jueves, agosto 04, 2011

Historia de dos vía @Twitter - IX

Oliendo las dudas


Existen aquellos que aman el olor del pasto recién cortado, hay personas que cambian su estado de consciencia al oler crayones derritiéndose. Eso le pasa a Paula.

-Ella me contó que en una universidad gringa se habían inventado un experimento en el que unos tipos usaban de noche unas camisetas para que después unas mujeres las olieran – luego acerca su nariz a la taza de té humeante dándole a ella espacio para continuar.

-Creía que me iba a dejar de hablar, porque ya hablábamos en Skype. Me daba miedo que me viera como una loca asquerosa, pero como yo había leído en algún lado que las parejas después de besarse podían saber si eran compatibles o no, y yo no lo podía besar… se me ocurrió que eso era lo más cercano.

Paula preparó su artesanía en silencio. Arrancó de su cuaderno de bocetos el original de aquella reproducción que Matías había halagado en Twitter de un modo tan especial. Incluyó en el paquete que enviaría un algodón con su perfume favorito, dentro de una cajita de cartón, sellada pulcramente y, para tocar el sentido del gusto de él, unos platanitos cubiertos de chocolate.

Al comienzo quiso que todo fuera una sorpresa, mas temiendo, o tal vez presintiendo, un contratiempo, llamó a Matías a su celular para decirle que dentro de poco recibiría una encomienda. Él maldijo la pereza de las antenas que transportan las palabras, a causa de ella la voz de Paula se entrecortaba, pero en el fondo la alegría era más. Le parecerá que fue al día siguiente cuando encontró en el contestador un mensaje del correo informándole que un sobre grande lo esperaba.

En realidad de allí venía el temor de Paula. Al saberlo felizmente independiente, temerosa de la exposición, quería impedir que una vecina solícita y carente de vida propia recibiera aquel conjunto diseñado delicadamente para posarse en las manos de un destinatario particular.

Matías devolvió la llamada que prosiguió al estilo de los interrogatorios:

-¿Está esperando algún envío?

-Sí.

-¿De qué lugar?

-Costa Rica.

-¿Sabe quién lo envía?

-Paula ...

-Verá, tenemos su dirección pero no está completa, está el número pero no aparece el nombre de la calle ni el barrio.

Al final le dieron instrucciones para que recogiera, en un horario de oficina, los objetos causantes de taquicardia.

-Me encantó, lo adoré – se le escucha decir a Matías al preguntársele por el resultado del experimento, a medias para ese momento.

Aún faltaba que Paula lo oliera a él; entonces se decidiría o no el viaje.



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