lunes, julio 29, 2013

São Paulo y sus tentáculos hechos de gente

Los sitios que tienen alguna influencia oriental –Uruguay incluido─ o que directamente están ubicados en el continente asiático me inspiran mucha curiosidad, por eso me llamaba tanto la atención visitar Liberdade, el barrio japonés de São Paulo.

calle de liberdade sao paulo brasil barrio japonés

Antes de estar en esta ciudad tenía mucho miedo. La veía como un monstruo inmanejable, caliente, incontrolable y sin ningún orden. En gran parte es así, pero también me ayudó a comprender para qué nací en Bogotá: por haber nacido y crecido aquí ahora tengo lo que se necesita para moverme sin aspavientos en grandes moles de cemento, y sin más que mi propia compañía.

São Paulo sí es un monstruo con tentáculos que se mueven todo el tiempo y que siempre tienen gente encima, el perfil además es el de una Tokio incrustada en Latinoamérica. Mírese a donde se mire los edificios, lindos, viejos, sucios, improvisados, grises, azules no dejan de aparecer, por eso es muy fácil sentirse asfixiado en este lugar, sin embargo para ser justa debo reconocer que los brasileros incluso allí me trataron bien.

En una ocasión, cuando iba al Terminal Rodoviário do Tietê, usando el metro, no encontré escaleras eléctricas para bajar un tramo. Ahí, mientras batallaba un poco con mi no tan grande ni tan pequeña maleta, apareció una señora, de la mano de una niña de 4, 5 años preguntándome si quería ayuda. La acepté y la mujer, para el colmo de la amabilidad pretendía que cargáramos la maleta incluso cuando apareció la anhelada escalera eléctrica, ya ahí le di las gracias y le dije que era suficiente.

Disfrázate de local


Las ciudades grandes dan la posibilidad de mezclarse con los residentes gracias a esa impersonalidad que las domina. A diferencia de los pueblos, en donde si insultas a alguien para el otro día ya lo sabe hasta el alcalde, en una ciudad de dimensiones insalubres, vestirte con unos jeans, una camiseta y unos zapatos deportivos te hace ver como cualquier otro dígito. Si a eso le sumas un par de mapas de sectores clave guardados en la galería de fotos de tu celular, para consultarlos cada tanto en la calle, sin ser tan idiota como para descuidar tu teléfono y dejar que te lo roben de un manotazo, estarás bien. En general nada dice tan claramente “soy turista” como un sujeto parado en el medio de una plaza con su enorme mapa quebrado en 8 ó 16 viendo dónde está y para dónde va.

Una vez hechos estos preparativos puedes lanzarte al sitio que más te plazca, que para este relato será Liberdade.

El barrio de los faroles rojos


Liberdade es el barrio que alberga más japoneses fuera de su país de origen. Los habitantes son descendientes, e incluso algunos inmigrantes originales, de las distintas oleadas que llegaron al país, desde el siglo XIX, para trabajar en el campo y, con el tiempo, fundar negocios de otros tipos.

productos asiáticos en un suoermercado en liberdade sao paulo brasil

Llegar allí es muy fácil porque las estaciones de metro Liberdade y São Joaquim están dentro de la zona, así que uno no necesita lidiar con rutas de buses urbanos y sus giros desconocidos para poderle tomar fotos y más fotos a las lamparitas rojas que le dan ese aspecto tan particular.

Ahora lo que cada quien haga allí o cuánto se demore depende del gusto. Yo que por esta época atravieso un enamoramiento serio con el té y su cultura pasé horas enteras explorando tiendas y recorriendo calles. Al final no encontré ninguna casa especializada ─quizás exista pero a pesar de haberle preguntado a alguna persona que trabajaba en la zona no tenía mucha idea  del asunto. Mis compras terminaron (por fortuna) con algunas variedades que encontré en los supermercados, importadas para el consumo frecuente de los habitantes locales. Sin embargo encontré también una pastelería de la que leí en un artículo de la revista Travesías.

Después de haber hecho lo mismo en Buenos Aires, es decir, luego de pasar toda una tarde haciendo compras, caminando y sacando muchas fotos dentro de un barrio oriental, creo que lo mejor es cerrar el día con un té caliente mientras disfruto los dolorcitos de los músculos cansados y veo la muerte de la hora pico. Cuando estoy de vacaciones lo último que me interesa es mezclar miles de sensaciones nuevas, frescas, con la baraúnda que se forma en las bocas de los metros o a las puertas de los buses. Por eso recomiendo mucho Itiriki. En ella encontré vacías varias de las canastillas de bizcochos, sin embargo luego apareció una de las empleadas llenándolas con tentaciones recién horneadas, listas para poner a prueba a los más decididos. Las mesas del segundo piso se llenan hacia las seis de la tarde con gente que entra sin pausa a este sitio ubicado a dos cuadras y media de la Estación Liberdade.

En cuanto a los otros lugares mencionados en la guía de Travesías lo mejor es no hacerse muchas ilusiones. Dos de los restaurantes nombrados allí estaban en direcciones que correspondían a rejas cerradas, cubiertas con pintura vieja, enmarcadas por paredes sucias y dentro de cuadras donde la mayor actividad tenía que ver con camiones cargando o descargando mercancía. El Museo de la Inmigración Japonesa, en cambio, está en funcionamiento pero como queriendo llevarle la contraria al estereotipo del turista oriental: dentro de él está prohibido tomar fotos.

músicos callejeros tocando cordófono tambor y shenai en liberdade sao paulo brasil


El Centro Histórico

centro historico de sao paulo

Un plan alternativo o complementario, según se lo quiera ver, es visitar el Centro Histórico de São Paulo. Cuando estuve en Liberdade decidí hacer dos recorridos en uno, por eso caminé un poco por lugares como la Plaza Sé, una de las sedes de los tribunales, otra de la Alcaldía y hasta por el Teatro Municipal. Quise ir al Edificio Martinelli y a un mirador que estaba cerca, pero como suele ocurrir a la vida le dio por escribirme el guión y yo me dejé llevar, por eso terminé metida en Sebopédia, una librería de viejo en donde hay librero, un señor de lo más amable que me mostró un par de libros de Clarice Lispector y que me dejó vagabundear a vontade entre los estantes.

Entrada a Livraria Sebopédia, Rúa Libero Badaró, 100
viaduto do cha placa

puesto ambulante de orishas yorubas no viaduto do cha

Más tarde descubrí O viaduto do Chá, que podría traducirse como la Avenida del té, una calle en la que, si quieres sentarte en un consultorio improvisado, te leen los caracoles, las cartas y hasta te encomiendan a Yemanjá, una de las deidades en las que creen los practicantes de la religión Yoruba.

Más fama que realidad


No, ninguno de mis miedos se confirmó al estar en São Paulo, sería una cretina si me quejara.

Para tener una experiencia positiva en esta ciudad recomiendo buscar la orientación de uno o más locales para navegar en su mar de cemento. Si no se cuenta con esta ayuda la experiencia en la ciudad más grande de Latinoamérica no será tan agradable, o por lo menos tan poco agresiva como podría esperarse.