viernes, enero 07, 2011

Cómo me convertí en un buen partido gracias a este blog


Buen partido: Dícese de aquella persona que puede pagar de forma simultánea cuotas mensuales de una casa, un carro y un postgrado, misma a la que los bancos observan con ojos golosos para darle créditos de consumo.

El salto

Han pasado alrededor de 8 meses desde que conocí íntimamente el significado de la palabra bancarrota. 

Luego de pagar deudas con monedas que ganaba traduciendo libremente artículos, más que inventando contenidos originales, porque simplemente la plata que me ofrecían no compraba motivación, renuncié a ese remedo de trabajo que me impedía definirme escuetamente como vergonzosa mantenida. Ya en el vacío crucé los dedos.

Teniendo más tiempo libre a mi disposición comencé frenética a hurgar en cuanta página prometía dar lecciones acerca de redes sociales de forma gratuita, al tiempo que exploraba, en persona y pensando cada peso que gastaba, las reuniones de expertos y entusiastas en estos temas. Semanas más tarde tuve la claridad de que si no encontraba un mentor, uno competente y generoso, no lograría nada.

Elegí a Matías de un modo cerebral y calculador, intenté llamar su atención y terminé ganándome un poco de su confianza. él se ganó mi aprecio a nivel más visceral. Su vehemencia por lo digital y su inclinación hacia la enseñanza sin restricciones me ayudó a comprender esos detalles que me transformarían en material atractivo para las agencias de publicidad.

Lo primero que llamó la atención de los encargados de reclutar fue mi pasión. No creo que sea la pasión por los blogs sino la pasión por el conocimiento, por los libros... quizás la pasión por el cambio.

Usando el formato de moda

Mi primer blog lo abrí hace 5 años, sin saber muy bien para qué servía. En ese momento quería promocionar unos cursos de chakras que estaba armando con una ex-amiga. La amistad murió pero el blog quedó. Un año después de haberlo planteado bajo el formato de una revista mensual lo sentí insostenible, dando paso a lo que es todavía: una miscelánea que adapta su contenido a mi constante exploración de oficios, de ahí que sus entradas más recientes giren en torno a investigación de mercados y redes sociales.

Entretanto aprendía para qué me podía servir H E R A, abrí otro, uno que me arrepiento de haber trasteado durante un berrinche. Vendada por la inmadurez abandoné una url de fácil recordación, en un entonces que ya conocía el significado de “url”

H E R A tenía 4 años y medio y Licuc - antes La Imaginación Crea Una Cosmogonía y luego Paradox... - más de 4. Este último conservaba casi todo el contenido que lo conformó antes del traslado. En ese momento resolví producir una publicación con fin comercial pero de la que pudiese sentirme orgullosa. Hoy, visto en retrospectiva, las palabras no se ven bien juntas, pero esa era la idea.

Llega el sexo

Por etapas releí todo este blog y encontré temas recurrentes, lugares que visitaba cada tanto y al tiempo que comencé a descubrirme, o más bien a autodefinirme como una mujer jedi decidí el tema que quería desarrollar en mi nuevo espacio.

Mi blog de sexo ya estaba creado para cuando asistí a la primera de sucesivas entrevistas previas a mi contratación. Hablaba de el con la satisfacción que sienten las madres de varios hijos, al reconocer que el menor es tan capaz como los mayores y tiene la misma salud de los demás.

Sexo sin maquillaje no me ha dado un solo peso, ni siquiera tiene un sistema de monetización, a diferencia de los otros dos empero no por eso tiene menos mérito. Licuc y Sexo sin maquillaje me llevaron a esa zona, a ese nivel que creí inalcanzable: escribir sí o sí 2 veces a la semana durante 10 meses, dejando de lado cualquier tipo de excusa.

Las otras recompensas, las materiales, vinieron después.

Desde hoy tu nombre será Engagement Manager y tu apodo Copy

Una vez evaluadas las ofertas que recibí, tanto en números como en términos de temas y clientes, elegí aquella con la que me sentí más afín. Al comenzar me gustaba tener “un trabajo muy post-moderno” - palabras de un amigo -, uno que no sólo venía con título enredado sino con explicación a bordo pero a las semanas, al hacerse evidente que el administrador de la presencia de una marca, campaña o producto en redes sociales tiene que recibir quejas y reclamos, además de darles respuesta, la dicha terminó.

La otra mitad de mi trabajo, la de copy o redactora, como prefiero decirlo es más creativa aunque igual de demandante. 

En ese momento que escribía por centavos, esos textos vergonzosos, que no enlazo desde ningún lugar, pero que pagaron algunos almuerzos y parte de mi pretérita deuda de seguridad social, me convencí de que no me quedaría grande escribir las frases que acompañaban los diseños de banners, volantes y correos electrónicos comerciales. Más adelante mi trabajo me lo confirmó.

Hacia el final de mi etapa como Engagement Manager y mi paso a Copywriter a secas, comencé a generar contenido nuevo para algunos clientes, al tiempo que seguía redactando textos para piezas digitales. Es entonces cuando algunos dirían que me convertí en blogger profesional.

Redacción sin glamour

Una de mis funciones es generar contenido para la página oficial de la agencia - central de medios que me paga el sueldo con el que el banco espera pague la cuota de manejo de la tarjeta de crédito, que insiste en ofrecerme y yo me niego a recibir.

Cuando la página debe ser actualizada una vez por mes, en promedio, los demás miembros del consejo editorial valoran mi opinión y esperan propuestas mías, así como un texto nuevo y original que pueda ser usado en ese espacio, y nadie me censura, bueno, casi nadie. Salvo un título que tuve que modificar alguna vez, pero que dejé intacto en H E R A, escribo con libertad acerca de temáticas cercanas al sector.

De un modo que desde afuera parece milagroso pero que desde adentro muestra el trabajo, la constancia y la dedicación que se necesitan para alcanzar resultados, pasé de ser una redactora ad honorem a ser una redactora que cobra todos los meses por lo que hace.

Ahora soy una empleada a la que la gente mira de otro modo cuando sabe que navego durante largos ratos en horario de oficina, creyendo que busco un ascenso y no una carta de despido. Es la misma gente que piensa en lo respetable y responsable que me he vuelto, convencida hasta hace poco de que mi adicción a la pérdida de tiempo era irremediable.

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