miércoles, enero 04, 2012

No todo puede ser New York: Boston - 8

Viene de aquí.

Tipsy, I like that word

No saber nunca qué peinado usar, ni mucho menos qué maquillaje o qué atuendo llevar parecen ser mi firma cuando debo poner en práctica mis habilidades sociales, por eso sólo me lavé los dientes y esperé a que Lina completara su ritual previo a la salida.

“Yes” era la sílaba mágica que tenía que pronunciar para ir de un lugar a otro, por ejemplo del hotel a la casa de Philippe. 

Caminamos. En Boston caminábamos de noche sin preocuparnos por las distancias pues a casi todos los lugares era posible llegar usando un par de zapatos cómodos. No sabía qué esperar, más bien no esperaba nada cuando salió este muchacho de sonrisa amplia y modales depurados. Era lindo, mucho, a Lina y a mí nos gustó al verlo. No sé cuándo se nos unió otra persona, mujer, y tampoco recuerdo cómo llegamos al primero de los bares donde varios estudiantes veían en pantallas gigantes un partido de algún deporte de equipo.

Ryan me preguntó qué quería tomar y protestó cuando respondí “a soda”. Yo, tan arisca con los licores, cambié de opinión para tomar un Cuba Libre. Ese ambiente, esa rumba tan puritana, me gustaba por eso sentí que algo no encajaba cuando tuve que apurarme para abandonar sobre una mesa el vaso de trago aún lleno. Íbamos a otro bar.

Aves pequeñas de maíz inflado como pasabocas y cerveza con una rodaja de naranja eran los objetos que se veían sobre la mesa. Las frases, las carcajadas y recibir cambio de un billete de cincuenta dólares, que creías perdido en la siguiente ronda, ilustran sólo parcialmente la diversión que se hace posible cuando te sientes tan nativa en suelo extranjero.

Volver al hogar, al temporal, al calentito y limpio, volver a pie para que el viento frío y delicado te devuelva un poco la lucidez que perdiste con tanto gusto. Aprender el significado de la palabra “tipsy” en el camino, con la experiencia viva y risueña.

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