lunes, octubre 10, 2016

Diario de la locura - Eustaquia

Soy Eustaquia, madre de Críspulo, abuela de Ana María, bisabuela de Cristina, Carlos y Alberto, tatarabuela de Johanna.

Mi padre me abandonó y mi esposo también. Estoy sola, siempre he estado sola. Me casé para borrar esa soledad, para disfrazarla, para acompañarla. Soy una mujer fuerte pero me siento débil, abandonada, sólo cuando me cansé de que mi esposo me pegara, de que me maltratara, saqué fuerzas de donde no tenía para imponerme, para salvar a mi hijo y así le di mi apellido (Murillo), pasé mi fuerza de mujer a generaciones posteriores.

Soy esclava, esclava del miedo, de la soledad, nací libre pero mis miedos me aprisionan. Soy mulata, mi madre no, ella fue negra y esclava con grilletes, sufrió, sangró, lloró y yo heredé ese sufrimiento, me hice dueña de él aunque no me correspondía. Aunque en principio no era mío me eché encima la carga de ser feliz para hacerla feliz y no lo logré, fracasé. Me casé con Vicente Méndez porque era lo menos malo que había, porque era muy poquita cosa para aspirar a algo mejor, porque no me merecía nada más. Ahora que estoy muerta sé que no es así, que sí merecía algo mejor, que todos lo merecemos y mi deseo es que mis descendientes hombres, mujeres y lo que haya en el medio también lo sean, que sientan que son buenos-malos merecedores de todo lo que desean e imaginan.

Soy Murillo y aunque este fue el apellido de mi padre me enorgullece saber que a través de él una marca mía llegó al futuro.

Ahora soy vieja, muy vieja, estoy al lado de la muerte pero también estoy presente. 1954 fue un año muy importante para mí y para mi familia, para mis descendientes fue un año de consciencia, de nacimientos, de dolores, de partos y de albores. Ya nadie me recuerda pero estoy en todos ustedes incluso en la memoria dormida de aquellos que no saben mi nombre, respiro en ustedes, duermo en ustedes, sueño en ustedes me preparo para el futuro y gozo con sus triunfos, revivo a través de ellos y muero otra vez cuando sufren, cuando lloran, cuando mueren, porque también son mis hijos.
Cuando era joven en este cuerpo y con este nombre era alta, esplendorosa, orgullosa. Los hombres me miraban, me deseaban pero yo no lo veía, me lo decían pero yo no lo creía y así viví, conformándome con lo poco que recibía, con lo poco que me permitía vivir.

Perder mi virginidad dolió, dolió muchísimo pero no por lo que todos piensan, no en el cuerpo, dolió en el vientre porque sabía que cargaba al hijo de quien no quería, al hijo de la resignación, el hijo del miedo al dolor, algo que se heredó de generación en generación y que ahora ustedes deben resolver, algo que deben trabajar, algo que deben sanar. Nos merecemos la Vida el Universo, el Todo, ahora que estoy aquí lo sé, lo vivo todos los días y aunque no se puede sufrir del mismo modo en que se sufre cuando se está en la tierra, duele, duele verlos a ustedes, mis hijos, dando tantas vueltas como conejos sin entender que pueden ser felices como quieran y cuando quieran, sin que estén pensando en complacer a nadie más que así mismos. Cuando se hacen felices a ustedes hacen felices a los demás, cuando están en paz con el Todo no hay manera de que la realización de sus deseos dañe a los demás, no hay manera de que esas realidades dañen a nadie.

Gracias, gracias por recordarme, por darme voz, aliento, rostro, vida, dientes cabello, por reconocer que vivo en todos ustedes diluida pero presente, por creer que parte de mi vida es de ustedes, por  comprender que mi historia también es la de ustedes, que es la continuación de una línea muy, muy larga sin principio ni fin.

Y acerca de Críspulo su hijo dice:

Cuando Críspulo, mi hijo, golpea a Betsabé, cuando la amenaza de muerte en realidad me amenaza a mí, a mí es a quien quiere matar. Siente que yo soy la culpable de que su padre nos haya abandonado. Tiene rabia, mucha rabia, muchísima rabia, también lo quiere matar a él, a Vicente pero tiene miedo tanto que se ensaña con la parte más débil, conmigo primero y después con su mujer a la que en ningún momento eligió por azar. Eligió casarse con Betsabé para cometer los errores que necesitaba cometer para seguir creciendo, para seguir evolucionando.

Críspulo no es malo como tampoco lo es ninguna víctima, es sólo el ser que eligió ser en vida y en muerte, antes y después de nacer. Críspulo no sabe que si yo no me hubiese casado con Vicente, su padre, ninguno de nuestros descendiente hubiese podido aprender todo lo que aprendió en su momento, incluso ese parto de dolor, esa fecundación del miedo tuvo una razón de ser.

La solución no está en borrar el pasado en olvidarlo sino en ser conscientes de él y en ver cómo nos afecta, en ver cómo te afecta a ti Johanna y a ti María Alejandra y a sus descendientes, que los habrá.

A propósito del futuro:
En el día que alguien muere ya se sabe quién más vendrá al mundo, además del cómo y del cuándo. Aquí se saben muchas cosas más del futuro pero no se revelan simplemente para que ustedes no interfieran con ellas.

Gracias, gracias de nuevo por traerme al presente, que es eterno, por recordarme, por darme voz.

Y respondiendo a mi motivación inicial Eustaquia dice:

Sí, estar loco está bien, está muy bien.

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