miércoles, marzo 16, 2011

Las Horas: una atmósfera

“Pues escribe una reseña para sacarlo de ti” dijo él. “Sí, te voy a hacer caso” dije yo.

(Sugiero dar "play" antes de comenzar a leer.)


I

Mientras seres humanos danzaban en el aire al fondo el sonido de violines y el de un piano me sacaban de la realidad.

La concentración, la mía salió corriendo por la puerta al percibir cómo los dedos acariciaban las teclas en una grabación ajena al tiempo. Ida y desesperada sólo fui capaz de interrumpir la lectura de alguien para preguntarle al único poeta experto en cine que estaba presente: 

Johanna
¡Por dios! ¡¿Qué es eso?! ¡¿Qué está sonando?!

Poeta
Es Philip Glass, es de la banda sonora de Las Horas.

Johanna
¡Es precioso!

Poeta
Sí, mucho.

Ya no estaba allí, las palabras y la danza aérea sobraban. Así fue mi primer contacto con esta película.

II
El aire estaba vacío de magia y de pájaros humanos. Ya no ocupaba una silla dentro del Teatro Cádiz mientras hacía parte de una tertulia, simplemente buscaba esa película para verla en algún momento, cualquiera. El recuerdo de su música se había disuelto en una circunvolución mía.

III
A la lluvia le achacan muchos males y pocas bondades. Sé que gracias a ella cambié el escenario de mi encierro, por eso preferí cubrirme con su oscuridad para ver esta película en lugar de rodearme de libros.

Con alguna frecuencia, debido a mi distracción y falta de interés a la hora de memorizar títulos y autores, lectores y oyentes tienden a compararme con sus experiencias previas, muchas, muchísimas desconocidas para mí,; y así terminan diciendo “me recordaste a Cortázar” o “tienes un tono parecido a Katherine Mansfield” y hasta “¿por qué no lees Una habitación propia de Virginia Woolf”, entretanto yo lucho para no sonrojarme, para responder sin tartamudear y para intentar dar las gracias, si ese día amanecí valiente.

IV
Virginia Woolf es para mí un personaje mítico, una mujer a la que debo acercarme con respeto y reverencia, alguien tan grandiosa y admirable que no he querido leer por mil razones, aunque ya es hora. Empero este texto no se trata de mí.

V
Tengo un recuerdo confuso de Nicole Kidman declarando en una entrevista que en cuanto se vio al espejo, después de haber sido vestida y maquillada para encarnar a esta autora, sintió que el espíritu vivo de ella estaba presente, incluso afirma que por momentos su cuerpo parecía no ser suyo, sensación que le ayudó a alcanzar la intensidad necesaria para filmar las escenas en el río.

Ignoro cuánto tiempo pasó desde que vi esa entrevista, pero estoy absolutamente convencida de que Virginia Woolf sí estuvo allí durante el rodaje. Ver Las Horas (2002) fue para mí un acontecimiento estremecedor, similar al que presencié cuando vi El Exorcista (1973), que si bien es una película de un género muy distinto comparte con Las Horas el efecto desetabilizante.

Stephen Daldry, quien también dirigió Billy Elliot (2000), logró esa atmósfera, ese mundo irreal y paralelo que caracteriza la obra de Woolf – según cuentan sus conocedores – y que también se puede experimentar viendo Million Dollar Baby (2004), empero de un modo distinto.

VI
Dado mi contexto, que me ha permitido conocer a distintos artistas y a varios escritores comprometidos a muerte con su oficio, puedo asegurar que la interpretación de Nicole Kidman y la de Ed Harris en esta cinta no son exageraciones, sino retratos perfiles fidedignos de la agonía que puede llegar a ser vivir con un talento que difícilmente se desliga de la locura, al menos en sus días buenos.

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2 comentarios:

foobausch dijo...

Hay tantas cosas para recordar, la escena en el motel, el abandono, el beso que no existe, las muertes, ufffff

Licuc dijo...

Sí, es tan hermosa esa película que debe verse en varios momentos de la vida, sobre todo si te llamas a ti mismo artista.