jueves, marzo 17, 2011

Incluye en tus planes un terremoto

Ikiro* es un amigo japonés que llegó a Colombia hace varios años por amor. El amor se desvaneció pero él decidió que prefería vivir en una república bananera caótica antes que en un país donde la gente muere trabajando. Él que ha leído muchas veces en el chat de Skype que un japonés no puede vivir en Colombia ni mucho menos hablar español, me contó ayer, con su ritmo pausado, cómo es sentir desde tan lejos la catástrofe que acontece ahora mismo en su país.

En un restaurante pequeño, ya conocido por los dos, me resistí a su costumbre de pagar la cuenta, sumándole una incomodidad extra a la lista no corta que ya tiene por estos días. Sentí que era lo único que podía hacer por él en un momento que la impotencia se transmite como una enfermedad.

Me preguntó si me gustaba la leche de soya, le respondí y le dije mis razones, luego le conté acerca de mi reciente despido, él me habló de situaciones similares en su país y hasta allí me dejó llegar la curiosidad:

-¿Cómo está tu mamá?

Me repitió lo que ya había leído en Facebook “Gracias todos por preguntar. Mi casa y mi familia están bien, en casa de vecinos cayeron tejas…” 

Ikiro se enteró del terremoto por una llamada que recibió en la mañana del viernes, una amiga preocupada, luego de ver las noticias, lo llamó para preguntarle cómo estaban sus familiares. Él al comienzo se sorprendió, luego buscó información en un periódico de su país y esperó. En ese momento pensó que seguro no era grave y que muchas más personas necesitarían hablar con sus familiares, así que decidió no ocupar una línea de vida.

A los 2, 3 días llamó a su mamá. Ya había hablado con otra amiga, japonesa, que le había mostrado una página en Internet donde podía ver noticias en vivo de su país; entonces comenzó a perder la calma. Si bien su ciudad, cercana a Tokio, no parecía estar dentro del radio de la tragedia, las imágenes lograron escandalizarlo al punto que se llevó una mano a la cara mientras conversaba. Intentó comunicarse con su mamá pero la llamada no lograba completarse, entre los daños en las líneas y la cantidad de conexiones requeridas, establecer una vía de intercambio es una tarea compleja.

Después de hablar con su mamá y saber tanto el estado de su familia como el de su casa, y la de los vecinos, se tranquilizó un poco, pronto la preocupación comenzaría a crecer de nuevo.

-El terremoto no mata tanta gente, ni el tsunami, muere más después. Viejos pierden familia, esposo, esposa, hijos, luego van a dormir y no se levantan. 

Y todavía no ha mencionado la preocupación por las plantas nucleares.

-Le dije que viniera pero no quiere, dice que si no pasó nada con la bomba ahora tampoco.

Ikiro cuenta que el gobierno está dando instrucciones para que las personas permanezcan en sus casas, en caso de salir deben desvestirse antes de entrar, guardar la ropa en una bolsa plástica bien cerrada, botarla y luego, ya en casa, tomar una ducha. Se dice que la radiación emitida por las plantas nucleares es menor a la necesaria para tomar radiografías, sin embargo:

-Sí, pero eso es todo el día. 

Los japoneses han recibido la indicación de tomar una cápsula de yodo en caso de sentir síntomas de envenenamiento por radiación, empero esta sólo se puede comprar con “receta”. Algunos, acostumbrados a mantener productos desinfectantes, han decidido beber Isodine, aunque eso les provoque después dolor de estómago.

-Cuando la gripa de los cerdos la… ¿cómo digo? La organización de salud mundial.

-La OMS.

-Sí, estaba sorprendida por los bajos casos en Japón, eso es porque papás dicen a niños “cuando llegar a casa lavar manos y limpiar garganta… con Isodine”, así tengan que regañarlos.

-¿Y los tapabocas?

Ikiro ríe a carcajadas.

-Dicen que japoneses somos groseros, pero son para evitar tener o pasar gripa.

Cuando lo conocí me explicó la función del jengibre y del wasabi en la gastronomía japonesa: desinfección. El placer y el deber servidos en la misma mesa. Entonces, si el gobierno le pide a sus ciudadanos que no salgan a la calle:

- ¿Cómo van a buscar comida? En noticias no dicen, pero hay gente robando en tiendas y en casas. Hay militares en caminos y no pueden entrar ni salir personas, la ayuda tiene que venir del cielo.

Así se refirió Ikiro a la asistencia por vía aérea.

Más tarde, prometiendo invitarme a comer comida turca porque tenía que devolverme la invitación que yo lo había forzado a aceptar, regresaría a su casa de Bogotá mientras añoraba la de Japón a donde quería regresar este año. Ahora debe pensar de nuevo en dónde construir su nuevo hogar.

*Nombre cambiado.



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