miércoles, mayo 25, 2016

Sincronicidades cotidianas

Sigo leyendo el libro Realidad Daimónica de Patrick Harpur y es como si me espiara. Cada vez que lo abro para leer un poco más, para aprender un poco más me sorprende. Confirma lo que me pasa y porqué busco lo que busco, como un personaje de novela persiguiendo su destino.

Ayer tuve una muestra más de cómo si le abres la puerta a los hechos misteriosos, estos entran en bandada y sin pedir permiso.

Fui a comprar pan y pagué con un billete grande. Como de costumbre me hicieron esperar mientras un empleado iba a otro negocio a buscar cambio. Me senté en una silla cercana y de espaldas a un televisor encendido mientras esperaba que el trámite se completara. Un niño veía distraído la pantalla, luego las palabras “todavía no sabemos nada del asesino de las cartas de tarot” llamaron mi atención.

De forma automática busqué la imagen para saber de qué se trataba el programa, era Kommissar Rex o Comisario Rex, una serie austríaca. Luego el niño que veía televisión se aburrió y siguió buscando algo que le interesara más. Yo, con las vueltas de mi compra, me fui memorizando la frase para buscar el episodio al llegar a casa.

Me senté a almorzar y busqué el programa. Lo encontré en alemán y en español. Para no perder el hábito y lo ya ganado en un idioma nuevo lo reproduje en alemán. La “coincidencia” me pareció demasiado graciosa como para dejarla pasar. Le comenté lo que había pasado a Robert el imperial que estaba conectado en ese momento. Su respuesta fue rápida “me encantó la serie cuando salió, por eso tengo un tatuaje de Rex”, se tomó una foto y me la mandó. El tatuaje es realmente bueno.

Divertida, paso a comentarle lo ocurrido a Diana, mi amiga en Berlín. Para abrir la conversación menciono una frase que es una especie de clave entre nosotras “Diana, yo también veo ovnis”, ella confundida responde “¿cómo?, ¿dónde?”, le cuento lo que acaba de pasar con mi amigo y ella intrigada vuelve a preguntarme “¿pero qué pasó con los ovnis?”, le recuerdo la vez que usó esa frase, haciendo referencia a la incredulidad de sus amigas cuando les relata historias que sólo le pueden pasar a ella en Berlín y se ríe. Me explica que justo en el momento en el que entró mi mensaje estaba viendo un programa de televisión acerca de ovnis, por eso estaba con actitud de “Johanna me espía, ¿dónde están las cámaras?”, yo no puedo más que reír, con fuerza, sin pausa, con hipo.

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