lunes, junio 06, 2011

Historia de dos vía @Twitter - VII

Casi un error

Matías no estaba buscando nada, empero Paula sí. Un poco harta de la soledad de sus pies fríos en noches invernales, quería dejar de ensayar aburrimiento los domingos para comenzar a practicar discusiones cariñosas por el control remoto. Él, en cambio, soñaba con chapuzones en la mañana, tazas de té muy amargo y releer a Benedetti. Él no contaba con una ella, mucho menos con una Paula que le hiciera desear incluir miel en su dieta.

Ella no creía en las relaciones a distancia y él menos, aun así hoy se miran a los ojos sin intermediarios. Paula y Matías estaban separados por demasiados kilómetros cuando Twitter decidió conectarlos.

Matías, sabíendola nada tonta y feliz en su soltería, le ofreció lo único que tenía: él, su felicidad propia y la promesa de ir a conocer las manos que manipulaban con tanta destreza el carboncillo. Paula necesitaba tanto a Matías como Matías necesitaba a Paula, por eso decidir estar juntos fue una elección libre.

Sin llevar diez días “del nuevo embeleco”, una tarde Paula intentó mandar al diablo a Matías. Redactó un correo corto y seco diciéndole que no era sano emocionarse con alguien imposible, por lo lejano. Apretó ‘enviar’ y esperó una tranquilidad que nunca quiso llegar, a diferencia del instantáneo dolor de estómago que la acompañó hasta el pespunte de la noche.

Siendo viernes y cumpliendo con el compromiso de despedir a una compañera de trabajo que se iba a recibir cheques firmados por un jefe nuevo, Paula bebió más cervezas oscuras de las que su maltratada y sabia tripa podía resistir. El vómito no tardó en aparecer.

Lo conformaban recuerdos sin construir y anhelos familiares en lugar de repugnantes restos de comida masticada. Entre el viento corriendo a través de las carcajadas ajenas y su mareo adornado de silencio, comenzó a comprender que no quería dejar de ser ella empero también quería ser esa a la que esperan a la salida del trabajo, cerca del museo.

-Ah, pero se te olvidó contar que yo también te envié otro correo después de ese.

Paula se deja corregir sabiendo que esas líneas esquivas le imprimen humanidad a sus planos.

Ignorando la sed, superando el cansancio y usando con elegancia sus ojos ardientes llegó a su casa en busca de su cuaderno de bocetos y un pedazo de carboncillo; al terminar buscó en su cartera el celular, tomó una foto del producto, la pasó a su computador y adjuntó la imagen en un correo que decía: “No te quiero así, te quiero así [adentro] en mi vida.”

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