lunes, enero 02, 2012

No todo puede ser New York: Boston - 6

Viene de aquí.

MIT, Cheers, Quincy Market

En algún punto le había dicho a Lina que seguramente Ryan tenía amigas que estudiaran en Harvard o al menos en el MIT, esas universidades que desde el sur parecen irreales, inalcanzables e incluso inasibles y sí, tuve razón. 

Más tarde cuando hablábamos en el tren y cruzábamos el agua llena de barcos, él nos contaba de ellas, de sus amigas con apariencia nórdica que estudiaban en la famosa institución identificada por tres letras. Las vimos por única vez en el mercado de nombre esquivo y hablamos con ellas cinco minutos a lo sumo. La diferencia entre turistas – ¿o viajeros? – y residentes es de carácter temporal: mientras los primeros recorren precipitados los lugares que creen importantes, los segundos andan por ahí como si tuvieran la vida entera para dedicar un día entero a cada monumento. A las amigas de Ryan no les atraía la idea de vagar por los pasillos flanqueados de puestos de comida dulce y salada, siempre limpios y ordenados, así que identificaron el sitio donde querían comprar sus alimentos, entretanto me sorprendía la posibilidad de probar un sándwich de langosta.

Hambre, creo que teníamos mucha hambre porque recuerdo que pronto nos sentamos a comer en alguna barra en ese sábado que había convocado a tanta gente en ese espacio. Luego vinieron algunas fotos con ángulos rebuscados y sonrisas verdaderas.

Ahí estaba la réplica de ese bar, ese al que no entré, ese igual a donde se grababa Cheers, un sitcom gringo que tal vez vi un par de veces siendo niña; lo supe por la cantidad de clichés ambulantes que se detenían con sus gestos refritos para ser fotografiados digitalmente. Sin embargo lo que más me sorprendió fue la honestidad, o lo que me pareció honestidad.

Ese mapita que Ryan nos había dado y que nos serviría para ubicarnos mientras él estaba con sus amigas de colores claros, permanecía solitario en un estante de una tienda de recuerdos que visitamos con Lina, una en la que sí hicimos compras, compras que nos hicieron olvidar su presencia hasta que decidimos que no queríamos una foto en Cheers. Desandamos los pasos previos y volvimos ansiosas para comprobar que nadie lo había tocado, como nadie toca los lápices que dejas en las mesas de la Biblioteca Pública de Nueva York cuando te levantas para ir al baño.

Sigue aquí.

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