jueves, mayo 12, 2016

Sorda como el sapo

Hay una fábula que cuenta cómo un sapo trepa y trepa sin oír las voces y los consejos bienintencionados de otros animales que le dicen que eso no le corresponde. Él simplemente sigue su camino sin oír la opinión ajena, así llega a su meta. Yo también soy un poco como el sapo sordo.

En 2013 cuando fui a Brasil mis amigos brasileros me preguntaron más de una vez ¿qué iba a hacer a Praia de Rosa?, según ellos allí no había nada interesante y uno de ellos incluso me convenció para que visitara Paraty, un lugar lindo pero con una onda demasiado turística para mi gusto. En cambio cuando llegué a Rosa supe de inmediato que era lo mío. Con este viaje que acabo de hacer pasó algo similar. Mis amigos latinos en Berlín no entendían qué quería hacer en Graz, Austria, Diana incluso me dijo que en su opinión pasar tanto tiempo allí era un error. Ella, que al menos por un rato ya encontró su lugar en el mundo, cree que Berlín tiene algo para ofrecer a todos, sin embargo yo no estoy del todo de acuerdo. Berlín es más silenciosa que Bogotá y ya eso ante mis ojos suma millones de puntos, pero no deja de ser una ciudad grande. Aunque la hora pico / punto sea mucho más suave que en otros lugares del mundo sigue siendo una ciudad y yo ya no estoy para eso.

Graz fue un accidente, un accidente hermoso. La atmósfera mediterránea que se vive allí, la nutrida oferta cultural y, sobre todo, la posibilidad de hacer caminatas en medio de la naturaleza después de un viaje de media hora en tranvía la hacen una de mis ciudades favoritas. Por fortuna no es enorme, por lo que no sientes que te ataca y te succiona a cada paso, pero tampoco es un pueblo grande en el que todos se creen con el derecho de meter la nariz en tu vida.

No sé si la visitaré de nuevo, sólo sé que en una ciudad así quiero vivir en el futuro cercano. Ahora puedo volver a decir que oír mi voz y hacer como el sapo sordo al final me hace bien.

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