miércoles, agosto 24, 2011

Historia de dos vía @Twitter - XI


– ¿Hace cuánto no se ven?
– Hace una vida.

Tal vez en gesto de agradecimiento al correo nacional, Matías eligió esa vía para enviar una apuesta que prometía el abandono de una soledad tranquila y feliz.

Luego de diez días hábiles, en los que su superproducción hizo un periplo que incluyó varios países, la curiosidad de Paula se preparó para satisfacerse.
Dentro de un sobre color marrón halló bolsas de té ahumado, una carta escrita a mano, imágenes que la invitaban a ver una función de ballet y ella, la lluvia, capturada en un instante que Matías había presenciado con atención meditativa.

“Enciendan las cámaras”

Ella quiso regalarle el instante en el que descubriría su reacción frente a la obra de él, por eso, tras avisarle vía DM que sus regalos habían llegado, lo citó en Skype para que se acariciaran con los ojos:

-Aguantarse las ganas de… de todo es muy difícil, pero ahora estoy segura de que fue mejor así – dice Paula.

-Para mí fue muy fuerte verla emocionarse, escucharla diciéndome que le olía a pasado, porque mi olor no le parecía extraño sino muy familiar.


Matías recuerda los días siguientes como un cuadro impresionista. Puede contar lo que ocurrió después pero no se atreve a dar detalles. Las semanas pasaron de un modo difuso y agitado.

Paula habla con el alivio que da la perspectiva de los preparativos que debió poner en marcha a pesar de su horario laboral:

-Los almuerzos largos que me gustaba hacer se volvieron sombra. Iba al banco, a comprar ropa y una maleta nueva al mediodía o en ratos que le robaba a las compras mensuales. No hay que creerle a quien diga que ir a otro país es sencillo.

La vida también le cambiaba a Matías, que a pesar de no ser quien subiría a un avión, se desesperaba encontrando suciedad que decidía hacerse visible ante la promesa de la visita de una extraña:

-Por primera vez en mi vida, porque quise, limpié con un cepillo de dientes las grietas que hay entre los azulejos del baño.

Ante la pregunta de si valió la pena tanto trabajo, tanta ansiedad las respuestas de ambos apuntarán hacia ese momento en el aeropuerto.

Paula había pedido sus vacaciones en el estudio de arquitectura sin la certeza de que volvería en la fecha debida:

-Las náuseas resumieron lo que estaba a punto de hacer. El día que tenía que subirme al avión estaba claro que había doblado partes de mi vida para meterlas en un par de maletas.

Los planes se habían hecho y deshecho muchas veces – muchas -, tantas como los pensamientos acerca de si ese riesgo hablaba demasiado mal de la salud mental de los dos.

-Mi prima Silvana, que es una de mis amigas más cercanas, me preguntó un montón de veces si estaba seguro de querer meter a una desconocida a mi casa. Siempre le decía que sí pero igual dudaba, dice Matías mientras observa a Paula que está por comenzar a recordar:

-Ya llegando, cuando se ve el mapa en vivo de la ciudad sentí algo muy raro, que estaba llegando a mi casa. En inmigración busqué como loca el brillo de labios para que la primera impresión que tuviera de mí, ya en carne y hueso, fuera buena.

-Lo que ella no sabe es que a mí se me estaba olvidando el mal gusto que tiene el café de McDonald´s… Me desesperaba la demora de ese avión – 3 horas gracias a la tos gris del volcán Puyehue – y la duda de si querría besarme o no apenas me viera.

Él y ella tienen el recuerdo sincronizado en una imagen de la puerta de arribos desocupada, tranquila. Atrás quedaban los preparativos, la ansiedad intensa, la incertidumbre y el cansancio que los llevaba a noches de sueño que imitaban un estado leve de coma.

En su presente conjunto Paula y Matías se duermen abrazados mientras recuerdan la letra de una canción que cuenta lo que pudo ser.



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