viernes, mayo 01, 2015

Praia de Rosa: Escenas de temporada baja

Quien nunca ha viajado solo no sabe lo acompañado que es. A veces la lucha es por tener tiempo para sí misma, para estar en silencio, para que la única banda sonora sea la de los sonidos del ambiente y no la conversación dulce y bienintencionada de un nativo que quiere hacer más agradable tu estadía. 

Viajar a un lugar chico, a uno donde vive poca gente es también entender con suavidad porqué a la gente le gusta tanto la temporada alta, bueno, eso cuando el lugar que visitas es turístico. 

Viajar en temporada baja es comenzar a comprender porqué todo es tan caro: cuando viajas estás dispuesto a pagar precios exorbitantes por comida, medicinas genéricas y todo lo demás con la excusa de “esto es sólo de vez en cuando”, pero cuando tienes que soportar esos precios todos los días, todo el año, sí o sí, el encanto se esfuma, se va rápido, del mismo modo en que los papelitos y los pedacitos de metal se escapan de tus manos cuando pagas galletitas, castañas y bebidas a 4, 5 dólares intentando disimular el hambre. 

Te acompañan los perros, te acompaña la gente, te acompañan los insectos y hasta se vuelve imposible perderte subiendo a un bus del que desconoces su ruta porque el cobrador sabe para dónde vas y por eso te avisa cuando pierdes la parada.

Conocer un lugar turístico en temporada baja es como ver a una vedette justo después de haberse levantado, la agarras sin maquillaje, sin las prótesis varias, al natural, o al menos tan natural como puede ser. Hoy los negocios de Praia de Rosa están opacos y mudos, con la mercancía que no se precisa encerrada en cajas que todavía huelen a China, mientras la luz auténtica se refleja en algunos mosaicos y arrulla las siestas múltiples que toman los perros.

19 de abril de 2013

Ella me acompañó toda una tarde.
Él me mordió el pelo y me acompañó a desayunar en San Pablo.
Una de las razones por las que viajo en temporada baja.



Cuando llega la noche puedes comer medio aguacate mutante.





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