miércoles, junio 15, 2011

El ritual de desocupar cajones

Suele haber un momento de la vida en que el hastío se instala entre las motas de polvo y los sueños confusos, es entonces cuando puedes decidir si quieres ignorar las señales o deshacerte de la porquería.

La acumulación crónica de objetos innecesarios es un mal de nuestros días, una enfermedad perfecta para hacerte olvidar lo realmente trascendente, mientras mantiene tu atención puesta en la pregunta ¿cómo me deshago de los vacíos interiores?

Es frecuente que abras puertas de armarios y jales manijas de cajones para encontrarte con escenas como estas:
























Evita engañarte, ese tapete no le va a aterciopelar la vida a ningún ratón ni vas a usar el vacío del bloqueador solar para imponer orden en uno de tus espacios favoritos.

Es momento de que lo enfrentes; si realmente quieres ver cómo se cristalizan tus deseos vas a tener que buscar la música adecuada para emprender el ritual, yo, que lo completo con alguna frecuencia, te sugiero comenzar con esta canción, pero así como no te elijo el cepillo de dientes no voy a escoger por ti lo que es indispensable o lo que no.


Si creíste que te sugería mandar todo al diablo, personas incluidas, entonces no me hice entender. A la gente puedes sacarla de tu vida empero a las personas... a ellas es mejor cuidarlas y mantenerlas cerca, esto también lo aprenderás vaciando cajones.

Ahora vamos a lo técnico y primitivo, esto es lo que necesitarás:



A tus manos no las incluí, no estabas cerca para fotografiarte, mas creo que sabrás para qué las necesitas.

La bolsa hará las veces de vientre, es el caldero de la bruja, recuerdalo; en ella caerán todos tus apegos que, a su vez, alimentarán a tus planes más apasionados.

Entre más pesada mejor, será el símbolo de que tu visión está untada de discernimiento, de ese que te permite comprender lo que te pondrá en la siguiente etapa del sendero, pero sobre todo te hará descubrir lo que te está deteniendo.

La luz de la vela será el fuego sagrado, ese que destruye las fullerías que hasta hace poco te parecían imprescindibles; conviene que la enciendas antes de comenzar el ritual. Ella arderá con la fuerza que le das cada vez que sacas de tu entorno lo sobrante, por ejemplo los conocimientos viejos y rígidos hechos enciclopedia.

El aroma del incienso queda a tu discreción. Prefiero la combinación de sándalo y canela, pero esto se debe a mi nariz caprichosa y a recuerdos fragmentados. Tú deberás hacer tu propia búsqueda olfativa hasta dar con esa presencia etérea, que de un modo inverso, te recordará como lo invisible es capaz de ganar materia a través del influjo mental.

Y la sal. La sal es bendita, recuerda, que no te confundan las historias acerca de un antiguo general romano. Derramar algunos granos en las nuevas oquedades y otros en el perímetro de tu cueva te ayudará a mantener alejados los deseos disparatados, además te servirá para entender porqué los sintoístas creen que todos los objetos tienen vida, una que se desperdicia, que se pierde cada vez que insistes en dejarte poseer por ellos y les impides seguir su curso.

Ojalá después de completar este ritual tu mente fluya con la naturalidad que te muestra la pureza en movimiento.

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