martes, mayo 23, 2017

Manzanilla vino a visitarme

El año pasado traje semillas de Lavandula angustifolia de Austria. Como tengo poca experiencia con germinados, acepté la sugerencia de Don Luis, mi proveedor de lavanda francesa, de dárselas para que él hiciera la maniobra. Meses más tarde la taza de éxito fue de alrededor del 25%. El vendedor de las semillas me había advertido que conseguir plantas de lavanda desde semillas era muy difícil y lo mismo me había dicho una trabajadora de un vivero. La taza de éxito, afirmaron, era de aproximadamente 5% Sea como fuere, y aunque suene raro, esta entrada no va sobre la lavanda.

Una vez tuve en casa las plántulas las miraba como madre primeriza. Me debatía entre dejar las plantas arvenses que crecían alrededor, porque ya las habían acompañado durante semanas, o arrancarlas, por temor a que les robaran recursos. Algunas las dejé y otras las arranqué. Arranqué casi todas las que tenían hojas en forma de filamentos, pero una resistió. Se puso encima la capa de la invisibilidad de Harry Potter y se salvó de mis dedos. Meses más tarde se ve así:





Por sus frutos los conoceréis, reza una frase de la Biblia haciendo referencia a los profetas falsos, y como lo declara, lo mismo pasa con los vegetales. Nunca había tenido una planta viva de manzanilla en casa, al menos no soy consciente de ello. Usualmente las tenía cortadas, listas para preparar tisanas, y hace poco vi alguna creciendo al lado de un andén en las cercanías de la plaza de mercado Samper Mendoza. No planeé cuidar manzanilla pero la vida es así. Ellas son así.

Dicen que a tu vida llegan las plantas que necesitas y entiendo porqué esta me visita. En general se cree que la manzanilla (Anthemis nobilis o Matricaria chamomilla) se usa para inducir el sueño pero lo cierto es que sus virtudes son más complejas. Uno de las razones por las que las personas sufren de insomnio es la dificultad que tienen para concentrarse en lo que están haciendo: tratando de dormir. Justo en ese momento piensan en todo lo que no pudieron hacer o en los problemas que tienen, el resultado es una activación mental incompatible con el descanso. En estos casos la planta más indicada para tratar la situación es la manzanilla.* Esta planta tiene la propiedad de enfocar la mente, algo que me hace falta, por eso puede reemplazar el café, el té o el chocolate que se acostumbra beber en las mañanas. Aunque a algunos podría sedarlos, a la mayoría de las personas la ayuda a concentrarse, mismo motivo por el que es una alternativa ideal para antes de meditar. Desde el punto de vista de Un curso de milagros podría decirse que es una aliada para encontrar a Dios en todas las situaciones. Quienes se interesan por los chakras pueden usar su energía para equilibrar el del plexo solar, el que queda entre el corazón y el ombligo.

En las tradiciones mágicas se asocia con el sol y con la prosperidad, muy probablemente porque su color y el de las infusiones que se preparan con ella recuerda el oro.

Todavía no sé diferenciar los dos tipos de manzanilla que existen. Los ejemplares que he visto me parecen de la misma especie. Seguiré observándolas a ver si algún día noto la diferencia.

*Esta es mi opinión personal, que en ningún caso busca reemplazar la de un médico o fitoterapeuta profesional.

sábado, mayo 20, 2017

Adiós, certezas

Hace unas semanas dejé de lado mi terquedad y acepté una sugerencia que alguien me hizo de ver la serie Sense8. La historia, que relata las vivencias de 8 extraños con poderes psíquicos, tuvo todo que ver con mi respuesta positiva. Sin embargo, como es la norma en esta época tan cambiante que nos tocó vivir, las consecuencias de un acto aparentemente inocuo fueron perturbadoras.

Ellos ahora son ellas

Un día mientras buscaba una entrevista a los creadores de la serie, que me tenía haciendo maratones de 3, 4 capítulos, todo empezó a lucir extraño. Más extraño. Esperaba encontrar algo parecido a lo que descubrí detrás del guión de Inception. Creía que encontraría algo como "los hermanos Wachowski tuvieron experiencias extracorpóreas y oyeron relatos de una de sus abuelas acerca de aparecidos, experiencias que los llevaron a fantasear con la posibilidad de seres humanos, descencientes de una raza que evolucionó de forma paralela al homo sapiens, capaces de desarrollar poderes psíquicos de forma espectacular", pero nada de eso. Mi búsqueda me llevó por otros caminos y mi intuición ya me lo había advertido.

La primera vez que escuché la voz de Nomi, uno de los protagonistas algo se frunció adentro mío. Desde el comienzo quedó claro que era transexual pero sólo después de buscar información respecto a los hermanos Wachowski empecé a entender. Jamie Clayton, la actriz elegida para interpretar el papel también es transexual en la vida real. Luego de saciar mi morbo, con un par de artículos y otro más de videos, seguí buscando hasta dar con un hecho que, sin proponérselo, me sigue cuestionando.

Recordaba que Matrix, la trilogía, clásica ya, había sido escrita por The Wachowski Brothers, por eso no me sorprendió ver que uno de ellos fuera Lana Wachoski y el otro Andrew Wachowski, pero algo no cerraba. A pesar de los borbotones de información a los que me expongo a diario recordaba que ambos eran hombres. Unas visitas a wikipedia y a imdb más tarde estaba con la mandíbula descolgada y una mano sobre la boca. Lana Wachowski, antes Lawrence Wachoski, se sometió a una reasignación de género hace algunos años. En 2016 Andrew Wachowski, su hermano, ahora Lilly Wachowski, siguió sus pasos. La primera vez que vi una foto de Lana Wachowski me sorprendió ver lo femenina que luce. Busqué fotos de cuando era hombre y noté que la delicadeza de los rasgos ya estaba ahí. El resultado entonces dejó de sorprenderme, pero no de transformarme. El hecho de que una película haya sido escrita por un hombre o por una mujer es algo irrelevante, si tiene genialidad eso va más allá de su género, de nacimiento o reasignado, pero el hecho de que quien con talento y trabajo duro se ganó un lugar en tu memoria ahora tenga otra identidad es tan onírico que me resulta imposible dejarlo pasar o dejar de reflexionar al respecto.

Vas a recordar este momento el resto de tu vida


Tengo edad suficiente para recordar cómo, cuándo y qué estaba haciendo cuando supe de las muertes de Freddy "miamordivino" Mercury, de Lady Di, princesa de Gales y del atentado a las torres gemelas de Nueva York y con esta noticia, no exagero, pasa lo mismo. The Wachoski, como se hace llamar ahora el dúo creativo, tiene un perfil discreto, por eso y porque de nuevo todos los días nos exponemos a avalanchas de información apenas nos estamos enterando de un asunto irreversible. Pero ¿por qué tanto escándalo? se estará preguntando más de uno, porque el cambio de género de personas con tanta influencia en la mente
colectiva muestra la mutabilidad acelerada en la que vivimos.

Las filosofías orientales llevan milenios hablando de que lo único permanente es el cambio pero sólo hasta que Internet se nos metió en la médula lo vivimos a una velocidad de vértigo, de ahí que me cueste tanto entender a quienes tienen tan claro lo que quieren y cómo lo quieren.

Cuando era niña soñaba con viajar, escribir y dibujar, tomar fotografías o algo así. Crecí y me hice una redactora competente que ha podido vivir de este oficio, también viajé, y no dejé de hacerme preguntas. En los 80s y en los 90s decir que querías ser escritor o periodista profesional suscitaba reacciones diversas pero casi nadie se preguntaba si la profesión seguiría existiendo ni mucho menos imaginaba cuánto iba a cambiar. Mi generación creció creyendo el cuento de hadas posmoderno de estudiar, trabajar y pensionarse pero luego, cuando lo estábamos viviendo, vino el cisma.

Algunos todavía no se enteran, otros se quedaron en la etapa de negación y otros pensamos en cómo adaptarnos a un mundo que ya no es el mismo. Crecí creyendo que uno nacía mujer y se moría igual y que los escritores profesionales publicaban libros en papel pero, más tarde, tuve que considerar que esa era sólo una de las formas de expresión posibles, que ahora puedes contar tus historias de formas diversas y que cuando crees saber o entender algo las reglas vuelven a cambiar.

Me asombran profundamente quienes tienen objetivos claros y férreos en la vida. Dicen "voy a construir un edificio cuando tenga 30 años" y a los 29 ya tienen los planos de la obra, dicen "quiero irme a vivir a Japón" y, aunque el país que visitaron sea distinto de aquel en el que se establecerán siguen deseando lo mismo. ¿Cómo lo hacen?, ¿cómo hacen para acallar las dudas y subirle el volumen a la certeza?, yo sólo siento que algo poderoso me cuida y que quiere que transmita lo que voy aprendiendo o recordando pero no tengo ni idea de si tendré que desandar lo andado o de hasta dónde debo llegar.

Ser original haciendo lo mismo que hacen todos los demás

Durante demasiado tiempo he hecho las cosas que dicen hay que hacer. Fui al colegio, a la universidad y abrí una página en facebook para darle voz a mi algo, a eso que tengo para compartir pero que me resulta tan esquivo a la hora de definirlo. En este momento tengo muchísimas dudas, una cantidad igual de miedos y falta de motivación para continuar.

La semana pasada no envié el mensaje que acostumbro enviar a mi lista de correo los miércoles y esta semana tampoco. Esto lo escribo en una tarde de sábado mientras me duele el brazo izquierdo, molestia que sé es producto del estrés y del no saber cómo voy a cubrir mis gastos en los próximos siete días. Renuncié a las ayudas financieras acostumbradas: el trabajo que paga las cuentas pero que te importa un bledo si sale bien o mal, el préstamo de un familiar que te hace sentir como un adulto fracasado, etc. Acepto la idea de volver a trabajar en lo que me parece inútil para seguir explorando los mundos que sí me importan; pienso en cómo atraer más gente a mis actividades para seguir financiando mi aprendizaje cuando lo cierto es que prefiero aprender de libros que de otras personas. Me siento hipócrita. Uso facebook aunque lo odio. Las 20 cuentas o más que he abierto en varias redes sociales han sido consecuencia de la presión social. Sigo usando unas pocas por la misma razón por la que tengo una línea fija de teléfono: ilusión de cercanía. Mis amigos están repartidos por todo el mundo y esos servicios me ayudan a fingir que no están lejos. El teléfono lo tengo para hablar con mi abuela cuando siento que puedo hablar con ella, o sea cuando no siento el peso aplastante de mis problemas, que sé puedo resolver. Sea como fuere sé que ambas cosas, las redes sociales y el teléfono, son sucedáneos.

Cuando mis amigos se sienten mal o cuando yo me siento mal lo que necesitamos es encontrarnos, hablar en persona, mirarnos a los ojos y reírnos para recordar que sí, que todo estará bien, que si cuentas con alguien a quien puedes contarle tu historia, alguien que no te juzga, que no espera con ansiedad el momento oportuno para para demostrarte que sus problemas siempre son peores, más graves y más urgentes, ni espera que seas su roble, su modelo de entereza, entonces eres una persona muy afortunada.

Facebook es una mierda, whatsapp también, no solucionan nada. Te exigen más de lo que te dan a cambio. Te ayudan a sedarte, a entumecerte, a sentir menos lo gozoso y lo doloroso, a protegerte de las lágrimas de alegría y de las lágrimas de tristeza. No reemplazan el contacto físico ni están hechos para dar información completa, pero tampoco son lo peor, son sólo algo más.En este momento ya hay muchos emprendedores inventando nuevas redes, nuevos juguetes, nuevas aplicaciones que vendrán a prometer lo mismo: fama rápida, conexión y alegría sintética, más estrellitas, me gustas o lo que sea, formas nuevas de consumismo digital que producirán más dinero virtual, nuevas distracciones que nos alejarán de la búsqueda real.

Hoy esto es todo lo que tengo para ofrecer. Una entrada larga en un blog, la herramienta digital con la que 10 años después sigo sintiéndome más cómoda, lo más parecido al lápiz y al papel que tanto amo. Nunca imaginé que el cambio de sexo de los Wachowski fuera a afectarme tanto. Hoy elijo aceptar que su cambio radical me incomoda porque no me siento preparada para afrontar lo que viene.

Así no me guste reconocerlo desde hace meses improviso mi vida y lo hago sin certezas, sin saber qué o cómo vendrá. Antes imaginé las cosas que quería hacer. Algunas las concreté y otras no pero todo me sirvió para entender que nunca antes fui el ser que soy hoy y que tampoco volveré a serlo. Hoy siento que lo único útil que puedo hacer es agradecer lo que he vivido. Siento placer cuando escribo, cuando creo imágenes pero también cuando viajo sin cámara en mano para dejar que las experiencias me transformen. Sé cómo quiero vivir, qué quiero sentir pero carezco de modelos. Los que tuve antes son el resultado de las reglas del pasado, me sirven de inspiración pero no de brújula porque este espacio-tiempo cada vez se parece más al onírico en donde las reglas y las hipótesis del pasado se quedan cortas cuando se trata de pensar el futuro.

viernes, mayo 12, 2017

Interdimensional

Decir que se puede acceder a otras dimensiones a través de los sueños lúcidos es fácil, entrar en ellas no tanto y ser consciente de que muchas realidades paralelas te rodean muchísimo menos. Esto es lo que me pasa con las plantas.

¿Cómo llegaste a esto de la herbolaria?, me preguntan una y otra vez. Con cada respuesta ensayo una historia distinta. A veces respondo que todo fue porque crecí en una casa con dos patios, tres si cuento el que cubrieron para transformar en comedor. Otras digo que es por mi mamá, que siempre ha tenido gustos y manos verdes. Ahora recuerdo también que mi colegio de primaria estaba rodeado por un bosque de eucaliptos, que me enseñó a asociar los días felices y tranquilos con ese olor y con las flores blancas de los tréboles. Sin importar la respuestra que dé nadie me pregunta cómo volví, porque uno puede entrar a un mundo para luego salir de él y nunca regresar.

Creo que fue entre mi interés por la magia natural y el tener que elegir un tema para hacer mi monografía de grado que volví, pero no definitivamente. Ni siquiera sé si esta vez va a ser una entrada definitiva. En ese momento, el año 2004, lo único que tenía claro era que había elegido el curso de grado que más me llamaba: Comportamiento Humano II, una clase de la especialización en Psicología del Consumidor que se daba en ese momento en mi universidad.

Pronto se me ocurrió que quería saber más de esa tribu a la que siento que pertenezco, a los que nos arrimamos a las plantas y a los productos naturales no por esnobismo ni para sentirnos superiores sino porque estamos convencidos de que la salud no es una moda y que la forma más sencilla de cuidarla es comiendo sano y haciendo ejercicio. Luego vinieron los muiscas.

No sé si en ese momento ya había empezado la movida "muiscol" (me tiene sin cuidado cómo se escribe) y el creer que se es más colombiano por vestir ropa étnica y cargar mochila. Recuerdo sí que me propuse encontrar a alguien de esa etnia para preguntarle cómo veía a las plantas desde su cosmovisión. La búsqueda me llevó a la ONIC (Organización Nacional de Indígenas de Colombia) y cuando digo que me llevó lo digo literalmente. Fui a la sede de esta organización en el barrio La Candelaria de Bogotá, pedí teléfonos de celulares y llamé, a pesar de que las llamadas no eran tan baratas como ahora. Poco a poco di con Carlos Mamanché, un hombre que aceptó recibirme a las afueras de Sesquilé, Cundinamarca para enseñarme cómo veía la vida su comunidad. Poco tiempo después de su invitación me fui como la estudiante universitaria que estaba a punto de dejar de ser: morral a la espalda, bolígrafos de colores y carpeta con hojas en blanco. Lo que vino no lo planeé ni lo esperé.


El señor Mamanché me recibió junto a un perro con aires de lobo siberiano, me explicó cosas que ya no recuerdo y que muy seguramente no entendí en ese momento. Hizo todo esto mientras subíamos una loma y yo me ahogaba. El perro bajaba cada tanto a ver cómo iba. Recuerdo o me parece recordar que tenía un ojo oscuro y otro claro, muy Bowie él. Don Carlos me decía que me hacía falta hacer más ejercicio y yo ni aire tenía para contradecirlo, lo que me interesaba era ver la maloca que había prometido mostrarme. Al llegar me explicó que siempre se entraba por una puerta (la oriental creo) y que siempre se salía por la otra (la occidental). Informalmente y como sólo estábamos los tres, entramos por la salida, yo detrás de él. No estoy segura de si el perro entró o no. Lo que recuerdo es lo que hizo el señor Mamanché después.

Me pidió que me sentara en una butaca y empezó a hablarme con solemnidad. Estaba muy bien, según él, que quisiera saber más de plantas. Para mis adentros pensaba "¿por qué se lo toma tan a pecho?, yo sólo quiero saber qué piensan los que las usan y nada más. No me interesa volverme experta en el tema ni nada de eso" pero ya sabemos cómo es el sentido del humor de la vida. Estaba asustada porque no sabía qué esperar ni qué iba a pasar, sin embargo en el fondo sentía que todo iba a salir bien. Lo siguiente fue un canto del señor Mamanché. En ese momento sentí lo que suelo sentir cuando hay cantos indígenas americanos: sinsabor, incomodidad. Nunca he sentido atracción genuina y espontánea por las tradiciones de este continente. Las respeto, me parecen muy valiosas, pero así como se necesita vocación para estudiar nombres en latín y diferenciar géneros y familias botánicas, yo simplemente no siento el llamado para meterme de cabeza entre los hijos del maíz y de la quena. De hecho el sonido de la quena me deprime, pero a pesar de todo esto me quedé callada respetuosamente y seguí las instrucciones de Don Carlos.

Me pidió que cerrara los ojos y que no me asustara, frase que despertó mi miedo, no sabía qué iba a pasar pero la curiosidad era más fuerte. Me sopló por la nariz lo que mucho tiempo después aprendería a llamar rapé, una fosa nasal a la vez, entonces vino la visión. Lo primero que sentí fue que no tenía senos paranasales sino que los conductos de mi nariz daban paso inmediato al contorno de mi cráneo hasta llegar a la nuca. Empecé a ver enredaderas que crecían frente a mi ojo interno y el modo en que les salían hojas y más hojas. Creo que todo el asunto no duró más de 5 minutos. Cuando Don Carlos me lo indicó abrí los ojos y le conté lo que había visto. Le pareció bien, estuvo satisfecho. Me explicó que por más que alguien quiera trabajar con plantas si su camino no se cruza con el de ellas no hay modo de torcerlo, no se puede. De nuevo intenté escuchar con respeto pero no me sentí muy identificada con lo que decía. Antes de salir de la maloca me regaló unas piedras, cristales que aún guardo. Bajamos a la vereda y le pidió a su familia que me sirvieran un almuerzo. Comí en silencio y sentí que quedaba en deuda con él y con su familia, una que todavía no sé cómo saldar o si ya lo hice.

Tiempo después quise hacer algo por él y por su comunidad pero nunca encontré un modo que satisfaciera a mis siempre demandantes expectativas. Recuerdo que compré unas semillas de algo y que se las mandé por correo. Varias veces vi su número en el directorio de mi teléfono sin saber si llamar o no pues de hacerlo no sabía qué le diría.

El año pasado en una de las ferias holísticas que se organizan en la ciudad crucé algunas palabras con un vendedor de ocasión que afirmó vivir en Sesquilé. Dijo que don Carlos había muerto y no supe cómo reaccionar. Más tarde otra persona, que fue a una de mis charlas de herbolaria, dijo lo mismo.

Poco después de la visita a Don Carlos me obsesioné con la idea de editar un libro de hierbas que había descargado de internet. En ese entonces no era la babel de ahora y encontrar información ordenada, a color y lista para imprimir era algo raro. Las pocas páginas que recopilaban varios títulos eran tesoros verdaderos. El libro, por mi pobre criterio circunstancial, terminó en manos de una amiga que ya no es amiga, pero el episodio me recuerda que a veces los elementales de las hadas raptan mi sensibilidad para que la ponga a su servicio.

Esta no es la ciudad en la que crecí

Cuando empecé a usar blogs me gustaba decir que era más rola que el ajíaco. En mis primeros viajes fuera del país prefería decir que era bogotana a decir que era colombiana. Que me asocien con cantantes pop y con jugadores de fútbol que no sería capaz de reconocer en la calle me inspira incomodidad inefable, por eso estaba muy cómoda diciendo, como si fuera un matram, que era bogotanísima por haber nacido en una clínica que llevaba el mismo nombre de la ciudad, pero fui a los viajes y dejé que me cambiaran.

Así como no supe lo que era el doble esquema de crianza, por ser hija única, tampoco supe lo que era creerse mejor por ser colombiano. Desde décadas antes de mi nacimiento en mi casa paterna el contacto con el otro lado del Atlántico era algo cotidiano. Supongo que por eso desde niña fantaseé con hablar otro idioma y con vivir en otro país. El delirio nunca se me pasó, al contrario, entre más viajo más me convenzo de que lo que debo aprender no está sólo aquí y como reconozco que todavía no he modificado las creencias que me impiden materializar mi cambio de residencia he tenido que encontrar intersticios.

Vivir en un país sin estaciones, cuando has experimentado algunas de ellas en un viaje largo, con frecuencia despertaba en mí sensaciones claustrofóbicas, por eso me propuse empezar a ver todo como si fuese extranjera. Mis primeros maestros fueron los cerezos. Una de las ideas que tuve antes de empezar a dar charlas de herbolaria fue la de editar un libro para turistas hablando de la flora local. Aunque nunca ejecuté la idea en el proceso aprendí que éstos árboles sueltan sus frutos a finales de febrero y principios de marzo, aunque el año pasado otra vez nos daban regalos en diciembre y algunos despistados siguen siendo generosos por este mayo. Los bebés de esta especie que he cuidado por varios años fueron los primeros habitantes de mis aspirantes a patios: recipientes desechables llenos de tierra robada del parque, en los que germinaron las semillas de las cerezas que endulzaron una de mis tardes. Observando sus flores entendí el parentesco que tienen con los románticos cherry blossoms que conocí en Nueva York y, como la Alicia que cruza el espejo, resulté inmersa en una dimensión que siempre está abierta para mí, una en la que la biodiversidad deja de ser discurso para transformarse en práctica.

Viajes sucesivos me han servido para entender porqué los biólogos europeos están al borde del éxtasis cuando van a la selva tropical, mientras que el dedicarme a la identificación de especies presentes en la ciudad, que no siempre son oriundas de esta geografía, me ha ayudado a vivir en el verde de la ciudad convulsa que poco o nada se parece al lugar en el que nací y crecí.

Esta es otra de las lecciones que cuidar plantas me ha enseñado. Ellas no se paran a quejarse porque a la tierra en la que viven le hace falta fósforo o potasio, ellas viven con lo que hay y florecen tanto y como pueden. Yo intento seguir ese ejemplo. Y el modo en que encaran el ser nómadas.

Agarras un pie de menta manzana y te lo llevas a tu casa para descubrir su espíritu guerrero. Crece sin límites ni preocupaciones, crece hasta el cansancio, luego la podas y vuelve a crecer sana y fresca. Sus sueños siguen intactos igual que sus propósitos, a menos que la arranques y la dejes sin agua no hay forma de detenerla. Así quiero ser yo, así a veces soy yo. Mi proyecto de irme, por una temporada más larga o del todo a enterrar mis raíces en otro país no se archiva. A veces toma pausas sabáticas en las que observa todo para reabastecerse y crear estrategias nuevas acordes con la situación del momento. Espera con paciencia el momento de florecer.

Vivo en Bogotá y no vivo en Bogotá. Las calles cubiertas de marcas cansadas, los negocios que cambian de dueños pero no de objetivos y los pocos predios con historia arquitectónica que caen para que el progreso rentable pueda construir algo soso y nuevo me interesan cada vez menos. Ahora veo brotes de falsos pimientos, araucarias, liquidámbares y especies diferentes de sangregados con el entusiasmo del visitante. Emocionalmente ya no estoy aquí. En ese aspecto irme es sólo un trámite, uno que con frecuencia hago dormida, porque ellos, los sueños, siempre me llevan de viaje, a veces incluso con lucidez para mostrarme que también estando en otro país, ya como residente, simplemente estaría en otro escenario, en otra parte de esta dimensión que no es única ni la mejor ni la más elaborada sino una faceta, de las miles de millones que tiene este diamante, que cada quien percibe según lo que tiene en la cabeza.

Vivir conectada con los espíritus vegetales es vivir con un pie en otra dimensión, una de las muchas que es posible visitar a través de los sueños, lúcidos o no.

miércoles, mayo 03, 2017

Intuición masculina

Ella
Ni fui ni voy a ir.

Él
¿Cómo estás tan segura de eso?

Ella
Porque lo siento aquí (señalando sus tripas).

Él
Tú y tus tripas.

Ella
Sí, yo y mis tripas.

Él
¿Alguna vez te han fallado?

Ella
Pocas. Me he equivocado más por no hacerles caso que por escucharlas.

Él
Realmente no te entiendo.

Ella
Y yo te entiendo a ti.

Él
A ver, ¿cómo es eso?

Ella
Sí. Ustedes los hombres tienen una intuición tan fuerte como la de las mujeres sólo que diferente, y la siguen, le hacen caso, pero le ponen otros nombres porque no queda bien aceptar que se comportan como viejas crédulas. La voz de la razón, la voz de la experiencia, así le dicen pero es lo mismo.

Él
No, no es lo mismo.

Ella
Que sí.

Él
Cómo va a ser decidir sin pensar lo mismo que analizar, hechos, encontrar razones y luego tomar una decisión...

Ella
Es lo mismo y no es lo mismo.

Él
¿En qué quedamos entonces?

Ella
En que es lo mismo.

Él
Sigo sin entender.

Ella
Claro, porque quieres entenderlo todo con la cabeza y eso no se puede. Lo que es de la cabeza se entiende con la cabeza y lo que es del corazón se entiende con el corazón.

Él
Pero el corazón es para querer, no para pensar.

Ella
Mira, ya estás hablando como mujer.

Él
Eres tú, tu influencia, pero yo sé qué es lo que quiero decir.

Ella
¿Estás seguro?

Él
Sí.

Ella
Explícamelo entonces.

Él
Analizar datos, los hechos que tienes en frente, contrastarlos con las metas que tienes a largo plazo y luego decidir lo que vas a hacer no es lo mismo que decir me duele aquí, me pica allá y por eso lo mejor es invertir en materias primas en lugar de comprar dólares.

Ella
¿Has oído las historias que se cuentan de inversionistas que consultan tarotistas antes de hacer transacciones o que se abstienen de hacerlas si les da un ataque repentino de diarrea?

Él
Sí... pero esas son historias de gente supersticiosa.

Ella
...basadas en conjeturas, en agüeros.

Él
Exactamente.

Ella
Pero, cuando alguien toma una decisión "racional" se supone que tiene en cuenta lo que siente, lo que quiere a largo o a mediano plazo, como acabas de decirlo.

Él
Sí...

Ella
O sea que tiene muy en cuenta lo que siente.

Él
Sí, pero en términos de querer, de desear, no teniendo en cuenta sensaciones vacías, difíciles de identificar o de explicar.

Ella
Pero es que per se eso es una sensación, algo inefable, difícil, si no imposible de describir con palabras, y es lo mismo con los sentidos.

Él
¿Cómo va a ser lo mismo?

Ella
Es lo mismo.

Él
No lo es. Si yo te digo "esta comida está salada" tú la pruebas y está salada. Es algo que tú puedes comprobar, es una realidad compartida.

Ella
Mmm realidad, interesante término.

Él
No te vayas de tema. Es así.

Ella
Sí y no.

Él
...

Ella
Sí y no. Tú y yo podemos probar la misma comida que tú dices está salada pero si yo vengo de otro lugar, de otro continente donde estamos acostumbrados a comer comida salada a diario o muy picante es probable que ese plato me resulte insulso o en el nivel justo de sazón.

Él
Sí... podría ser.

Ella
En teoría tú y yo estamos expuestos a la misma realidad pero el modo en que tú la percibes es distinto del modo en que yo la percibo.

Él
Sí,ya... pero ¿a dónde vas con esto?

Ella
A que lo que tú sientes con tus sentidos siempre pasa por tu cabeza, por tu interpretación, por tus esquemas mentales y por lo tanto la intuición también tiene una parte racional. Puedo sentir una punzada en uno de los dedos de mis pies y decir "ah, una punzada" o puedo aprender a asociar esa punzada con tal o cual resultado. Puedo aprender a interpretarla y a asociarla con X hecho, así en el futuro si la punzada precede una caída en la bolsa, para seguir con tu ejemplo, es muy posible que aprenda a dejar de hacer transacciones después de tener esta sensación.

Él
¿Y si en lugar de haber pérdidas hay ganancias?

Ella
Es lo mismo. Observar esas sensaciones corporales me da un punto de partida para estudiar los resultados, lo que sigue, así aprendo a interpretar mis propias señales. La misma punzada podría ser indicio de que tendré ganancias...

Él
Como cuando la gente dice que va a recibir plata porque le pica la palma de la mano... Aunque también podría ser el síntoma temprano de una enfermedad.

Ella
Todo es posible. La señal, la sensación carece de significado, eres tú quien se lo da si la observas y la asocias con hechos puntuales, para eso sirve la cabeza, la razón, cuando se trabaja con el instinto. Incluso te sirve para ir al médico si lo consideras necesario.

Él
Ahora empiezo a entender lo que dices de la intuición masculina.

Ella
Sí, está ahí, siempre ha estado ahí pero bajo otros nombres, usando otras máscaras para que los hombres no tengan que reconocer en público que son sensibles, así lo sean.

Él
Pero ¿qué pasa luego?

Ella
¿Luego de qué?

Él
Luego de que empiezas a reconocer tu intuición.

Ella
Pasa que se fortalece, se instala como un hábito.

Él
...

Ella
¿En qué piensas?

Él
En lo que dices, en cómo se instalan los hábitos. Haces algo un día, como un acto sin sentido, vacuo, luego lo repites, vuelves a hacerlo y cuando te das cuenta eres un fumador empedernido y nunca te preguntaste "por qué".

Ella
Hasta que intentas dejarlo...

Él
Exacto.

Ella
O hasta que intentas fortalecerlo.

Él
¿Cómo?

Ella
Sí. Si el hábito que reconoces has adoptado es benéfico, o al menos esa es la lectura que le das, ¿vas a dejarlo?

Él
No, ¿por qué lo haría?

Ella
Es lo mismo con el instinto, con la intuición. Te ayuda una vez y te ayuda todas las veces, es tu brújula interna. Así te equivoques al interpretarla, te enseña a ser más sutil, a prestar atención a otras señales más delicadas y débiles que también te dan información de lo que debes hacer a continuación. Si hacerlo me resulta benéfico, ¿por qué dejaría de escuchar esa vocecita o esa punzada?

Él
Entiendo lo que quieres decir.

Ella
El primer paso es difícil de dar, por eso lo mejor es darlo en silencio, sin consultar a nadie, sin preguntarle a nadie porque cada quien responderá con su paladar.

Él
Con su cultura, con sus excesos, con sus miedos...

Ella
Eso..., con voz risueña, por eso los primeros pasos hay que darlos en soledad. Aprender a interpretarse es crucial, hacerlo con los ojos bien abiertos, con la mente muy despierta...

Él
Porque lo que ves puede no ser real...

Ella

...pero a pesar de ser una ilusión contiene mucha información para aprender, para seguir adelante y si permites que alguien te distraiga, que te saque del camino tienes que empezar de nuevo. Y el tiempo no espera a nadie, al menos no en esta realidad.

Él
Intuición masculina...

Ella
Sí, tan útil como la femenina pero diferente.

viernes, abril 07, 2017

Herbolaria copycat

Hoy descubrí algo muy desagradable, lamentable y que se acerca a lo delictivo. Ya que tiene el potencial de dañar a terceros y porque no tengo obligación de responder por las consecuencias de actos ajenos, comparto el acontecimiento con ustedes.

Esta mañana iba a la zona de Paloquemao, en Bogotá, a recoger un pedido de lavandas que hice ayer en la tarde a Don Luis, mi proveedor de confianza. Al llegar lo encontré con cara extraña. Su esposa, Doña Ana, a la que sólo hoy pude conocer en persona, pues habíamos hablado varias veces por teléfono, siendo ella la que a veces toma mis pedidos, me saludó cordial y alegre, pero apenas le pregunté por mi encargo la energía cambió de súbito.

Don Luis se acercó y empezó una conversación que iba más o menos así:

Don Luis
Yo le dije que no eran para ella.

Doña Ana
¿Cómo así?

Johanna
¿Qué pasó?

Doña Ana
Ay, por favor discúlpeme.

Johanna
¿Por qué?, ¿qué pasó?

Doña Ana
Pues que esta mañana vino alguien diciendo que venía de parte suya, de Johanna [con la hache aspirada] y no de Joanna [sin hache] y se las llevó. Lo que no se quiso llevar fue la artemisa que nos encargó.

Don Luis
Yo les dije que esas eran las de ella, que ella viene tarde (eran más de las 10 a.m.), pero en ese embolate no me hicieron caso... [En la temporada previa a Semana Santa se venden muchas plantas para ser usadas el Domingo de Ramos.]

Yo no entendía nada. Alcancé a imaginar que alguien estaba espiando mis llamadas y demás, pero la autocontemplación me sirvió para mantener la calma y preguntar.

Al parecer quien llegó diciendo que iba de parte mía probó su suerte y ganó. No llegó pidiendo el número exacto de plantas que encargué sino que preguntó por las lavandas que yo había encargado. Supongo, aunque no debería como enseña la toltequidad, que usó los datos que publiqué en mi guía para el cuidado de las lavandas. Allí ya había anunciado en qué sector de la ciudad las compro y ya que estoy voy a dar todos los datos.

Estoy muy a favor de que cada quien arme su negocio, emprendimiento o start up, el término de moda. Lo que me parece de pésimo gusto, triste y hasta abusivo es que alguien hable en nombre mío cuando ni siquiera sé quién es.

Las plantas de lavanda francesa Don Luis las vende a COP $4.000 y yo las vendo a COP $18.000 porque, como expliqué en el artículo que menciono más arriba, agrego valor. Hice una investigación personal alrededor de esta especie, redacté un artículo con los resultados, lo diagramé en un formato que diseñé, ideé el modo de entregarlo en un libro que encuaderno a mano, que pongo en una bolsa de tul junto a un cristal para que acompañe y potencie la energía de la planta e incluso pastillas de abono para que la lavanda tenga alimento para seguir floreciendo. Luego, como algunos de ustedes lo han comprobado, respondo preguntas y acompaño el cuidado posterior que se hace de un ser vivo.

Yo voy a comprar los cristales, las bolsas de tul, como ya dije encuaderno los libros y ahora también entrego las plantas. La idea de vender plantas claramente no es mía, yo sólo hice mi versión de un negocio que complementa mis entradas económicas, por eso me molesta tanto que venga alguien a usar mi nombre y la credibilidad que he construido y que sigo construyendo para ve tú a saber qué.

Ahora que "el secreto" salió a la luz voy a dar todos los detalles de dónde y cómo pueden conseguir las lavandas francesas. El precio, ya lo dije es de COP $4.000. A veces hay y a veces no. El mercado abre martes y viernes, me parece, pues nunca he llegado tan temprano, desde las 7 a.m. Cierra hacia las 10:30 a.m. En el lugar, un parqueadero diagonal, en línea recta hacia el occidente, que se traza desde la entrada del colegio Nuestra Señora de la Presentación - Centro. La forma fácil de llegar es bajarse en la estación Paloquemao de Transmilenio, caminar hacia el oriente por el costado norte, pasar el Centro comercial Calima, luego la plaza de mercado Paloquemao y cruzar la calle, los apartamentos de San Facón y seguir hasta llegar al parqueadero que menciono. Allí desde poco antes de la entrada se ven vendedores de plantas te todo tipo, suculentas incluidas.

Adentro se debe buscar la carpa amarilla y verde de la foto, en el costado izquierdo. Allí están Don Luis y Doña Ana. Para evitar perder la ida es necesario encargarlas, por eso yo los llamo con antelación. Hablé con ellos acerca de dar sus números de teléfono pero concluímos que lo más prudente es que quien esté realmente interesado vaya a conocerlos y se los pida. Es el esfuerzo mínimo que puede hacer quien esté interesado en encontrar esta planta. Una cosa más, la lavanda es conocida también como citronella, pero este es un nombre común compartido por varias especies.




Ya está. Aquí están los datos de cómo encontrar lavandas en Bogotá. Si alguien siente que mi trabajo es valioso y quiere seguirlo apoyando puede comprarme las lavandas a mí, pero si le parece que no ya tiene otra alternativa. Si quiere también puede hacer su propio libro, una versión sin corregir del texto que escribí está aquí.

Finalmente reitero que yo, Johanna Pérez Vásquez o Licuc no envío a nadie en nombre mío sin copia de mi documento de identidad. Los canales oficiales para contactarme profesionalmente son esta página de Facebook, los correos elsuenosignificado@gmail.com, correo@elsuenosignificado.com, los blogs Licuc, El sueño significado, Limpia-Mente, Ezencial, Los tés y H E R A, la cuenta de Twitter @licuc y el número de celular 310 861 4195, al que se debe llamar pues no uso WhatsApp. Si bien administro otras presencias digitales, estos son los datos principales a los que pueden acudir para saber si la información que se firma con mi nombre o mi seudónimo es auténtica o no, en especial si alguien empieza a dar consejos de salud diciendo que yo soy la autora.

Gracias por su interés en mi trabajo y, a quienes así lo decidan, por difundir esta información, así nos cuidamos entre todos.

martes, febrero 21, 2017

¿Artemisa o altamisa?, esa es la confusión

Casi desde el primer taller que dicté me han hecho esta pregunta y yo, antes de sentirme como Luke Skywalker cuando Darth Vader le dice “yo soy tu padre”, iba por el mundo, como Luke, creyendo que sí, que la artemisa era una y que la altamisa era otra y que todo estaba muy bien, que la diferencia entre una y otra estaba clarísima, por lo que tenía un asunto menos del qué preocuparme. Todo iba bien hasta que un día…

Ya adelanté parte de la respuesta. Si me siento como niña a la que le acaban de decir que es adoptada, después de pasar años creyendo que papá y mamá eran eso, papá y mamá superhéroes y semidioses, es porque descubrí que la artemisa no era lo que creía. Para entender este enredo es necesario que cuente cómo lo descubrí. Todo empezó con un taller que di de plantas para dormir y soñar.

En el evento en el que me estrené como aprendiz de herbolaria di información acerca de la artemisa creyendo que me refería a la Artemisia vulgaris. Estaba convencida de que era así porque había consultado el libro de Plantas y recetas mágicas de María Elvira Molano Bravo y Botánica Oculta de Paracelso. Semanas después, en la casa de mi abuela, descubrí que llevaba años ignorando una planta muy apreciada por una tía: una “artemisa”. La confusión de nombres comunes apenas empezaba. 

Mi tía, devota de los efectos de la planta que, según ella, le calma todos los malestares cuando la consume en infusiones, recibió de su parte el nombre de pronto alivio, planta que existe, que es llamada comúnmente así, pero que se relaciona con la Lippia alba o Lippia lantanoides. Mi abuela, por el contrario, siempre la llamó artemisa, pero me explicó que también se la conocía como aroma, sorcilicio o planta de las 7 suertes, además, dice ella, es conveniente tenerla en lugares donde se busca que los visitantes se sientan cómodos, un negocio, una sala de reuniones por ejemplo. La información del nombre común la corroboré más tarde, a través de una yerbatera de la plaza del barrio 7 de agosto, en Bogotá, que también llamaba artemisa a esta planta de olor cítrico y hojas parecidas a manos extendidas. La yerbatera también me regaló unas flores de altamisa, que me sirvieron para aprender a diferenciar una especie de la otra y que durante un tiempo creí que eran de Artemisia absinthium. Luego de publicar este artículo por primera vez otra yerbatera, que vio las fotos que lo acompañan, me indicó que en realidad correspondían a la especie Ambrosia cumanensis.

Hasta aquí todo muy bien pero todo muy inexacto.

Paseos herbales urbanos


Soy fanática de visitar mercados y de recorrer jardines botánicos cuando viajo, pero cuando las circunstancias me tienen alejada de aviones y geografías extranjeras tampoco me limito, simplemente uso lo que tengo a mano, jardines urbanos en este caso.

Muchas personas creen que para aprender de plantas es necesario buscar a un chamán magnífico que te lleve a la selva y te haga tomar pócimas raras. Todo eso está muy bien, pero no es mi camino ni es la única forma de aprender del mundo vegetal, para empezar es suficiente con observar, tocar, siempre con respeto, y cultivar algunas plantas en casa. Mi siguiente paso, por lo tanto, fue salir a explorar el barrio con el objetivo de ver vivas las plantas que antes había visto cortadas.

Después de un rato de caminar haciendo un trazado raro, saludar gatos y descubrir algunos caracoles di con las plantas que me interesaban, la alimonada y la amarga, artemisa y altamisa. Seguí maravillándome con sus olores y con la diferencia de sus flores. Las flores de la artemisa son, si tienes la suerte de verlas, pequeñas y de color púrpura pálido, mientras que las de la altamisa son verdes, menos llamativas y nacen en espiga. Las hojas, en cambio, para quien no las conoce bien, pueden ser iguales, pero no. Debajo pongo una foto para mostrarlo mejor.

hojas de pelargonium odoratissimum a la izquierda y de ambrosia cumanensis a la derecha
A la derecha una hoja de Pelargonium odoratissimum (artemisa, sorcilicio o geranio aromo) y a la derecha una hoja de Ambrosia cumanensis (altamisa o ajenjo).

Los colores de las hojas como se ve también son distintos. Las hojas de la altamisa son de lo que se llamaría un verde cenizo, más apagado, en cambio las de la artemisa son de un verde vistoso, brillante. Hasta aquí todo muy bien… o muy mal.

Después de pedirles permiso a los elementales de las plantas para llevarme algunas de sus hojas, las fotografié e incluso me inventé una mezcla herbal para trabajar con sueños. Sus ingredientes principales son romero y artemisa. La probé junto a otras personas y sus resultados nos maravillaron. Así, enamorada de esta planta, llegué al jardín herbal del jardín botánico José Celestino Mutis.

hojas de ajenjo o altamisa Ambrosia cumanensis
Hojas de Ambrosia cumanensis conocida como altamisa o ajenjo.
flores de ajenjo o altamisa Ambrosia cumanensis
Flores masculinas de Ambrosia cumanensis conocida como altamisa o ajenjo.

Reconocimiento botánico


Una de las tareas que se debe completar para identificar una especie es consultar libros, pero no es suficiente. En algunos, a pesar de toda la buena voluntad y del trabajo juicioso de los editores, se cuelan errores que hacen difícil el estudio. *Tengo, por ejemplo, uno en el que fotos diferentes de manzanilla dulce son catalogadas simultáneamente como Matricaria chamomilla y Anthemis nobilis, cuando en realidad son distintas, sobre todo en las hojas. Este error es común y también contagió a Wikipedia durante un tiempo, por eso es necesario, en lo posible, visitar jardines botánicos y herbarios para salir de dudas. *Corrijo: Después de consultar el Vademécum de plantas medicinales colombianas, el libro El milagro de las plantas: Aplicaciones medicinales y orofaríngeas y de visitar otra vez el Jardín Botánico José Celestino Mutis encontré la manzanilla amarga o manzanillón como Tanacetum parthenium.

Siguiendo este consejo me paseé por el jardín herbal que, a la entrada, tiene varios ejemplares de artemisa. Me arrimé para ver la etiqueta y leí esto: Aroma (Pelargorium aromatissimum), saqué mi libreta y apunté, y seguí tan tranquila. En mi cabeza me expliqué que por existir al menos dos sistemas vigentes de clasificación botánica este era otro de los nombres latinos o científicos de la querida artemisa. Estaba muy mansa pero la tranquilidad sólo me iba a durar unas semanas.

Ficha de identificación del aromo, alias artemisa en el jardín herbal del Jardín Botánico José Celestino Mutis.

hojas de aroma, artemisa, citronella, sorcilicio o geranio aromo Pelargonium odoratissimum
Hojas de Pelargonium odoratissimum conocida como artemisa, citronella, sorcilicio, aroma o geranio aromo.

flores de aroma, artemisa, citronella, sorcilicio o geranio aromo Pelargonium odoratissimum
Flores de Pelargonium odoratissimum conocida como artemisa, aroma, citronella, sorcilicio o geranio aromo.

Aprender para enseñar


En realidad creo que es imposible enseñarle algo a alguien. Soy de la opinión de que sólo puedes ofrecer información, herramientas y oportunidades para que quien quiera transforme todo eso en conocimiento propio, pero como también intento ser responsable, estudio tanto como puedo antes de dar una charla. Y fue preparando la primera charla que di en el jardín botánico, que entré en crisis.

Tenía todo muy bien armadito. Los apuntes de la lavanda, el texto del romero y el de la menta, pero cuando llegué a la artemisa, oh, por, Dios. Colapsé. No intento pasarme de dramática, es que en realidad, cuando a uno le interesan tanto las plantas es así como se siente. Sentí que me habían dado un golpe invisible pero fuerte. Después de revisar algunas de las fuentes que uso para confirmar o corregir nombres comunes y científicos tuve que aceptar el error que había cometido.

Lo que yo llevaba, años ya, llamando artemisa en realidad era un geranio, o sea que ni siquiera pertenecía a la querida familia de las labiadas. Es pariente de plantas geraniáceas, conocidas por sus usos ornamentales más que medicinales PERO que según el Vademécum de plantas medicinales del Ministerio de Salud de Colombia (2008) también es familiar de la especie Pelargorium sidoides, usada para tratar infecciones respiratorias y equilibrar el sistema inmune, dato que me alivió un poco, pues me mostraba que en todos los grupos botánicos hay especies con fines medicinales. El alivio, sin embargo, fue corto. Yo quería que la artemisa fuera la Artemisia vulgaris de la que tanto había leído, pero no era. Según supe, por ser nativa de Europa en Colombia es escasa, si no es que inexistente, aunque también recibe el nombre de watsaamina, lo que me hace pensar que quizás algunas comunidades indígenas la cultiven para usarla en sus medicamentos ancestrales, así que no tendría “nombre común en español”. Frente a tantas pruebas, no me quedó más remedio que aceptar que esa plantita vivaz y alegre, a la que conocí como artemisa era un geranio, el geranio aromo, como dice Molano Bravo en El poder mágico y curativo de las flores, en donde también aparece una flor que no corresponde con la planta.

El nombre y la confusión aparentemente vienen del hecho de que la Pelargonium aromatissimum “no saca flores”, como me dijo el dueño de un vivero, o para ser más precisa, porque sus flores son diminutas, sobrias y modestas, comparadas con las de otras variedades.

Y de la altamisa, ¿qué?


Altamisa es entonces un nombre común dado a la especie Ambrosia cumanensis, oriunda de las regiones tropicales de América. Otros de sus nombre populares son artemisa, altemisa, artamisa y altamiz, como señala un documento del Instituto von Humboldt para la conservación y uso de plantas medicinales colombianas (2011). La altamisa ha sido usada tradicionalmente para bajar la fiebre, desinfectar heridas externas, aliviar cólicos menstruales y alejar a las pulgas, al tiempo que se aconseja a las embarazadas evitarla.

Ajenjo es otro nombre común que se le da a la Ambrosia cumanensis, pero cuando se profundiza su estudio se descubre que en realidad es un apodo que se usa con frecuencia para hablar de Artemisia absinthium, familiar de la Artemisia vulgaris. La Artemisia absinthium es usada para estimular la menstruación, tratar infecciones de hongos en la piel y problemas digestivos como la acidez y la obstrucción intestinal. Las dosis y la duración del tratamiento deben medirse muy bien pues por sus componentes, la tuyona (thujone en inglés) por ejemplo, puede tener efectos tóxicos, además partes de esta planta son usadas para preparar absenta, aquel licor famoso en Europa a finales del 1800 y comienzos de 1900, en especial entre pintores y escritores.


ilustración científica de artemisia absinthium de köhler
Al observar esta ilustración de Artemisia absinthium se puede entender porqué es fácil confundirla con Ambrosia cumanensis, más cuando se carece de ejemplares de ambas especies para compararlos entre sí.

hoja de artemisia absinthium
Hoja de Artemisia absinthium tomada de usesofherbs.com


Por la época en la que ignoraba que a la altamisa (Ambrosia cumanensis) también se le dice artemisa, supe que por su sabor amargo está incluida en la mezcla de las 7 hierbas amargas que se vende a granel en la víspera de Nochevieja en las plazas de mercados colombianas, pues se cree que bañarse con ella, siempre del cuello hacia abajo y sin tocar la cabeza, aleja la mala suerte. La creencia también es válida para limpiar espacios físicos y vehículos, en los que se usa en forma de riego. Hay también quien la usa como sahumerio con el mismo fin, mientras que algunas mujeres la usan para que les baje la menstruación.

Relaté una versión resumida e incompleta de esta historia en una de las charlas de herbolaria que he dictado, sin embargo esto no cambió la opinión de una asistente, que zanjó la confusión diciendo “para mí seguirá siendo artemisa” refiriéndose a un matorral de geranio. Más allá de cuál es el nombre popular de una planta creo que es importante saber a qué especie en concreto se refiere un remedio casero, pues no es lo mismo masticar hojas de perejil para tratar heridas bucales que hacerlo con cicuta, así al neófito las hojas le parezcan las mismas. Gran parte del éxito de la medicina tradicional depende de consumir la hierba indicada para el malestar señalado, de lo contrario se multiplica la probabilidad de sufrir consecuencias desagradables, por lo que se terminará culpando del mal a la planta y no al auténtico responsable, la ignorancia.

hojas de Pelargonium odoratissium (izquierda), Ambrosia cumanensis (centro), Artemisia absinthium (derecha).
Pelargonium odoratissium (izquierda), Ambrosia cumanensis (centro), Artemisia absinthium (derecha).

Si quieres saber más de las charlas de herbolaria que dicto puedes suscribirte a mi lista de actividades a través de este enlace o si prefieres puedes sumarte a mi lista de correo a través de este otro.

Para escribir este artículo también consulté el Manual: El milagro de las plantas, aplicaciones medicinalesy orofaríngeas - Editorial San Pablo (2005)

sábado, enero 21, 2017

Cómo tener una lavanda feliz

En varias ocasiones las personas que han llevado a su casa y a sus vidas una planta de lavanda me escriben pidiéndome consejos para cuidarlas. Aprovechando que ya sé cuáles son algunas de las preguntas más frecuentes las agrupo en este texto junto a las respuestas que doy, aunque aclaro que no soy ninguna experta, sólo alguien que lleva algún tiempo aprendiendo por ensayo y error y consultando a quienes saben del tema más que yo.

¡Socorro!, a mi lavanda le salieron unos bichos, ¿qué hago?

Si los bichos son unos insectos leves, diminutos y blancos son esos conocidos como palomillas, inofensivos para las plantas. Los he visto vivir sobre varias plantas aromáticas y sobre el geranio de olor sin dañarlas. Si son verdes y regordetes es muy probable que sean piojos, pero la lavanda sabe cómo defenderse de ellos. Los piojos prefieren estar alrededor de las flores, incluidos los botones, así que la única molestia que pueden causar es que termines comiéndote alguno si preparas una infusión con una flor de la planta afectada.

Otra molestia común, que la lavanda comparte con las plantas en general, es la presencia de mosquitos, de los comunes, no de los que chupan sangre. Si, como yo, has quitado las hojas secas y las has dejado encima de la tierra, en lugar de usarlas para hacer abono, es posible que huevos de mosquitos las usen como guardería, el resultado es un enjambre pequeño, inofensivo pero de aspecto desagradable alrededor de tu planta.

La solución es quitar las hojas secas y remover la tierra. El riego puede hacerse de forma menos frecuente o abundante, pero recordando que la prioridad es la salud de la planta.

El consejo general que doy cuando me hacen preguntas sobre esta preocupación es guardar la calma, poner la planta cerca de una ventana, abrirla y animar al elemental de la planta afectada para que llame a los insectos necesarios para que la defiendan de la plaga. Así suene a patraña, funciona. En este momento mi lavanda tiene mosquitos pero los piojos desaparecieron. Repito, no soy experta, tampoco soy entomóloga, pero desde lo que sé pareciera como si los mosquitos se hubiesen comido
a los piojos. Preferiría que hubiesen venido mariquitas / vaquitas de San Antonio al rescate, pero eso fue lo que mi planta convocó, por lo que respeto su decisión, al menos cuando me aguanto las ganas de matar unos cuantos mosquitos o cuando no dejo un recipiente con agua sobre la tierra para que se suiciden. El que uso es una copa blanca de plástico, después de un tiempo veo algunos cuerpos oscuros inertes flotando en la superficie del agua.

Si matar mosquitos con los dedos o con agua te parece cruel y asqueroso, puedes comprar un insecticida hecho a base de cebolla y productos naturales por una empresa de discapacitados de las Fuerzas Militares (de Colombia) a los que encuentras llamando al 310 679 1311 y por WS en el 315 809 6878. Mi mamá ha usado algún producto de ellos y ha quedado satisfecha con el resultado.

Mi lavanda está grande, hermosa y fuerte. Quiero trasplantarla. Además de pedirle permiso a su elemental, ¿qué debo hacer?, ¿necesita abono especial?

La primera vez que mi lavanda fue trasplantada no tuve voz ni voto para opinar. Mi mamá lo hizo mientras estaba de viaje así que no he tenido el gusto de vivir esa experiencia, pero ya lo haré. La mía hoy está enorme. Sea como fuere lo que sé, por procedimientos de transplante anteriores hechos con otras especies es que agradecen el abono que se hace en casa con cáscaras de vegetales y cáscaras de huevo que resulta de preparar comidas.

Algunas fuentes dicen que al abono hay que mezclarlo cada tanto, dejarlo respirar y sacarle los líquidos que va soltando. Yo, así los expertos expertísimos se agarren la cabeza con las manos, no he hecho nada de eso. He metido las cáscaras en un tarro, lo he tapado, me he olvidado de él durante meses, le he dado una que otra vuelta perezosa, lo he olisqueado y cuando tiene aroma a caca / popó, o como le digan en su región al excremento, lo he usado. La conejilla de indias fue una variedad de mentha suaveolens, conocida en Europa como menta manzana. En poco más de dos meses pasó de tener tres ramitas a estar como se ve en las fotos.

Esta niña vive al lado de una ventana y la rama larga es sostenida por el vidrio, por eso se ve así.

Vista desde la rama larguísima.

Así que volviendo a la pregunta se puede usar tierra con cascarilla de arroz o tierra negra con abono casero. Para evitar un poco la molestia de los mosquitos prefiero usar el abono en el fondo de la maceta y luego relleno con tierra común.

Si, como yo usas cristales como la amatista, el jade o el ágata para potenciar la energía de las plantas, es importante sacarlos antes de cambiarlas de matera y semienterrarlos en el recipiente nuevo una vez has terminado el proceso.

Y ya que hablaste de abono, ¿qué hago con las pastillas que me diste con mi lavanda?

Las pastillas que uso están hechas a base de fósforo, nitrógeno y potasio. Se usan para que las plantas apreciadas por sus flores tengan alimento para seguir ese proceso, pues pedirle a una planta que florezca sin alimentarla es como pedirte a ti que des lo mejor de tu ser viviendo a dieta de jugo y más jugo. Las plantas necesitan amor y alimento, además de agua.

Mi lavanda ya floreció y en tu libro (el que entrego junto a la lavanda) dices que debo cortarle las flores después de que florezca. ¿Cómo sé cuándo cortarlas?, ¿dónde hago el corte?

Yo corto las flores de la mía cuando los tallos empiezan a tener un color grisáceo o pardo. El corte lo hago en sesgo, en diagonal cerca a la base, donde las hojas se abren en dos para dar paso a la flor.

¿Cuánta agua debo ponerle?

Eso depende de la variedad de lavanda que tengas. Las que conozco de cerca son la dentata y la angustifolia. La angustifolia necesita ser regada casi a diario en épocas calurosas y un poco menos en épocas más frescas. La angustifolia, por el contrario, necesita menos agua, así que basta con humedecerle bien la tierra y esperar hasta que se ve seca para volverla a regar. La observación, sin embargo no sobra, pues es una herramienta indispensable para aprender a conocer las necesidades específicas de cada especie. Esto aplica para todas las plantas.

Mi lavanda tiene unas ramas como caídas, ¿qué será?, ¿qué hago?

Si es dentata es posible que esté pasando frío o soledad. En ese caso es mejor llevarla a un sitio cerrado o, al menos, bajo techo para que se sienta abrigada y protegida. También conviene analizar si ha pasado mucho tiempo sin compañía humana, pues he visto que necesitan atención y miradas amorosas. Con la variedad angustifolia no tengo tanta experiencia pero la razón podría ser falta de agua, ya que es más resistente al frío, lo que tiene sentido si se considera que es conocida como lavanda inglesa, una geografía conocida por el clima lluvioso y las temperaturas bajas.

Esto resume los conocimientos técnicos que he acumulado aplicables al cuidado de la lavanda y al de otras plantas. Si tienes alguna pregunta que no está aquí puedes enviármela a través de mi página de facebook.

miércoles, enero 18, 2017

Así conocí la lavanda

La lavanda para mí era un nombre, una ilustración, un olor sintético antes de que la viera en vivo.

Aunque me gustaría poder decir que la primera vez que vi una planta viva de lavanda fue mágica, estática y maravillosa lo cierto es que su espíritu es tan sutil que tuve que pasar a su lado varias veces antes de ser consciente de su presencia. Me parece que fue en una primavera austral, en un patio grande, muy abierto, cuando una de sus flores logró llamar mi atención.

Mi suegra del momento le pidió a su hija que cortara una flor y la pusiera debajo de la almohada de su nieto bebé. Decía ella que eso le ayudaría a dormir mejor. Luego vi la flor de color lila pálido en la mano de la que era mi cuñada y luego cambiamos de tema.

El tiempo pasó y en un viaje de un día a una ciudad que me cautivaba con sus historias de castillos y alquimia volví a verla. De un modo más cercano pero también fugaz. Mi pareja de la misma época, quiso hacer un plano cerrado de una abeja visitando flores. En ese momento estaba más interesada en la similitud que hay entre las palabras “marisquería” y “whiskería”, por lo que no le presté mucha atención al jardín. Luego guardé las fotos de ese día, las que tomó él y las que tomé yo, y sólo volvería a observarlas, con ojos de botánica aficionada, años después.

Aquí entra en escena Mick Jagger


Habían pasado varios años desde que había dejado el paisito. Resignada, me acostumbré a la falta de estaciones y aprendí a identificar el momento aproximado del año en el que empieza la cosecha urbana de cerezas. Pero nunca dejé de observar los jardines anhelando encontrar una lavanda. No sé cómo sabía que la reconocería pero lo sabía. No era experta, tampoco ahora, sólo sé que algo me decía que cuando la encontrara sabría que era ella.

Muchas veces recordé la lavanda viendo una planta ornamental, también de flores en espiga y tonos violáceos, en los jardines bogotanos, pero aunque bella no era ella. Sus hojas son más oscuras, más duras y nada aromáticas, al menos no para la sensibilidad de mi nariz. Pasaron años hasta que la encontré a la vuelta de mi casa.

Mi mejor amigo estaba por venir a la ciudad para ir al concierto de los Rolling Stones, por lo que me había pedido que lo dejara quedar en mi habitación de huéspedes. Agradecida con la oportunidad de salir de mi zona cómoda, así fuera sólo por unos días, me metí en el papel de la anfitriona ejemplar.
Fui a buscar pan para el desayuno de ambos y de camino pasé por una tienda pequeña en la que venden plantas, tierra, macetas, pero que no acabo de llamar vivero porque también venden jabones para la buena suerte, incienso, billetes de lotería y además reciben el pago de servicios públicos. Ella, la planta de lavanda que tengo en casa, estaba en la puerta, luciéndose, coqueteándome. Pasé a su lado y sentí un sobresalto.

Compré el pan y me quedé pensando en ella. No lo creía posible. Era demasiado fácil y demasiado conveniente. La lavanda no es nativa de América ni mucho menos de Colombia, pero qué importaba, ya estaba hipnotizada por su presencia. Me devolví a esa tienda a la apenas había entrado un par de veces a comprar tierra para otras plantas.

Pregunté cómo se llamaba y la dueña del negocio dijo que era una citronela. Evité contradecirla, tampoco estaba segura de mi hallazgo. Pregunté cómo se cuidaba y el precio. La pagué y me la llevé. No podía creerlo. Tenía una lavanda y la había encontrado en el barrio vecino al mío.

Llegué, busqué en internet y confirmé que las plantas que suelen ser llamadas citronelas tienen un aspecto muy distinto, incluido un tipo de geranio que también tiene su parte en esta historia.
Comparé el olor de mi planta con el de unas flores secas que me había traído de España una amiga y con otras que compré en Berlín, envié correos con fotos a amigos interesados en la lavanda y todos, sorprendidos, confirmaron mi hipótesis. Ellos fueron los primeros en pedir las suyas, que encargué a la señora de la tienda y luego repartí..

Los polvos de la verdad


Un amigo me dijo una vez que pareciera como si usara polvos de la verdad, un invento como los que le dan a James Bond para completar sus misiones. Según él tengo la capacidad de extraer información confidencial sin siquiera proponérmelo, y quizás sea así.

Un día, en un episodio que contaré en otra historia, necesité tierra para tratar de rescatar un esqueje de geranio y, como no tenía, me fui al negocio de la señora que me vendió la lavanda. Mientras estaba ahí y sin hacerle muchas preguntas, sino más bien contándole que mi planta estaba grande, hermosa y fuerte, me contó que quien se la había vendido había traído las semillas de México y las había germinado acá. No pregunté cómo se llamaba pero de todos modos me dio el nombre, tampoco quise saber en dónde la había comprado pero igual me lo dijo. Así encontré los datos de quien, sin proponérmelo, ahora es uno de mis maestros.

No hagas planes, la Divinidad se va a reír de ellos


En una visita no planeada a mi mamá, pues se había enfermado repentinamente, acordamos ir al mercado de plantas de Paloquemao. Estando allí busqué al hombre que me había mencionado la mujer de la tienda del barrio, hablé con él y terminé inventándome un negocio en el que yo también vendería plantas de lavanda pero agregando valor, pues los negocios de intermediaria simple, en los que compras barato para vender caro, no me llaman la atención. Entonces empezó la etapa de investigación.

Ya tenía identificada la variedad de lavanda que estaba cuidando desde hacía meses: Lavandula dentata, una de las conocidas como lavanda francesa. Seguí hurgando hasta entender las diferencias entre esta y otras como la stoechas y la angustifolia, antes conocida como officinalis. Observé cómo se comportaban sus hojas ante la falta de agua, revisé artículos de jardinería y libros que indicaban sus usos mágicos y las leyendas que hay en torno a la lavanda en general.

Recordé que el año anterior había encuadernado a mano y con tela unos libros que me habían pedido por encargo. Hice una edición expresamente para vender la lavanda con una tela linda que guardaba desde no sé hacía cuánto y empecé a ofrecerlas a través de mi página de facebook.

El comienzo fue tímido y hoy, todavía, es una actividad de movimientos lentos, pero como nunca hice planes para hacerme rica vendiendo plantas de lavanda no me importa. Autodenominarme la Señora de la lavanda y sentir que a través de mí esta plantita maravillosa llega a las casas de personas sensibles alegra mis días. Además es lindo recibir correos con preguntas de quienes han comprado alguna y quieren saber cómo pueden cuidarla mejor.

Si no me quieres mejor ni me mires


La lavanda, en general, es una planta muy sensible. Responde de forma casi instantánea al humor de quienes están cerca de ella. He visto que resiente la soledad, así tenga suficiente agua y luz, por lo que no le sobra un regaño o un llamado de atención cuando agacha las hojas de forma dramática. Poco después se la encuentra animada y erguida, como diciendo “gracias por reconocer mi presencia”.

Del carácter sensible de la lavanda también sé por la experiencia de una amiga dueña de un negocio, que dejó a la vista una plántula de lavanda inglesa y que, luego de ser admirada y tocada por un cliente, empezó a decaer hasta morir. Con esta variedad no tengo mucha experiencia, pero estoy en el proceso de aprender después de que mi maestro me ayudara a germinar algunas semillas que traje de Austria. Tengo una pequeña guardería de plantas bebés que algún día llegará a ser un matorral disperso en varias casas y fincas.

El mensaje del deva de la lavanda


Al espíritu que cuida una especie se le puede llamar elemental, deva, duende o como se quiera. A mí me gusta la palabra deva por lo que leí en Comunicación con los ángeles y con los devas*, un libro en el que Dorothy Maclean se refería con esta palabra a estos seres.

Al vivir al lado de la lavanda he aprendido que es una planta sutil, delicada e inspiradora, que me ayuda a valorar lo que tengo alrededor y a hacer los cambios que necesito, sin distraerme pensando en lo que no me hace falta. Esta planta ha traído gozo y sensibilidad a mi vida.

Hace semanas, cuando preparaba uno de los encuentros herbales en los que, junto a mi socia, transmitimos a otros el conocimiento que hemos acumulado en torno a las plantas, se me antojó meditar concentrándome en este ser etéreo. El texto que sigue es lo que percibí:

Limpio los ambientes, el espacio, los pensamientos de energías negativas y residuales.
Ayudo a los seres humanos a evolucionar con mi aroma, con mis rezos.
Limpio el corazón de las personas de energías negativas, por eso doy tranquilidad y calma.
Ayudo a dejar en el pasado lo que debe estar allí, por eso ayudo a valorar el presente, a dejar atrás el dolor y a tratar la depresión causada por los duelos.
Sentimos el amor de las personas, por eso somos tan sensibles. No nos gusta estar en casa de quienes no nos aprecian y preferimos estar al aire libre para crecer sin restricciones.
Amamos la luz, ADORAMOS la luz. Somos mediterráneas las lavandas. Nos llevamos bien con el romero, por eso nos gusta confundirnos con él aunque no somos tan resistentes. Él es más protector, más guardabosques.
Como todas las plantas usamos la energía de los pensamientos de los humanos para crecer y prosperar, por eso es tan importante que ustedes nos conozcan y nos respeten, y les enseñen a sus hijos desde niños la importancia de cuidarnos, así como lo hizo tu mamá contigo, porque cuando llegan a adultos sin saber éstas cosas es más difícil crear un cambio de consciencia.

Sí quizás esté chiflada, al fin y al cabo chiflado es sinónimo de herbolario, así que no creo estar tan lejos de mi camino verdadero.

*En este libro también hay un mensaje recibido del deva de la lavanda junto a otros provenientes de otras plantas.

La canción que me sirvió para sintonizarme con el mood que sentí antes de escribir este texto es Such great heights en la versión de Iron & Wine.

miércoles, enero 04, 2017

¿Cómo romper las creencias limitantes?

Lo primero que tengo que decir es que no uso una pregunta para titular este texto sólo para retar al lector, lo hago porque todavía no sé la respuesta, porque escribir es en este momento un ejercicio para acercarme a ella.

Vengo pensando en las creencias limitantes desde hace mucho, pero sólo hasta hace unos meses adopté este rótulo, después de escuchar una conferencia de Enric orbera. La verdad es que mucho antes, en 2013, cuando hospedé a un alemán que puso a prueba mi tolerancia, pasaron por la radio pública una entrevista que le hicieron a Martín Caparrós, uno de mis escritores predilectos. En ella contaba avances del que sería su próximo libro, Hambres, y recordaba historias escritas en los previos, Una luna y Contra el cambio. En Contra el cambio relata una conversación que tuvo con una mujer africana. Le hizo una pregunta gastada: si viniera un ser mágico a concederte lo que quisieras, ¿qué le pedirías? Una vaca, fue la respuesta de la mujer. Caparrós indagó e indagó hasta dar con la razón de un deseo tan pobre, tan flaco. La mujer había vivido siempre en unas condiciones tan limitadas que incluso su capacidad de imaginar estaba atrofiada. Pero ¿no es lo que nos pasa a todos?, reflexionaba Caparrós al respecto durante esa entrevista, y sí, decía yo mientras ignoraba al alemán, mientras hacía como que me concentraba en lo que decían el escritor y los periodistas.

Poco tiempo después le conté la anécdota a mi mamá y cuando estaba por llegar al final apareció una tía, hermana de ella. Orgullosa después de oírme terminar el relato dijo “me imaginé que ese iba a ser, dos vacas, ante la insistencia la señora pidió dos vacas”. Yo me seguía preguntando ¿por qué no pedimos más?, ¿por qué no nos atrevemos a soñar con más? Caparrós ya había respondido la pregunta pero yo no acababa de digerir la respuesta. Deseamos poco y nos conformamos con poco porque nos han criado para eso, porque nos han formado para que nos alegremos con poquito. Nos amaestraron para que ante la pregunta de un genio de la botella respondamos “quiero ir a Europa” en lugar de “quiero conocer el universo entero”.

Los límites no están en la billetera, en la cuenta bancaria, ni siquiera en el partido que gobierna tal o cual república bananera, los límites están en la mente y nos habituamos tanto a ellos que nos parecen naturales, como ese tornillo que le insertan quirúrgicamente a alguien y que después de unos años ha asimilado como cualquiera otro de sus huesos. Pero entonces, ¿qué hacemos para librarnos de ellos? Lo primero, digo yo, es hacer la primera persona del plural a un lado. Las cosas no “nos pasan”, las cosas “me pasan”. Lo primero es asumir la responsabilidad propia, la individual en el modo en el que está mi vida. Entender que si no me he ido de vacaciones a Curazao no es porque mi jefe me odia y me niega un aumento sino porque de entrada creo que no me merezco ese viaje o porque creo que es más importante pagar el colegio de los niños que ir a dorarme en la arena. Y no, acá no estoy hablando de lo que está bien ni de lo que está mal porque gracias a la diosa Fortuna cada día me es más fácil ver que el mundo no es a blanco y negro. Si dejo de pagar el colegio de mis hijos para irme con ellos a Curazao tal vez estoy eligiendo educarlos de una manera distinta, quizás escojo mostrarles en la práctica que los límites están en mi mente y no en las circunstancias que materializo.

Ayer retomé otro libro, uno que intento terminar desde 2014, ese que me espía, que me patea, que me da cachetadas pero al que vuelvo una y otra vez porque sé que las historias que muestra y los ejercicios que plantea son lecciones que necesito para no acomodarme demasiado en el presente. Esta vez, un poco prevenida, me devolví para buscar una historia que quería releer, la del naturópata que antes de adoptar tal profesión se dio cuenta de que tenía que cultivar la constancia y por eso estuvo trabajando como informático 10 años o más en una empresa. Al final no leí la historia, como acabo de demostrarme la tenía lo suficientemente fresca como para volver a ella, por eso preferí leer otras y seguir para ver si algún día termino de leerlo, y ahí estaba otra vez, el tema de las creencias. Las frases que catapultaron mi entendimiento a otro nivel vinieron de Milagros que se cumplen de William Thomas Tucker, leyéndolo, leyendo la misma idea después de N veces por fin entendí, entendí que si mis viajes son tan cortos y tan esporádicos es porque en mi mente existe una parcela que dices “o tienes casa propia o te vas de viaje más de un mes”. El mes es una cifra ridícula, de ejemplo, bien podría ser 3 años, 3 días o 3 horas, el punto no es ese, así que no lo pierdas de vista si quieres avanzar, el punto es que por esas cárceles invisibles que nos inventamos los seres humanos somos tan fáciles de manipular, de controlar.

¿Qué importa si quienes controlan el mundo son reptilianos o illuminati?, lo que importa es que sus métodos funcionan porque no los cuestionamos, porque no los cuestiono, ahí está de nuevo la trampa del grupo, la tentación de escurrir el bulto. No he conseguido lo que anhelo no porque no sea posible sino porque creo que otras cosas son posibles. Este no es, ni me propongo que lo sea, una letanía de lo mucho que me hace falta y de lo poco que tengo. Nada de eso. Ahora veo la puerta, la observo como un animal salvaje al han tenido encerrado durante mucho tiempo y que al ver la luz natural sin el filtro de las rejas se maravilla al tiempo que teme salir. ¿Podré?, ¿seré capaz de disfrutar la libertad?, ¿tendré tan atrofiada la imaginación que fracasaré al primer movimiento? Todas preguntas que vienen del miedo, todas de miedos putos que como cepos me cortan los pasos.

Claro que es posible viajar durante años, décadas y tener una casa propia al mismo tiempo. Obvio que es posible darle agua, comida y energía gratis a todo el mundo, el problema no es si existe la tecnología, si hay financiación o si hay voluntad política, el problema es la creencia de que todo eso es imposible. La varita mágica la llevas adentro, está en tu consciencia, amplia o limitada, elevada o hundida, que te concede todos tus deseos sin cuestionarte. ¿Quieres un jefe que no te dé el salario que deseas? ¡Concedido! ¿Crees que eres feo y pobre y que por eso no podrás conquistar a ninguna mujer bonita? ¡Concedido! Mírate al espejo, encara la imagen, en ella descubrirás a tu peor enemigo, ese que va contigo incluso al fin del mundo, ese que te enjabona la espalda y corta el papel higiénico por ti. Sí, echarle la culpa al otro es fácil, es cómodo, pero también es infantil, poco realista y autolimitante. Si quieres que tus sueños se hagan realidad el primer paso que debes dar, al menos como lo veo desde aquí, es reconocer si crees o no que realmente mereces eso que deseas. ¿De veras eres tan bueno y perfecto para ganarte la lotería?, ¿de veras eres incapaz de señalar a alguien que la necesite más o que haya acumulado más méritos que tú?, ¿podrías asegurar que te mereces el mundo incluso estando borracho?, porque si lo que crees es que eres un ser humano inmundo, ruin y lamentable tu genio propio te concederá todas y cada una de las experiencias necesarias para comprobar tu creencia, verás cómo pasan muchísimas cosas buenas pero siempre a los demás.

Ahora me voy a seguir levantando la cabeza, a descubrir qué creo que merezco, quizás dentro de poco deje de ver la puerta de las creencias limitantes con ilusión y me anime a cruzarla, así no sepa bien cómo hacerlo o cuáles son las reglas del otro lado, ese territorio que durante tanto tiempo me pareció imposible pero que sólo estaba fuera de mi campo visual.