lunes, septiembre 23, 2013

Domingos en la tarde y lunes en la mañana

“El día que te pesen los pies para ir al trabajo cámbiate de trabajo” dijo el entrevistado, “sabio consejo el que le dio su jefe”, respondí yo durante esa entrevista que estaba haciendo por trabajo. Y ayer, que era domingo volví a pensar en el hastío de los domingos en la tarde y de los lunes en la mañana. Una sensación tan común como triste.

Alguna experiencia tengo con ella, más teniendo en cuenta que soy un desastre cuando tengo que trabajar en algo que no me gusta, pero lo cierto es que otras son las sensaciones que tengo frescas.

En la época en que comencé a hacer entrevistas de investigación de mercados me levantaba emocionada todos los días, esperando escuchar con mucha atención lo que tendrían para decir las personas. Cinco años más tarde sentía mucha curiosidad por saber cómo se administraba la presencia de una marca en redes sociales; menos de seis meses más tarde entendía que la publicidad es como la Estatua de la Libertad, desde afuera se ve muy linda, pero cuando la ves por dentro y descubres todos los cables y las varillas que la sostienen y le dan forma el encanto se derrumba.

Corriendo con suerte, esa fortuna que me acompaña todos los días de la vida, vino otro cambio que me llevó a aprender de periodismo (y otro tanto de publicidad). Ahora estoy en un punto que si bien no siento es ideal tampoco es miserable, uno que me sirve para ver con incredulidad cómo tanta gente sigue amarrada durante años a trabajos que odia o no soporta.

Sé que alguna vez sentí esa aversión al día siguiente, al comienzo de la semana, pero llevo tanto tiempo dedicándome, y cada vez con más intensidad, a oficios y temas que me gustan que me parece incomprensible que tantos sigan alimentando a la máquina mundial a través de trabajos vacíos que completan para compran el pantalón, el perfume, el teléfono que no necesitan pero que los hará pertenecer al grupo social que discrimina al que no tiene, ese mismo que se evaporará cuando se le pida ayuda para encontrar un nuevo trabajo que inspirará pereza los domingos en la tarde y los lunes en la mañana.

Bendita la hora en la que decidí dedicarme a lo que me gusta porque así trabajo sin culpas un sábado en la tarde o declaro domingo un día que tiene cara de miércoles, bendita también porque desde ese momento comencé a entender que la vida es ya y no más tarde, por eso no ando pensando en lo que haré después de pensionarme. No me interesa retirarme porque a mí no se me cansan las ganas de escribir, leer y viajar, sino todo lo contrario.

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