viernes, febrero 10, 2012

Armas delicadas




jueves, febrero 09, 2012

Frío (lectura)



La versión escrita de este texto escrito por @LaChargoy se encuentra aquí.



miércoles, febrero 08, 2012

Él

martes, febrero 07, 2012

Primavera eterna



Pasos que sin proponérselo encuentran compañía, mentes alegres capaces de iluminar circunvoluciones ajenas, quizás con recuerdos aún no inventados.

Deseos, anhelos mínimos para la voluntad titánica del Universo haciéndose realidad como parpadeos.

Luciérnagas inasibles que cruzan los caminos consuetudinarios, aquellas que sólo puedes ver con los ojos cerrados y las arterias abiertas.

lunes, febrero 06, 2012

Los olores del tiempo


Las calles de Buenos Aires están cubiertas por olores, a veces, imperceptibles. No siempre se trata de un perfume de diseñador, del café recién preparado o del humo de los tubos de escape, a veces, muchas veces, es el del papel.

En los puestos de diarios y revistas de Buenos Aires se puede comprar el aroma de revistas de decoración, moda, psicología, manualidades y autoayuda. Al lado de cuentos para colorear es fácil hallar humores añejos, provenientes de clásicos  reeditados, además de notas ácidas y dulces traídas por opiniones políticas diversas.


En otros lugares, más escasos y perdidos es posible olerla a ella, a la literatura. Nora DiPardo, librera en una librería de barrio, cuenta acá cómo ha aprendido a conocer bien ese perfume que quizás no lleguen a conocer, cuando sean adultos, quienes hoy tienen diecisiete años.


¿Cómo y hace cuánto te hiciste librera?

Soy librera desde el año 1986 que comencé con los libros, fue una elección, no fue una casualidad; siempre dije, o voy a trabajar con libros o voy a trabajar en la música, con discos, con CDs que era lo que me gustaba a mí.
Acá a media cuadra, sobre esta calle que se llama Libertad, había una librería muy antigua y tradicional que se llamaba Sarmiento. Y yo trataba de buscar esas librerías de renombre, como todo chico que quiere desafiar, y fui a Hachette, que ya no existe más, una francesa, ahí trabajó incluso Rodolfo Walsh de corrector, pero te exigían el idioma francés y yo sabía hablar inglés. Después ese mismo día me vine acá a Sarmiento, buscaban vendedores de papelería, con la opción de que en un futuro podíamos ir cambiando. Y comencé a trabajar en una semana. Tenía veinte años.

Estuve tres años en papelería, ya había aprendido todo, necesitaban gente porque se jubilaba una persona de libros y me pasaron a prueba, tuve una alegría tremenda, porque además tenía compañeros grandes que me enseñaban mucho, que me exigían en cuanto a recordar. En esa época había catálogos, se usaban unos libros que se llamaban búsquedas, eran inmensos, también los usaban las bibliotecas… consultar autor, título, atender al cliente teniéndole paciencia, recomendándole, pero ellos ya se daban cuenta que era una chica nueva y tampoco le iban a exigir mucho.

Empecé con infantiles, tenía que estudiar todos los catálogos, había como diez, quince, incluso de cosas que no teníamos, que importaba la librería. Así empecé, solamente acomodando, sacando stock y atendiendo gente que iba a esa sección infantil. Con el paso de los meses pude atender novela, arte... y estuve en esa librería hasta el año 94'.

En Sarmiento yo aprendí y en Florida [El Ateneo] ya como que estaba en la facultad, en la universidad porque ahí también tuve maestros que estuvieron con Borges, además es un edificio emblemático. En la década del veinte o treinta, fue una casa de audio de RCA Victor, ahí grababa Carlos Gardel. Y yo… tan fanática de él.
Después me tocó a mí, como sabía idiomas, en el subsuelo, que es donde estaba el estudio, desarrollar mi actividad porque había idiomas, deportes… diccionarios. Entré y me asusté, porque yo pensé que sabía todo, te sentís ganador. Tenía casi treinta años y me dijeron “acá por dos o tres meses usted va a tener que mirar, esto, esto, esto”. Eran paredes altísimas, era filosofía, esoterismo, todas cosas mezcladas, por lo menos diez rubros diferentes y miraba como si fuera el primer trabajo que tienes. Y bueno, pasaba el plumero porque me ayudaba, no me lo obligaban pero era una costumbre que había tomado ahí y miraba todos los libros, los acomodaba. Así estuve casi tres meses, sin atender, hasta que me dijeron “¿está preparada?”… Hermoso, para mí fue una etapa hermosa, estuve casi cinco años. Al poco tiempo cambiaron de dueño, lo vendieron a una empresa petrolera. Siempre trabajé en cosas que me gustaron, gracias a Dios, hasta ahora tuve esa suerte.


Tu formación fue autodidacta y gracias a las circunstancias, pero entiendo que hay otras personas que se forman como libreras quizás estudiando…

Sí y aparte en mi casa leía mucho. Mis padres… eso es otra cosa, si no tienes alguien que le gusta leer en tu casa tampoco te pueden llamar la atención los libros. Cuando yo estaba ahí [en El Ateneo] se creó una carrera que se llama Técnico en Edición, que se dicta en la Facultad de Filosofía y Letras de acá… estuve casi dos años. No la terminé, me faltan todavía muchas materias… ahora hay muchos chicos, en esa época éramos muy poquitos, incluso había gente grande haciendo la carrera, yo era casi de los más jóvenes que había y ahora se dicta en universidades privadas.


¿Cómo eliges tus lecturas?

Hay que leer de todo, pero uno tiene sus preferencias. A mí me gusta la Historia, la Filosofía, la Política, más que novela, sobre ese tema. No me gustan las novelas.

Entra tanto, ese es otro cambio que hubo desde que yo empecé, hay tanta edición de libros acá en Buenos Aires, editoriales pequeñas, que tampoco hay tiempo para leer, cada vez hay más [títulos], por ejemplo este detalle: las vidrieras en las librerías se hacían una vez por mes y ahí quedaba, ahora se hacen tres veces al mes, se tendrían que hacer más pero a uno no le da el tiempo. La gente ahora sabe que una novedad puede venir el quince, el veinte del mes porque no tiene un parámetro de fecha.

A veces elegís el fin de semana un día, o algún día de la semana pero no te da el tiempo, un libro tarda mucho en leer, tampoco es que me gusta leer rápido, hay que pensarlo… leerlo despacito para reflexionar, pero a mí siempre me gustó, quizá porque lo heredé de mi papá, le gustaba toda la Historia, la Historia me encanta.

¿Cuál es tu autora favorita?

En las mujeres de aquí puede ser Alejandra Pizarnik, me encanta, después está Claudia Piñeiro, su novela refleja los temas sociales que es lo que me interesa; es la famosa viuda de los jueves y es una autora que me gusta muchísimo en las mujeres.

Después hay historiadoras, Lucía Gálvez, Maristella Stampa, muy importante también.


¿Ahora se escribe más o se editan más libros?

Editan más porque hay muchos emprendimientos, justamente ahora estaba pasando un correo Eterna Cadencia, una editorial en Palermo, por donde está la Plaza Cortázar, es una librería que se hizo con vendedores de libros, gente grande que se juntó, localcitos chiquitos que no les fueron dando más lugar… y ahora comenzaron a editar, pero con muchos sacrificios, editan un título o dos cada tres meses y no son los grandes internacionales, como es Planeta, Sudamericana, pero acá hay mucho, mucho movimiento.

Pero entonces ¿son obras que ya existen y se reeditan o son obras nuevas?

Novedades, todo es nuevo.

¿Sueles hacerles recomendaciones a los clientes?

Sí, pero son distintos los gustos. Si vamos a mirar uno lucha contra la corriente. Acá hay otra mentalidad, esta es la zona de la mentalidad liberal, liberal de acá, no liberalismo… liberal de acá cerrado, de derecha, esta es una zona muy de derecha, pero por suerte la librería crece año a año y tenemos un público variado, hay de todo, pero la mayoría de la gente, los clientes viejos tienen una mentalidad del pasado, no quieren cambiar y como que reaccionan ante ciertos títulos y temas.

O sea que la mayoría de los clientes son fieles.

Sí, acá las librerías de barrio tienen clientela como si vinieran a la panadería, hay un cliente fiel. Tenemos muchos que no conocemos que vienen por una novedad,  porque la librería tiene una cosa de pedir el libro porque es chiquita, tenemos casi todo pero se piden libros, incluso la gente por comodidad dice “ah, bueno traémelo para mañana” y ya se hace cliente. Tenemos mucho cliente de libros escolares, que en otras librerías no venden porque no hay ganancia. Acá los descuentos para los libros escolares son muy chiquitos, el 15, 17 por ciento, a veces 20, a las librerías en general no les sirve. Nosotros para tener el cliente y para crecer nos metimos. Ahora todos los años no sabés lo que es marzo y abril, no hay espacio, no hay lugar, la gente espera afuera…

¿Nora cómo es tener muchos colegas hombres y pocas mujeres?

(Risueña.) En ese aspecto ellos te respetan mucho. Vos tenés que demostrarle que sabés a un hombre, más en la cuestión libros. Al hombre le encanta enseñarte y decirte “las cosas son así”, pero cuando se dan cuenta que uno entiende o tiene memoria te respetan mucho, es lo mismo que los corredores de libros, son todos hombres, de diez corredores encontrás una mujer. Acá vienen dos mujeres corredoras de libros… que ahora con la cuestión de Internet y todo eso se está quedando, pero estas librerías de barrio todavía lo solicitamos. Ahora desde las casas mandan los cambios de precio, las novedades. Nosotros como somos antiguos todavía en nuestra manera de movernos no abrimos todos los días el Internet, lo abrimos para algo determinado, cuando nos dice un cliente “mirá que te voy a hacer un pedido”. Las librerías grandes de shopping se manejan todo con eso, tienen otra modalidad. A veces se nos pasan novedades porque no abrimos, lo abrimos cada tres días, entonces nos enteramos de lo que sale por revistas, por diarios. En mi caso no porque soy de recorrer todo, de partes que uno pasea o tiene una obligación, veo una vidriera, anoto lo que no tengo. A mí me encanta eso, es lo que yo aprendí.

Hoy se dice que la gente no lee.

Es verdad, no lee por la falta de tiempo, porque trabaja mucho pero el lector voraz tiene un tiempito. El que viaja en colectivo puede comprar un libro, porque tampoco son baratos, o el que viaja en avión lee un libro de bolsillo… Se va a hacer un estudio sobre por qué no leemos mucho, porque sabiendo que hay tantas librerías y que se compra tanto no hay relación.

¿Por qué crees que la gente compra libros si no lee?

La costumbre nuestra y también personal “vos sabés que compro, compro libros, hago pilas, pilas, pilas y después… yo ya sé que tengo el libro, lo abro, pero no me da el tiempo para leer todo” pero bueno, eso es lo que tenemos acá, somos compradores compulsivos, el argentino es así: en la ropa, en libros, en música. La otra vez tenía cuatro CDs que no había escuchado y siempre digo en algún momento lo voy a hacer, esa es una costumbre argentina, no sé si todos los países la tendrán, de juntar libros.


¿Cómo se define un lector maduro y cómo uno primerizo, novato?

Un lector maduro obviamente el tema que te solicita sabés que vos le podés hablar y te cuenta los autores, las preferencias, de qué trató el libro, todo eso y el novato vos ves que generalmente son los jóvenes de veinte años, treinta, quizás hasta cuarenta que te pide que le recomiendes un libro, que sea bueno y que te enganche, “me cuesta mucho y tengo que engancharme” y uno le recomienda esos autores jóvenes de ahora, americanos por ejemplo Chuck Palahniuk, argentinos Alan Pauls… después vienen a agradecerte y nosotros también le damos la variante “mirá que si no te llega a gustar, las primeras páginas, lo traés y lo cambiás”, o si es un libro de regalo “lo recibí y ya lo tengo”, es la otra forma. Y están muy agradecidos.

¿Cuál es el grupo de personas que más vienen?

Acá vienen personas mayores, tenemos muchos clientes mayores heredados de la otra librería que estaba al frente, muchos pensaban que se había mudado acá, pero después se dieron cuenta que no, que nada que ver. Y los hijos ─esta gente que tiene setenta, ochenta años─ que tiene sesenta o cuarenta y tantos también vienen.


Entonces vienen buscando otro refugio, porque donde compraban libros ya no está, y llegan a este.

Claro y los que son infieles, que compran en el Patio Bullrich, que está a poquitas cuadras de acá dicen “ah, no, fui, ahí, como que paseé, porque queda más cerquita que acá pero no, no lo cambio, por la atención, porque hay cosas que quiero y no las consiguen, me dicen que no, se vende lo que hay”.

Es un tema averiguar, no todas las librerías te lo hacen, nosotros vivimos constantemente averiguando por el stock de un libro, o a veces recurrimos a la compu para que sea más rápido, ¿qué librería colega puede tenerlo?, ¿quién conoce ese libro?

Para ser de las librerías como las de antes tenés que tener pasión, acá no es como otros trabajos que vos venís, cumplís horario, que mirás el reloj para salir corriendo, no, las librerías de barrio son raras porque realmente nos gusta [el trabajo].


Además de libros ¿hay algún tema recurrente en las conversaciones con los clientes?

Sí. Acá se termina derivando siempre, cuando ya es cliente, de cómo va la nación, cómo está el país, ése tema se toca. A veces es muy delicado porque uno está en un negocio y tiene que poner su visión, tiene que más o menos hablar pero ser respetuoso. Generalmente también lo que se exhibe en la vidriera; hay momentos en que ponemos mucho de arquitectura, de moda y ya entra el cliente a hablarte de ese tema como si vos tuvieras todo.

Ahora hablemos un poco de la economía de los libros. Yo tenía la percepción de que acá los libros eran baratos, está Parque Rivadavia… En Colombia se dice “cuando vaya a Argentina tráigame libros”…

Donde se venden libros usados y está también Plaza Italia.

…pero en general los libros no son baratos. 

No, un libro te sale mínimo 55, 60 pesos, hasta 140, 150, el que sea, de cualquier tema. Yo sé que en Estados Unidos se vende mucho el paperback, acá no, te dicen “¿este libro? No, no me gusta el papel”, te lo compra cuando está agotada la edición original y no le queda otra, igual no es barato porque un libro de bolsillo te cuesta 50 y la edición original te puede salir 90. En esta librería por ejemplo no se mueve el paperback, quizás por Corrientes sí.
En Chile, tenemos ahora muchos clientes de Chile, el libro es carísimo, tiene IVA, acá en la Argentina no tiene IVA, y se cruzan la cordillera para venir a comprar, pero sabemos también que la gente que viene a pasear tiene muy buen poder adquisitivo; antes iba a Mendoza, porque la tienen apenas cruzan pero a veces no les alcanza con el stock que tienen porque son librerías más chiquititas que esta y vienen los fines de semana a comprar libros infantiles, novelas y se llevan muchísimo, con el dólar capaz que te hacen una compra de 300, 400, 500 pesos porque vienen cada cinco, cuatro meses.


¿Qué libros se venden solos?

Los best-sellers, los de temas picantes, de política, los de qué pasa en el gobierno,  cuando algún periodista escribe chismes políticos, vuela, se vende solo, y sabemos que a veces no dicen la verdad, pero acá tienen muchos lectores; los libros de autoayuda, [Paulo] Coelho, [Jorge] Bucay.

Los clientes que compran esos libros ¿son esporádicos?

Los que compran esos libros no son buenos lectores, ya está confirmado porque no son libros baratos y no leen otra cosa que no sea eso, son los que compran revistas de la semana de esas de chismes. Los libros que están saliendo de best-sellers, por ejemplo el de [Luis] Majul, es un periodista argentino muy polémico, mediático y trata de vender su visión, y la gente sabe que no es la verdadera, pero lo compra igual.

Se dice que ahora hay un auge del periodismo narrativo, para ti ¿es así?

Sí, hay aun auge.

¿Crees que es uno de los temas que puede estar manteniendo la industria editorial o no?

Ayuda porque generalmente el periodismo narrativo lo sacan las editoriales multinacionales; por mes ellos sacan quince títulos y entre esos tienen la ficha en ese libro que saben se va a vender.

¿Cuál sería el medio natural de este género? ¿Las revistas o los libros?

Generalmente cuando ellos [los autores] escriben un libro, escriben en diarios que son masivos o revistas que han tenido mucha aceptación, por ejemplo tenemos a Beatriz Sarlo, es una señora que viene de la Filosofía, dictó cátedra en la facultad y de golpe mutó a periodista. Escribió alguna vez unos artículos por invitación y tuvo mucha repercusión, y ahora escribe en diarios, ahora todos la catalogan de periodista cuando no es, y como periodista no es buena su opinión. Se la respeta por su pasado; escribió un libro hace unos meses contra el gobierno de Néstor Kirchner y tuvo en ésta zona [Recoleta], en ésta zona te lo repito, una salida tremenda y vas cruzando Avenida Córdoba para el Centro, no la tuvo tanto.

Hablemos un poco de los libros en los supermercados.

Eso para el librero es muy doloroso. En el mundo es muy común, en la Argentina como que se rechaza, sólo pocas cadenas como Jumbo, Carrefour tienen el tema de libros. Al libro se lo trata como si fuera una lata de tomates en esos lugares, están tirados por el piso, están pisados, para el librero es muy chocante, pero… las editoriales que tienen libros en esos son Sudamericana o esas editoriales grandísimas que no les importa, incluso les hacen precios especiales porque les compran mil, y en las librerías así [de barrio] no se puede. La gente que compra libros en supermercados tampoco es lectora. En la Argentina todos los años hay una feria internacional del libro, cada año es más importante, cada año crece más, el que concurre tampoco es lector porque le gusta estar en este mundo, caminar rodearse de libros, incluso se roban muchos libros en esos días… hay cosas que hay que estudiar y analizar.

Los supermercados ¿están acercando realmente los libros a las personas o no?

Por lo menos ayuda al que no le gusta leer, el que se choca cuando está haciendo cola. Los que arman las góndolas tienen la buena visión de colocarlo cuando la gente ya va llegando a la caja, a veces está en la cola una hora y ya se engancha y lo pone en su carrito de compras. Por lo menos  a veces se acerca quizás algún lector, pero no creo que con eso se haga.

Algunas personas dicen que los libros dan estatus y que por eso se compran, como que son un artículo de lujo ¿esa percepción existe acá?

En eso no coincido tanto. En esta zona que vivimos, que nos movemos, es muy distinta a lo que es cruzando hacia el Gran Buenos Aires, allá cuesta todo mucho más, se trata de analizar la compra mucho más, es importante decir eso, pero acá es algo de todos los días venir a comprar un libro; no en todos los lugares de la Argentina, eso seguro.

Cuando las personas que no son lectoras habituales ven libros en promoción en un supermercado ¿sienten que acercarse a ellos es más fácil?

Sí porque a muchos les da vergüenza entrar a una librería, hay mucha gente que no es lectora en la casa, ni el diario lee, a veces pasa eso.


¿Qué papel juega Internet en este asunto de acercar la lectura o los libros a las personas? 

Ahí tiene que ver según el nivel de vida, según el nivel adquisitivo, según el estándar de la persona es como llega el libro, en ese caso para el que tiene Internet y computadora es una cosa más que le ayuda a alimentar su sapiencia.

Para decirte algo: los chicos jóvenes, no quieren leer libros. Leer el Martín Fierro en el colegio es obligatorio, Don Segundo Sombra, una obra de teatro, Alejandro Casona… no quieren leer el libro porque abren la computadora, tienen un resumen y ya está solucionada la vida… Nivel ocho años hasta veintidós, veintitrés. Ahora les cuesta leer, te leen todo por Internet, quieren el resumen, todo hecho ya y no es así, ni usan la cabeza, los chicos de hoy no razonan, es una lucha que hay en los colegios tremenda.

¿Cómo te imaginas el futuro de los libros? ¿Cómo va a ser tu trabajo en treinta años?

Las librerías por supuesto que van a seguir estando, va a ser todo más ligado a la electrónica. No es que uno se resista, es que la gente también te elige. Dentro de treinta años va a estar el público que te digo no le gusta leer, entonces es seguro que nos imponga un cambio, pero también hay gente que nos está pidiendo, gente grande que no se quiere mover. Yo en mi cabeza lo tengo pensado, hacer [la página], de a poquito ir cargando todos los libros porque además sabemos que la compra mediante Internet es muy buena, como ahora uno elige el delivery de la comida, en los libros el cambio va a estar, pero que cierren las librerías y se terminen no.

Te doy un ejemplo de una persona que vino ayer, que tiene un laboratorio, es un lector de Historia; generalmente los libros que están saliendo son libros tomos que parecen el Pequeño Larousse y dice “me devoro estos, pero me vino bien comprarme el e-book del Amazon porque trae todas las novedades, pero jamás dejaría de leer libros ni lo cambiaría por esto, me ayuda, como si fuera un complemento, como el que tiene celular y quiere tener el iPod”. Yo pienso que al que le guste el e-book va a ser un chico que tiene diecisiete, dieciocho años, el libro para mí nunca va a desaparecer… el aroma que traen los libros, para el que es fanático de los libros lo primero que uno hace es… tiene como un perfume, y [el e-book] no, es algo tan técnico que nunca te va a llamar la atención.


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