lunes, octubre 10, 2016

Diario de la locura - Introducción

Mientras preparaba el curso Vida llena, corazón contento escribí una serie de textos agrupados bajo el título Diario de la abundancia. Varias veces durante el proceso de escritura sentí que estaba canalizando, no sé qué ni tampoco cómo. Sentía que lo que ponía en la pantalla no era de mi cosecha ni producto de mis reflexiones sino sacado de otro lado. Todo eso me dio miedo.

Como muchas personas que se han interesado por los temas espirituales y de crecimiento personal, estoy familiarizada con los fenómenos de canalización, y si bien no los niego a priori me causan mucha desconfianza. No puedo afirmar que las personas que dicen conectarse con entes religiosos, cósmicos o difuntos estén inventando lo que dicen, pero tampoco puedo afirmar con rotundidad la identidad auténtica de los seres con los que se comunican y no puedo porque, como los sueños, son experiencias tan únicas y personales que es difícil, si no imposible, replicarlas para analizarlas de un modo científico o, al menos, racional. Frente a este problema decidí hacer lo único que se me ocurre: echarme al agua.
Durante años he trabajado con uno de los símbolos reiki que aprendí durante mi iniciación en ese camino. He usado el Sei He Ki en mis rituales de entrada al sueño, pero después de escuchar varias historias que me animaban a empezar mi estudio de la muerte y que me guiñaban el ojo para que me acercara a la canalización, me animé a confrontar esa incomodidad que surge cuando pienso en prestarle mis capacidades a algo que no soy yo, a algo con lo que no me identifico.

El primer paso lo di en una reunión de soñadores. En ese espacio verbalicé mi miedo a la locura, miedo que suele manifestarse como un rechazo sólido ante voces del “más allá” porque pueden ser equiparadas de modo automático con las alucinaciones y, por ende, con enfermedad mental. Uno de los asistentes, que tiene experiencia con canalización de ángeles, me recordó lo que había olvidado, muy probablemente por el miedo. Esta persona mencionó que hay protocolos para asegurarse de que no estamos siendo usados por egrégoros, paquetes de memoria tanáticos, seres interdimensionales o lo que quieran agregar. La sentencia siguió dando vueltas en mi cabeza hasta que tuve la respuesta.
Algo o alguien (para hacerla corta diré que fue uno de mis guías espirituales) me decía que la respuesta estaba en el material que guardaba de la época en la que comencé a practicar reiki. Hice caso y fui a buscarlo. Lo primero que me llamó la atención fue que un símbolo que hasta entonces sólo había usado para hacer terapia a distancia – Hon Sha Ze Sho Nen*—se presentaba como una herramienta para acceder tanto al pasado como al futuro, algo que había soslayado muchas veces. Dejé el documento un rato mientras preparaba mi comida y cuando regresé a él me sentí tonta, estúpida, era tan obvio que no lo había visto, todo por estar enamorada de mi preciosa jaula mental. Debajo del título del símbolo, en letras grandes y mayúsculas se podía leer “CANALIZACIÓN”. Ahí estaba todo el procedimiento que necesitaba para entregarme a conectar con ve-tú-a-saber-qué sin tanto temor. Ahora me faltaba saber qué o a quién quería canalizar.

El fin de semana siguiente a este redescubrimiento me fui a la casa de mi abuela  y ya tenía un objetivo en mente: saber más de su papá, uno de mis bisabuelos. La curiosidad me venía del hecho de que su muerte se produjo exactamente 3 años antes de mi nacimiento, el mismo día y el mismo mes.
Empezamos a hablar y, como en otras ocasiones los mazazos llegaron uno tras otro. Me contó una historia que muchas veces me negué a oír acerca de mi abuelo, mi héroe de infancia y adolescencia, su esposo, y aunque dolía –duele—sabía que era necesario, por eso no la interrumpí sino que la animé a seguir hablando. De todo lo que me iba contando apunté nombres, características, parentescos, frases, etc. Al día siguiente amanecí adolorida y sensible, un poco como estuve después de haber recibido los alineamientos reiki.

Antes de hablar con mi abuela había meditado acerca de mi miedo a la locura, meditación que me sirvió para entender que el miedo a la locura en realidad es la unión de dos fuerzas: el miedo y la locura. Escrito así parece obvio, básico, pero la verdad es que cuando te enfrentas a él, cuando sientes que algo que no vez hace fiestas y te usa no es tan divertido ni tan sencillo de descubrir. Al final con toda la información que recopilé en una semana pude fijar mi objetivo, no sólo iba a escribir un diario de la locura para ver esta fuerza a los ojos sino que iba a canalizar a mis antepasados para sanar dolores, traumas, programas negativos y cuanta mugre emocional encuentre en el camino. Como con el diario de la abundancia no sé cuánto va a durar ni qué voy a encontrar pero lo voy a hacer de todos modos. Una de las cosas que más me gusta de la vida es la capacidad que tiene para sorprenderte. Si conocieras de antemano las sorpresas que guarda para ti muchas veces las evadirías, incluso sabiendo que acercarte a ellas es justo lo que necesitas.

En este punto no sé si mi camino siga siendo la escritura, tampoco sé si mis sueños, incluso los que he cumplido han sido míos, simplemente porque los reconozco como los anhelos de mis ancestros. Mis sueños, como muchas de mis miedos, me han sido heredados de forma inconsciente, por eso estoy en un momento de mi vida en el que me cuestiono todo, en el que no sé quién soy ni qué quiero realmente pero no por eso estoy dispuesta a quedarme en un rincón viendo cómo viven los demás y cómo se divierten en la fiesta. Voy a bailar con la música que pongan, voy a ser una loca feliz y si es necesario abrazaré al Diablo (Arcano XV) y también bailaré con él.

*Para saber más de reiki sugiero leer el libro Reiki esencial de Diane Stein.

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