viernes, diciembre 30, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 5

Viene de aquí.

Hola, cubrelecho de plumas

Dos eran las camas dobles y amplia la ventana, cercana a la que dormía Ryan. El sitio estaba impecable debido al orden - ¿compulsivo? – que rodea a este hombre. Deshicimos los bolsos y comenzamos a planear nuestro recorrido.

Ryan nos entregó un mapa pequeño de la ciudad, sacado de algún folleto turístico. Nos habló de un espectáculo de hombres azules que vería más tarde con sus amigos, oriundos de California como él, y de la posibilidad de jugar bowling más tarde. Sí, sí, sí, a todo decía yo que sí, algo que tenía un poco sorprendida a Lina, pero sí, yo quería decirle que sí a todo para aprehender tanto de Boston como fuera posible.

Al salir del hotel Ryan nos llevó, usando el gps de su teléfono, hasta una estación para tomar un tren que nos llevaría al Quincy Market, ese lugar que no siempre recuerdo por su nombre pero sí por lo que ocurre dentro de él.

jueves, diciembre 29, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 4

Viene de aquí.

You’re thinking, not dreaming

Fuimos caminando hasta el hotel, en donde se confirmarían nuestras sospechas: como mochileras éramos un fraude. Lina ya me había dicho que el hotel donde nos alojaríamos era uno de cuatro estrellas. Días antes Ryan le había pasado la dirección a Lina, así, sin aspavientos ni títulos, una calle, un número y nada más. Ella, con sus costumbres locales adoptadas, lo escaneó con el buscador colorido y encontró el nombre de la famosa cadena, sin embargo nos resistíamos a creerlo. Sólo hasta llegar al edificio inmenso, con varias puertas de entrada, todas anchas y hechas de vidrio, nos convencimos de nuestra buena suerte.

Cruzar un lobby de un hotel gigantesco, casi famoso e ir directamente a los ascensores me pareció un poco criminal, malicioso, era como si ese hombre de corta estatura que tenía la deseada nacionalidad, estuviera metiendo, a escondidas y a la vista de todos, a un par de latinas a su habitación para que lo favorecieran sexualmente. Sí, exagero, lo sé, lo hago adrede pero ideas así estaban en mi cabeza en ese momento. En mi minúscula experiencia para poder quedarse en un sitio así primero hay que registrarse y declarar todos los detalles que sueles dar en primeras citas.

Sigue aquí.

miércoles, diciembre 28, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 3

Viene de aquí.

Somos venezolanos y queremos hacer amigas

Después de llegar a la terminal seguimos las instrucciones de Ryan para encontrarnos con él, dejar nuestros bolsos y empezar a recorrer la ciudad. En el camino un par de venezolanos nos preguntaron cómo moverse en la ciudad. Yo, que poco sabía, callé, pero Lina, que tenía un par de visitas en su historia, se animó a darles algunas indicaciones. Al terminar ellos tenían una actitud amigable, quizás esperando que los invitáramos a hacer algo en la noche o dispuestos a lanzar ellos la iniciativa, empero la verdad es que ni en este punto, ni antes, ni después en todo el viaje sentí antojo de pasar tiempo con latinos; mi objetivo lingüístico era poner a prueba tanto como fuera posible mi inglés rudimentario, sin importar si para eso tenía que avergonzarme y fomentar conversaciones curiosas o estúpidas.

Una vez dejamos atrás a los representantes del país petrolero, nos dirigimos a una puerta tras la cual nos esperaba Ryan con su amabilidad auténtica. 

martes, diciembre 27, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 2

Comienza aquí.

Road trip disfrazado

Los bolsos estaban listos. El mío – rojo y chino – llevaba lo indispensable mientras el de Lina parecía demasiado repleto a sus ojos; con ellos emprendimos camino hacia el barrio chino, en downtown, bajo un cielo, aún oscuro, de primavera fría.

Una vez salimos de la boca del metro comenzamos a ver la imitación del país continental. Los papeles pegados en las paredes tenían ideogramas en su mayoría, haciéndote creer que habías cambiado de región planetaria en el tiempo que te toma la siesta post-almuerzo.

El viaje comenzó mientras nosotras intentábamos no ser arrulladas por el movimiento del bus, pero era harto difícil. Tararear las canciones oídas en el concierto de la noche anterior a veces nos ayudaba a mantener la vigilia mientras que otras sólo nos facilitaban el descanso.

Recorrimos carreteras de Connecticut, Rhode Island y finalmente las de Massachusetts. A pesar de que yo me ilusionaba, creyéndome muy guerrera por estar imitando un viaje de carretera, la afroamericana que estaba atrás diciendo “hujummm” cada tres minutos, mientras relataba, a través de su teléfono celular, todo el menú itinerante, me rompía la fantasía. En realidad yo entendía a medias y Lina me traducía. Lo que tenía claro era el sonsonete que decía “hujummm” y que me despertaba cuando estaba a punto de profundizar mi sueño, uno que también me impedía dejar de lado mis prejuicios acerca de las señoras grandes, negras y que desaparecen las donas y cualquier otro tipo de bizcocho que llegue a sus dedos.

La pausa que hizo el bus antes de llegar fue bastante insulsa. Viniendo de un país latino estoy acostumbrada a sitios coloridos, ruidosos y polvorientos donde los pasajeros se bajan a prisa para comer y beber tanto como sea posible antes de volver al tubo metálico. En ese lugar la parada se hizo en un McDonald’s y todos iban muy calladitos, incluso ese gringo buenmozo con libro en mano.

Sigue aquí.

lunes, diciembre 26, 2011

No todo puede ser New York: Boston - 1


El viaje sí comenzó en Nueva York, como empiezan muchos recorridos. La idea era conocer Salem, a pesar de que a Lina y a mí nos decían:

- Salem? But there isn’t anything there.

El fin de semana iríamos a Boston para que yo pudiera capturar con los ojos tanto como fuera posible en un lapso tan corto. Así, el inicio nos encontró en el tren, muy probablemente en la línea 7. 

Ryan, un amigo de Lina, era otro de los que planeaban visitar la Atenas de América y el culpable de que un viaje de mochileras se convirtiera en una experiencia tan divertida como placentera.

Las dos, dándonoslas de mujeres jedi pensábamos coger un bus para, cuatro horas más tarde, andar por las calles en busca de un motel barato donde pudiéramos quedarnos, empero todo salió de otro modo. 

Ryan, al saber que coincidiríamos algunos días, ofreció cambiar su habitación doble de hotel por una que tuviera dos camas grandes. Al parecer su madre era socia de uno de esos programas de tiempo compartido y tenía miles de puntos disponibles, listos para usar; su hijo estaba dispuesto a quitárselos de encima. Había indicios de que los mentados programas sí funcionan. Luego de llamar a Lina, Ryan le enviaría un mensaje de texto para que supiera a dónde llegar tras nuestro arribo a Boston.