miércoles, noviembre 23, 2016

Yo invento el trabajo de mis sueños

En el trabajo de mis sueños acepto la responsabilidad de mis elecciones. En él uso mis talentos sin cansarme y lo reconozco como parte del proceso que estoy siguiendo para expresar todo el potencial de mi ser. Lo que sigue es un relato de cómo llegué a esta definición.

En términos de periodismo, esa profesión que durante tanto tiempo creí sólo podías ejercer si una universidad te avalaba para hacerlo, he hecho prácticamente todo lo que he querido. Trabajé como redactora en una agencia de publicidad, escribí artículos para una revista de arquitectura, redacté contenidos de temas diversos para páginas web y llegué a ser la responsable de redactar todo el contenido de otra revista corporativa. En el proceso aprendí a hacer entrevistas desestructuradas, a editar testimonios hasta hacerlos comprensibles, sin cambiar el sentido original, y a tomar fotos aceptables para ser publicadas. Esta experiencia me sirvió para que me contrataran en una tercera revista, de circulación nacional y dependiente de un periódico prestigioso y con mucho abolengo. Lo curioso de este recorrido es que no recuerdo haber sido tan feliz con esos trabajos como lo he sido escribiendo acerca de temas que realmente me importan para proyectos que yo me inventé.

Lo que no cuentan las fotos

Tengo una foto que me tomó un ex novio en un viaje a Buenos Aires, en ella estoy al frente de una de las entradas del teatro Colón con expresión de aburrimiento. No hay satisfacción ni felicidad, pero la falta de color no puedo achacársela a la compañía. Entonces estaba en la segunda parte de una luna de miel digna de cualquier chick-flick, pero para ser capaz de señalar la causa de mi gesto tuve que esperar.

Varios años después otro hombre me tomó una foto en la terraza de un museo dedicado a la cultura celta. La expresión que tengo en esa imagen es totalmente distinta. No era sólo el saber que tenía la preciosa campiña austríaca a mis espaldas sino la sensación de haber estado expuesta a tanto conocimiento, a través de las traducciones de ese regalo vestido de amigo. Ese día fui plena, total. Ese día viví otra vez como investigadora curiosa sabiendo que me preparaba para adorar, una vez más, el sentirme poseída mientras escribo. Ese día, a diferencia de ese otro ya tan lejano, en otro continente, estaba siendo yo. La foto no fue la respuesta a un “requisito”, a un hay que hacerlo porque es lo que dictan las buenas costumbres sino un recuerdo espontáneo para el futuro de lo que realmente me hace feliz.

Antes de publicar el artículo que escribí hace unos días pensé en ilustrarlo con alguna foto, pero como pasa cuando intentas que una imagen transmita mensajes tan etéreos como espiritualidad, creatividad o encanto no logré hacerlo rápido. Busqué algunas imágenes y la única que llamó mi atención fue una diagramación bonita de una frase en inglés que podría traducirse como “el trabajo de tus sueños es el que tú creas”. Insatisfecha y apurada cerré la ventana del explorador y me ocupé de otras cosas, pero la frase quedó ahí, en el cuarto trasero de mi mente, preparándose para volver en forma de revelación.

Leer está muy bien, leer es muy fácil, pero leer también es el vicio que me hace creer que estoy haciendo algo cuando en realidad no estoy haciendo nada, porque el cambio en mi consciencia, el darme cuenta sólo ocurre cuando me cuestiono, que fue lo que pasó a continuación.

En un momento en que mi mente estaba libre de tensiones importantes vino la revelación: así como de la época escolar recuerdas más a las personas, las vivencias, lo que aprendiste a nivel emocional, y no cómo calcular el seno y el coseno en clase de trigonometría, de la vida vas atesorando los momentos que te dejaron lecciones valiosas y alegrías. Entre las páginas de mi diario no guardo una diapositiva en miniatura de esa presentación tan chula que hice para el cliente X ni la foto de un gerente leyendo el discurso que escribí para él. En mis cuadernos de campo pego el tiquete del ferry que me llevó a un lugar que parece sacado de un cuento de hadas, el recorte de la pizzería a la que fui con mi ex después de asistir a una obra de teatro que nos mató de risa y los borradores que hice de la portada de mi libro La numerología de los sueños. Los cuadernos de recortes y los diarios personales se han transformado en epitafios, en legados de los años que se fueron y que, a gusto o no, dejé atrás.

Cuando tengas que elegir entre dos caminos, elige el que tenga corazón

Ya pasó mi disgusto y mi irritación. Ya no le veo sentido a criticar a los oficinistas que mansamente van todos los días a degustar exquisita agua de botellón y que esperan con ilusión el día de la paga para comprar eso que no pudieron el mes pasado. Ya he sido capaz de ver ofertas de trabajo sin hastío y reconocer varios cargos a los que se ajusta mi perfil profesional y que podría solicitar con mi hoja de vida elegante y bien planchada, y así, con ese desapego a lo negativo, he evaluado la posibilidad de volver a esos escenarios frente a la alternativa de seguir escribiendo, dibujando, recortando y pegando para crear objetos con alma. Es más, ahora me siento más cerca de la comprensión de que no se trata de esto o lo otro, sino que puede ser esto, lo otro y aquello. Ahora, así no ponga cartas sobre la mesa para saber cuál es la alternativa más conveniente desde el punto de vista del Bien Universal, entiendo mejor eso de “el camino que tiene corazón”.

Si considero ir a trabajar a otra agencia está bien y si prefiero ir a vender artesanías a una feria o una playa también. El conflicto es cada vez menor porque cuando escojo salir del presente, cuando miro al pasado o al futuro encuentro lo mismo, veo que al final del día, de la etapa o del ciclo el amor, la felicidad, la armonía han venido de adentro, de hacer lo que amo, de pagar para hacer reportería para escribir una crónica que nadie me encargó, de investigar para escribir un artículo que me importaba y que quería hacer para aprender, de curar y modificar imágenes para crear una baraja que empezó como una distracción para olvidar la tristeza de no haber vendido ningún libro de La numerología de los sueños a pesar de mis esfuerzos para darlo a conocer.

La felicidad no es esquiva, es rara. La felicidad es rara cuando no tienes consciencia, cuando no te das cuenta de que eso que compras o contratas sólo durará un rato porque viene de afuera, pero cuando te acercas a ella, la entiendes y comprendes de dónde viene, cómo viene, cómo la generas, entonces descubres el secreto de la magia. No importa en qué palabras te la cuenten, cómo esté encuadernada o cuál sea el disfraz del maestro que intenta transmitírtela, todos son medios de un fin que tú y sólo tú puedes alcanzar. Puedes alcanzarla a través de la literatura, los sueños o un libro de física cuántica pero a menos que medites, que reflexiones y que hagas tu trabajo no habrá promesa, método o clave que te la entregue lista para consumir.

A la alegría de vivir te la ganas con trabajo duro y con esfuerzo y ese es uno de los secretos reales de este asunto. Las promesas tipo encuéntrelo rápido también son promesas de piérdalo rápido, porque una vez comprendes el mecanismo sabes cómo repetirlo en el futuro, cuando haya nubes negras y noches de borrasca, ahora si sabiéndolo lo usas o no es otra historia, pero en mi opinión sólo cuando te has apropiado de veras de este conocimiento te es más difícil olvidarlo la próxima vez y es cuando puedes decir que has avanzado, así sea una micra en tu camino hacia la iluminación.




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