cumple un plazo calculable fácilmente desde la gestación; con las ideas sólo hay incertidumbre. Una vez creas algo que no sabes cómo materializar - o quizás sí - ni cómo resultará te abraza la penumbra, por ende es prácticamente imposible pronosticar su destino.

Es momento de comenzar una nueva etapa en mi crecimiento literario, una en la que mediré mi constancia y mi resistencia de un modo distinto, de una forma algo desconocida.

De hoy en adelante me propongo entregarle mis fuerzas, mi vida y mi pasión a ella, a Irene.

viernes, enero 21, 2011

Mujer jedi vs. princesa rosada (En honor a mi salud mental)

“No C., creo que no voy a cambiar, no ahora, no del modo que esperas.”

A Sandra, Stella y Zita.

Cada familia tiene un valor que intenta grabar a fuego y sangre en la mentalidad de sus miembros, es esa razón de ser que mueve toda su existencia. Así como en otras casas a las niñas se las educa enseñándoles dietas y ejercicios de todo tipo, porque ninguna que lleve ese apellido puede cometer el pecado de ser gorda, en la mitad de la mía intentaron enseñarme a ser cordial.

La pelea casada es viejita ya, no tanto como yo pero sí es muy antigua. Desde que comencé a balbucear se me instruyó para que saludara con una sonrisa en la boca, el problema es que a mí la farsa no me queda y cada vez que intento fingir un gesto de esos mi cara imita a la de un bulldog. Sin embargo eso no ha sido obstáculo para la cantaleta de mi madre.

El dicho popular que más he escuchado, después de “la constancia vence lo que la dicha no alcanza” es “lo cortés no quita lo valiente”, empero soy un caso vivo de que el aprendizaje no siempre se logra a punta de repetición.

Las discusiones en mi casa no son míticas pero sí recurrentes y aburridas. Si llega visita, y la visita llega siempre con una frecuencia de entre 4 y 5 veces por semana, y yo cometo la gravísima falta de no saludar con una sonrisa digna de reina de belleza disputándose el título de Miss Universo hay sermón. Si paso derecho sin saludar aprovechando el alboroto hay sermón y si saludo con sonrisa fulgurante, pero no propicio la conversación vacía acerca del clima o del tema refrito de mi estatura también hay sermón.

Lo peor de haber nacido en una familia que tiene la imagen social como principio fundamental no es tener una madre que insiste en criarte a los 31, porque no se te da la gana irte o no se le da a tus finanzas, lo peor es cuando arman un frente común para evangelizarte en el arte del saludo hipócrita.

Las convencidas templarias, porque suelen ser mujeres las encargadas de enseñar buenos modales a las nuevas generaciones, aprovechan cualquier resquicio y oportunidad para criticarte, acomodarte y enderezarte el comportamiento. En un lugar muy profundo de sus cerebros está apuntada esa regla de oro que dice “el hijo es reflejo de su madre, así que si hace algo mal es porque su madre no lo supo educar”, hecha para activar automáticamente conductas correctivas en personajes ajenos impertinentes y desadaptados.

Debido a mi estupidez un día con la fiebre de Facebook agregué a las primas que me resultaban menos desagradables, para al poco tiempo estarme arrepintiendo. Una de ellas, a las que mejor metes en un grupo de gente que sólo tiene acceso limitado a tu perfil, o que en un acto más sensato o inteligente de plano no agregas a tu lista de contactos ,recordó su sacrosanto deber luego de leer una actualización de estatus que hice y decidió “aconsejarme”. Luego de que afirmé con la naturalidad de siempre que las sonrisas fingidas son una habilidad que nunca dominé, una en la que nunca pienso entrenarme, pasó a citarme que no hay nada tan bonito como una mujer que sonríe, que no hay nada tan sexy y atractivo para los hombres como una sonrisa bien puesta en un lindo rostro porque de ese modo se les comunica que es una mujer de corazón quien los observa. Después de forma predecible mi cinismo respondió, más o menos en el mismo tono de las primeras líneas que originaron el intercambio.

Ella días más tarde revisó su perfil y se encontró con mi respuesta. La tonta era yo, la oligofrénica social era yo que no entendía el punto que ella había bordado con tanta delicadeza para que yo captara el mensaje que ella con tan buena intención me había dejado en público, porque así son las buenas mujeres, te ayudan incluso cuando no se los pides y te critican, pero con cariño, nunca con la intención de dañarte. Pasados unos minutos, unos cuantos resoplidos, una taquicardia y un agradecimiento a la vida por no haberla tenido al frente para haberla mechoniado con gusto, borré la primera respuesta y le contesté con un mensaje. Me equivoqué.

El error no yace en haberle respondido, radica en pretender compaginar dos esquemas incompatibles por naturaleza. Así como las mujeres jedi no deben perder el tiempo discutiendo con princesas rosadas, a las princesas rosadas no les queda bien malgastar energía con casquivanas ferales que se resisten a aprender los modales que pueden conseguirles un buen marido, unos amigos dignos de albúm de Facebook y una familia hipócrita pero sonriente con la que reunirse durante las fiestas para intercambiar tarjetas y comentarios de doble sentido.

Nada más tengo para decirle a una persona que no concibe un mundo en el que es preferible pasar de largo junto a alguien, antes que disfrazarte de damita de la corte para dedicarle tu mejor y más construída sonrisa, al tiempo que las iteraciones de ese acto te untan el espíritu de vacío.

viernes, enero 07, 2011

Cómo me convertí en un buen partido gracias a este blog


Buen partido: Dícese de aquella persona que puede pagar de forma simultánea cuotas mensuales de una casa, un carro y un postgrado, misma a la que los bancos observan con ojos golosos para darle créditos de consumo.

El salto

Han pasado alrededor de 8 meses desde que conocí íntimamente el significado de la palabra bancarrota. 

Luego de pagar deudas con monedas que ganaba traduciendo libremente artículos, más que inventando contenidos originales, porque simplemente la plata que me ofrecían no compraba motivación, renuncié a ese remedo de trabajo que me impedía definirme escuetamente como vergonzosa mantenida. Ya en el vacío crucé los dedos.

Teniendo más tiempo libre a mi disposición comencé frenética a hurgar en cuanta página prometía dar lecciones acerca de redes sociales de forma gratuita, al tiempo que exploraba, en persona y pensando cada peso que gastaba, las reuniones de expertos y entusiastas en estos temas. Semanas más tarde tuve la claridad de que si no encontraba un mentor, uno competente y generoso, no lograría nada.

Elegí a Matías de un modo cerebral y calculador, intenté llamar su atención y terminé ganándome un poco de su confianza. él se ganó mi aprecio a nivel más visceral. Su vehemencia por lo digital y su inclinación hacia la enseñanza sin restricciones me ayudó a comprender esos detalles que me transformarían en material atractivo para las agencias de publicidad.

Lo primero que llamó la atención de los encargados de reclutar fue mi pasión. No creo que sea la pasión por los blogs sino la pasión por el conocimiento, por los libros... quizás la pasión por el cambio.

Usando el formato de moda

Mi primer blog lo abrí hace 5 años, sin saber muy bien para qué servía. En ese momento quería promocionar unos cursos de chakras que estaba armando con una ex-amiga. La amistad murió pero el blog quedó. Un año después de haberlo planteado bajo el formato de una revista mensual lo sentí insostenible, dando paso a lo que es todavía: una miscelánea que adapta su contenido a mi constante exploración de oficios, de ahí que sus entradas más recientes giren en torno a investigación de mercados y redes sociales.

Entretanto aprendía para qué me podía servir H E R A, abrí otro, uno que me arrepiento de haber trasteado durante un berrinche. Vendada por la inmadurez abandoné una url de fácil recordación, en un entonces que ya conocía el significado de “url”

H E R A tenía 4 años y medio y Licuc - antes La Imaginación Crea Una Cosmogonía y luego Paradox... - más de 4. Este último conservaba casi todo el contenido que lo conformó antes del traslado. En ese momento resolví producir una publicación con fin comercial pero de la que pudiese sentirme orgullosa. Hoy, visto en retrospectiva, las palabras no se ven bien juntas, pero esa era la idea.

Llega el sexo

Por etapas releí todo este blog y encontré temas recurrentes, lugares que visitaba cada tanto y al tiempo que comencé a descubrirme, o más bien a autodefinirme como una mujer jedi decidí el tema que quería desarrollar en mi nuevo espacio.

Mi blog de sexo ya estaba creado para cuando asistí a la primera de sucesivas entrevistas previas a mi contratación. Hablaba de el con la satisfacción que sienten las madres de varios hijos, al reconocer que el menor es tan capaz como los mayores y tiene la misma salud de los demás.

Sexo sin maquillaje no me ha dado un solo peso, ni siquiera tiene un sistema de monetización, a diferencia de los otros dos empero no por eso tiene menos mérito. Licuc y Sexo sin maquillaje me llevaron a esa zona, a ese nivel que creí inalcanzable: escribir sí o sí 2 veces a la semana durante 10 meses, dejando de lado cualquier tipo de excusa.

Las otras recompensas, las materiales, vinieron después.

Desde hoy tu nombre será Engagement Manager y tu apodo Copy

Una vez evaluadas las ofertas que recibí, tanto en números como en términos de temas y clientes, elegí aquella con la que me sentí más afín. Al comenzar me gustaba tener “un trabajo muy post-moderno” - palabras de un amigo -, uno que no sólo venía con título enredado sino con explicación a bordo pero a las semanas, al hacerse evidente que el administrador de la presencia de una marca, campaña o producto en redes sociales tiene que recibir quejas y reclamos, además de darles respuesta, la dicha terminó.

La otra mitad de mi trabajo, la de copy o redactora, como prefiero decirlo es más creativa aunque igual de demandante. 

En ese momento que escribía por centavos, esos textos vergonzosos, que no enlazo desde ningún lugar, pero que pagaron algunos almuerzos y parte de mi pretérita deuda de seguridad social, me convencí de que no me quedaría grande escribir las frases que acompañaban los diseños de banners, volantes y correos electrónicos comerciales. Más adelante mi trabajo me lo confirmó.

Hacia el final de mi etapa como Engagement Manager y mi paso a Copywriter a secas, comencé a generar contenido nuevo para algunos clientes, al tiempo que seguía redactando textos para piezas digitales. Es entonces cuando algunos dirían que me convertí en blogger profesional.

Redacción sin glamour

Una de mis funciones es generar contenido para la página oficial de la agencia - central de medios que me paga el sueldo con el que el banco espera pague la cuota de manejo de la tarjeta de crédito, que insiste en ofrecerme y yo me niego a recibir.

Cuando la página debe ser actualizada una vez por mes, en promedio, los demás miembros del consejo editorial valoran mi opinión y esperan propuestas mías, así como un texto nuevo y original que pueda ser usado en ese espacio, y nadie me censura, bueno, casi nadie. Salvo un título que tuve que modificar alguna vez, pero que dejé intacto en H E R A, escribo con libertad acerca de temáticas cercanas al sector.

De un modo que desde afuera parece milagroso pero que desde adentro muestra el trabajo, la constancia y la dedicación que se necesitan para alcanzar resultados, pasé de ser una redactora ad honorem a ser una redactora que cobra todos los meses por lo que hace.

Ahora soy una empleada a la que la gente mira de otro modo cuando sabe que navego durante largos ratos en horario de oficina, creyendo que busco un ascenso y no una carta de despido. Es la misma gente que piensa en lo respetable y responsable que me he vuelto, convencida hasta hace poco de que mi adicción a la pérdida de tiempo era irremediable.