miércoles, noviembre 27, 2013

Un capítulo vivo de la historia del arte en Colombia

El mundo de los medios de comunicación tampoco es ideal. Si trabajas en él debes aceptar con mucha frecuencia que tus artículos sean modificados por editores, directores, diseñadores, etc. para que se ajusten a las exigencias del medio, al gusto de los lectores, a los espacios dedicados a los anunciantes y la lista me queda incompleta.
A continuación el artículo que escribí después de entrevistar a Eduardo Serrano, el primer curador de arte ─oficial− de Colombia tal como lo envié, es decir no como circula hoy con la edición de este mes de la revista Habitar.

Algunas personas intentan elegir entre palabras e imágenes y otras encuentran un tercer camino. Este es justamente el caso de Eduardo Serrano, que a través de las letras llegó a la crítica artística al tiempo que hizo parte de la creación de universo nuevo en Colombia.


Conocido por ser el primer curador del Museo de Arte Moderno de Bogotá, Eduardo Serrano deja ver entre líneas que su sendero ha sido tejido por inclinaciones propias y por las sugerencias ajenas. 

En principio este experto en arte soñaba con ser un escritor de literatura y publicaba en medios importantes del país, por ello sentía que necesitaba aprender más del oficio, sin embargo, paralelamente comenzó a interesarse en el arte “desde antes de irme a Estados Unidos; yo escribía cuentos y les pedía las ilustraciones a artistas como Enrique Grau… y así me fui involucrando con el mundo de ellos”.

Esa predisposición hacia las expresiones artísticas lo preparó, tal vez a un nivel subconsciente, para dar el siguiente paso que lo cambiaría de modo definitivo.

Estando listo para matricularse en la Universidad de Nueva York encontró un obstáculo: el programa de literatura que le interesaba sólo podía ser cursado por angloparlantes nativos. Su frustración ante la noticia fue tan evidente. El decano de la facultad, quizás buscando calmarlo, le dijo “mire, estudie antropología que eso le sirve para todo lo que usted quiera hacer”. Eduardo siguió este consejo e incluyó un énfasis en historia del arte, lo que sería la entrada a todo un universo nuevo.

Por ser estudiante extranjero recibía gratis entradas para asistir a funciones de ópera y para ir aprendiendo, a través de experiencias sencillas, cómo era el mundo del arte. En ese entonces “en el Museo de Arte Moderno de Nueva York ayudaba a organizar filas, a vender boletas, nada intelectual ni nada importante”. Al terminar esta etapa de formación llegó el momento de volver a Colombia.

Lecciones y enseñanzas nuevas
Al inicio de la década del setenta Eduardo Serrano hacía parte del grupo pionero que inauguraba las primeras galerías de arte de Bogotá, entre ellas Belarca, abierta por Alonso Garcés, la cual dirigió durante un tiempo. En esa época también escribía para varios medios, atreviéndose a decir lo que otros ni siquiera pensaban.

En uno de sus artículos criticó fuertemente a Gloria Zea, directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá en ese entonces, por una exposición que había llevado a Argentina. Zea dejó que la crítica pasara a un segundo plano, entendió que lo mejor que podía hacer era invitar a Serrano a trabajar con ella para aprovechar todo su conocimiento y poder construir cultura desde el mismo lado.

Lo mejor de Colombia para el mundo
Después de publicar varios libros y de haber curado las exposiciones y la colección permanente del MAMBO durante veinte años, en 1999 Eduardo Serrano fue nombrado Director de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, para que mostrara fuera de Colombia lo mejor y más original del arte nacional. 

En este cargo tuvo tanto éxito que en el gobierno siguiente continuó con su misión pero desde el Ministerio de Cultura, hasta que llegó el momento de su pensión, mas no del retiro. La experiencia acumulada en torno a múltiples expresiones estéticas lo convenció de que para vivir de un modo natural el arte es más necesaria la sensibilidad que la intelectualidad exquisita. 

Definiciones caprichosas
Acerca de los motivos que llevan a una persona a recopilar objetos hechos por artesanos refinados o por pintores de trayectoria larga se puede decir mucho, pero nunca en términos absolutos, ya que “en el arte no hay métricas, todo es cuestión de conjeturas, de opiniones y de subjetividad; lo que te gusta a ti depende mucho de tu experiencia personal”, por eso Serrano reconoce como válidas motivaciones de todo tipo que sirven de punto de partida para formar una colección.

Dejando a un lado absolutismos y creencias erróneas recomienda hacerlo por gusto pero sin desdeñar la asesoría de un curador con experiencia, ya que “es un puente entre el artista y el público”, alguien que sabe reconocer los gustos de una persona, que le presenta alternativas para satisfacer su fascinación y que  le da consejos acerca de cómo debe disponer y cuidar las obras adquiridas.

Eduardo Serrano además recuerda que el arte no es sólo contemporáneo sino que es tan antiguo como la cultura misma, y que para entenderlo es necesario aprender de antropología y de historia del arte, disciplinas que ayudan a ampliar la sensibilidad y a adquirir parte de la experticia que lo caracteriza, esa que lo ayuda a diferenciar una obra con éxito efímero de aquella que tiene la fuerza suficiente para llegar a ser un nuevo clásico.

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