viernes, diciembre 14, 2012

Los publicistas: Lo que me gusta y lo que no

Tengo claro que la vocación que me eligió no es fácil por eso he tratado de ser tan flexible como me es posible a la hora de trabajar, sin embargo eso no quiere decir que me encante la publicidad, no por nada la abandoné, cuando intenté estudiarla, dos semestres más tarde. He aquí lo que me gusta y lo que tolero a las malas con tal de poder pagar cuentas y, sobre todo, viajar.

Se creen genios. Los físicos que intentan entender la dinámica del universo o los campeones de ajedrez no tienen nada de admirable, según ellos. A cada nuevo descubrimiento lo catalogan de cool, de lo máximo, de lo más, de the best, por lo tanto una medalla de oro en unos olímpicos es, a sus ojos, un logro que cualquier mortal con suficiente tiempo libre puede alcanzar. Los más comprometidos con su profesión, supongo, sólo reconocerán los premios logrados en festivales publicitarios porque a eso aspiran, allá quieren llegar.

¿Administración del tiempo? ¿Qué es eso? Entre a una agencia de publicidad a las 3 de la tarde un día en que no se esté trabajando en una licitación. Es muy probable que encuentre a un grupo de personas viendo un video cómico en YouTube o coreando alguna canción de moda que está a un volumen poco saludable. Lo hice, ahí estuve, a eso de la una, una y media de la mañana, cantando, riendo porque las 8, 9 horas anteriores no hice un carajo y me tocó quedarme trasnochando para entregar esa pieza “urgentísima” que el cliente iba a olvidar más rápido que un paciente con Alzheimer avanzado. Los publicistas, en general, no tienen sentido de la urgencia. Derraman sin culpa los minutos para luego, a la madrugada, querer escurrirles los segundos a los plazos de entrega.

Pero ¿qué importa una tilde? No sé cómo andan las facultades de publicidad en estos días. Si me dejo guiar por lo que veo en los comerciales, las vallas y las cuñas creo que no muy bien. Parece que olvidaron o nunca supieron que tienen una responsabilidad grande con la población, especialmente con aquella que imita lo que hacen, con gente que difícilmente accede a educación terciaria o a Internet, por eso no les importa ponerle tilde a “ti” ni usar el verbo solicitar en vez de aplicar. A ellos les chupa un huevo la gramática siempre y cuando “suene como habla el público objetivo”. Usar el lenguaje correctamente sólo les interesa cuando se trata de usar el término gringo de moda para verse más cool.

Owly Images


Los textos largos les dan dolores de cabeza. Me harta cuando tengo que pasarle una propuesta a un publicista. No importa cuántas imágenes use, cuántas veces corte a la mitad los párrafos, siempre pedirán explicación porque “todo esto es muy confuso”. Si le pides a alguno hacer un brochure responderá algo así como “no ¡qué pereza! Si yo soy copy”, sin asomo de rubor. Lo de ellos son los 100 metros planos, no los maratones y con eso quiero decir que más de un párrafo puede enredarlos al punto de olvidar su nombre. Sus cerebros parecen tener una capacidad de almacenamiento que se satura con las aplicaciones de moda para iPhone.

Son más consumistas que una mujer a punto de separarse que goza reventando las tarjetas de crédito del futuro ex.  

─Me compré una blusita, lo más de linda.
─¿En dónde?
─Pues en Nike, obvio.
─La vendedora me dijo que era perfecta para hacer yoga, pero a mí que me importa el yoga, lo que yo quería era comprarla. Le pregunté en qué color la tenía, no encontré azul, pero qué importa, está hermosa, ¿no?
─Sí, claro.

Mientras tanto, en otra agencia:

─Ay no sea así, acompáñeme al supermercado.
─Pero no tengo plata, no han pagado y yo ya estoy sin un peso.
─No importa. Camine, así sea una chocolatina se compra.
─No, no me tiente.
─Vamos que no quiero ir solo.
─No… (dudándolo).
─Vamos, vamos, vamos.
─Bueno, pero no compremos mucho porque me toca pagar con la tarjeta de crédito.

Creo que con estas muestras tomadas de escenas reales es suficiente.

Pero no todo puede ser malo, si así fuese yo no comería ni trabajaría con este rubro. Voy con lo que me gusta.

Piensan de un modo distinto. Cuando tuve que aprender a trabajar en equipo, más exactamente en dupla, no me hallaba con mi ex compañero que se encargaba de la parte gráfica. Con el tiempo dejé de tomarme algunas cosas tan en serio, disfrutaba algunos de sus chistes, pero sobre todo admiraba el modo en que pensaba. Los artistas gráficos llegan a resultados de un modo difícil de entender para un ingeniero o un biólogo. Crean conceptos a partir de ideas y caminos tan distintos e inusuales que es inevitable tomarles cariño cuando se descubre la magia que ocurre en sus cabezas.

Aunque a veces pienso usando imágenes me sorprende lo que pueden lograr, de ahí que a mis amigos diseñadores les perdone todos los errores de ortografía porque crean piezas hermosas.

Diseñado por @cezt mi ex-dupla.

Son emprendedores. A diferencia de los poetas (a ellos también les voy a dedicar una columna como esta) buscan plata hasta donde no la hay y si es necesario se la inventan. No me gusta eso de que generen necesidades o que digan “el consumidor no sabe lo que quiere, nosotros sí” pero me reconozco como una burguesa buenavida irremediable, por eso les abono que no se queden en el charco mirando el barro sino que se inventen vasijas para vender.

El capitalismo no es un sistema chévere, digan lo que digan. Los millones de pobres que hay en el mundo lo prueban a diario, sin embargo tampoco pretendo que todos seamos hambrientos y miserables para traer igualdad al planeta.

El modo creativo en que ven el mundo los hace más proclives a crear soluciones que a enredar sin esperanza un problema.

Pagan mejor que en otros campos. Habiendo andado las rutas de la selección de personal sé que en esta industria se gana mejor, en parte y con tristeza, porque se valoran más las habilidades afines con el diseño que las necesarias para educar bien a un niño, empero cuando uno es perfeccionista y se esfuerza por hacer las cosas tan bien como sea posible, sin descuidar los tiempos de entrega lo mínimo que se espera es que los demás reconozcan ese esfuerzo, y si la estima viene con una palmadita con buenos números, mejor todavía
.
He tenido que trabajar para bancos y otros sectores financieros, descubriendo que entre más rimbombante el nombre más tacaña la corporación, por eso he dejado de trabajar con esos clientes tan pronto he podido. Dedicarse a temas poco nocivos en publicidad es complicado, mas si uno es observador y sabe encontrar las rendijas que existen para no hacer mal, o al menos no empeorarlo, se puede aprender a moverse entre publicistas sin perder la razón ni vender el alma.

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