viernes, abril 07, 2017

Herbolaria copycat

Hoy descubrí algo muy desagradable, lamentable y que se acerca a lo delictivo. Ya que tiene el potencial de dañar a terceros y porque no tengo obligación de responder por las consecuencias de actos ajenos, comparto el acontecimiento con ustedes.

Esta mañana iba a la zona de Paloquemao, en Bogotá, a recoger un pedido de lavandas que hice ayer en la tarde a Don Luis, mi proveedor de confianza. Al llegar lo encontré con cara extraña. Su esposa, Doña Ana, a la que sólo hoy pude conocer en persona, pues habíamos hablado varias veces por teléfono, siendo ella la que a veces toma mis pedidos, me saludó cordial y alegre, pero apenas le pregunté por mi encargo la energía cambió de súbito.

Don Luis se acercó y empezó una conversación que iba más o menos así:

Don Luis
Yo le dije que no eran para ella.

Doña Ana
¿Cómo así?

Johanna
¿Qué pasó?

Doña Ana
Ay, por favor discúlpeme.

Johanna
¿Por qué?, ¿qué pasó?

Doña Ana
Pues que esta mañana vino alguien diciendo que venía de parte suya, de Johanna [con la hache aspirada] y no de Joanna [sin hache] y se las llevó. Lo que no se quiso llevar fue la artemisa que nos encargó.

Don Luis
Yo les dije que esas eran las de ella, que ella viene tarde (eran más de las 10 a.m.), pero en ese embolate no me hicieron caso... [En la temporada previa a Semana Santa se venden muchas plantas para ser usadas el Domingo de Ramos.]

Yo no entendía nada. Alcancé a imaginar que alguien estaba espiando mis llamadas y demás, pero la autocontemplación me sirvió para mantener la calma y preguntar.

Al parecer quien llegó diciendo que iba de parte mía probó su suerte y ganó. No llegó pidiendo el número exacto de plantas que encargué sino que preguntó por las lavandas que yo había encargado. Supongo, aunque no debería como enseña la toltequidad, que usó los datos que publiqué en mi guía para el cuidado de las lavandas. Allí ya había anunciado en qué sector de la ciudad las compro y ya que estoy voy a dar todos los datos.

Estoy muy a favor de que cada quien arme su negocio, emprendimiento o start up, el término de moda. Lo que me parece de pésimo gusto, triste y hasta abusivo es que alguien hable en nombre mío cuando ni siquiera sé quién es.

Las plantas de lavanda francesa Don Luis las vende a COP $4.000 y yo las vendo a COP $18.000 porque, como expliqué en el artículo que menciono más arriba, agrego valor. Hice una investigación personal alrededor de esta especie, redacté un artículo con los resultados, lo diagramé en un formato que diseñé, ideé el modo de entregarlo en un libro que encuaderno a mano, que pongo en una bolsa de tul junto a un cristal para que acompañe y potencie la energía de la planta e incluso pastillas de abono para que la lavanda tenga alimento para seguir floreciendo. Luego, como algunos de ustedes lo han comprobado, respondo preguntas y acompaño el cuidado posterior que se hace de un ser vivo.

Yo voy a comprar los cristales, las bolsas de tul, como ya dije encuaderno los libros y ahora también entrego las plantas. La idea de vender plantas claramente no es mía, yo sólo hice mi versión de un negocio que complementa mis entradas económicas, por eso me molesta tanto que venga alguien a usar mi nombre y la credibilidad que he construido y que sigo construyendo para ve tú a saber qué.

Ahora que "el secreto" salió a la luz voy a dar todos los detalles de dónde y cómo pueden conseguir las lavandas francesas. El precio, ya lo dije es de COP $4.000. A veces hay y a veces no. El mercado abre martes y viernes, me parece, pues nunca he llegado tan temprano, desde las 7 a.m. Cierra hacia las 10:30 a.m. En el lugar, un parqueadero diagonal, en línea recta hacia el occidente, que se traza desde la entrada del colegio Nuestra Señora de la Presentación - Centro. La forma fácil de llegar es bajarse en la estación Paloquemao de Transmilenio, caminar hacia el oriente por el costado norte, pasar el Centro comercial Calima, luego la plaza de mercado Paloquemao y cruzar la calle, los apartamentos de San Facón y seguir hasta llegar al parqueadero que menciono. Allí desde poco antes de la entrada se ven vendedores de plantas te todo tipo, suculentas incluidas.

Adentro se debe buscar la carpa amarilla y verde de la foto, en el costado izquierdo. Allí están Don Luis y Doña Ana. Para evitar perder la ida es necesario encargarlas, por eso yo los llamo con antelación. Hablé con ellos acerca de dar sus números de teléfono pero concluímos que lo más prudente es que quien esté realmente interesado vaya a conocerlos y se los pida. Es el esfuerzo mínimo que puede hacer quien esté interesado en encontrar esta planta. Una cosa más, la lavanda es conocida también como citronella, pero este es un nombre común compartido por varias especies.




Ya está. Aquí están los datos de cómo encontrar lavandas en Bogotá. Si alguien siente que mi trabajo es valioso y quiere seguirlo apoyando puede comprarme las lavandas a mí, pero si le parece que no ya tiene otra alternativa. Si quiere también puede hacer su propio libro, una versión sin corregir del texto que escribí está aquí.

Finalmente reitero que yo, Johanna Pérez Vásquez o Licuc no envío a nadie en nombre mío sin copia de mi documento de identidad. Los canales oficiales para contactarme profesionalmente son esta página de Facebook, los correos elsuenosignificado@gmail.com, correo@elsuenosignificado.com, los blogs Licuc, El sueño significado, Limpia-Mente, Ezencial, Los tés y H E R A, la cuenta de Twitter @licuc y el número de celular 310 861 4195, al que se debe llamar pues no uso WhatsApp. Si bien administro otras presencias digitales, estos son los datos principales a los que pueden acudir para saber si la información que se firma con mi nombre o mi seudónimo es auténtica o no, en especial si alguien empieza a dar consejos de salud diciendo que yo soy la autora.

Gracias por su interés en mi trabajo y, a quienes así lo decidan, por difundir esta información, así nos cuidamos entre todos.

martes, febrero 21, 2017

¿Artemisa o altamisa?, esa es la confusión

Casi desde el primer taller que dicté me han hecho esta pregunta y yo, antes de sentirme como Luke Skywalker cuando Darth Vader le dice “yo soy tu padre”, iba por el mundo, como Luke, creyendo que sí, que la artemisa era una y que la altamisa era otra y que todo estaba muy bien, que la diferencia entre una y otra estaba clarísima, por lo que tenía un asunto menos del qué preocuparme. Todo iba bien hasta que un día…

Ya adelanté parte de la respuesta. Si me siento como niña a la que le acaban de decir que es adoptada, después de pasar años creyendo que papá y mamá eran eso, papá y mamá superhéroes y semidioses, es porque descubrí que la artemisa no era lo que creía. Para entender este enredo es necesario que cuente cómo lo descubrí. Todo empezó con un taller que di de plantas para dormir y soñar.

En el evento en el que me estrené como aprendiz de herbolaria di información acerca de la artemisa creyendo que me refería a la Artemisia vulgaris. Estaba convencida de que era así porque había consultado el libro de Plantas y recetas mágicas de María Elvira Molano Bravo y Botánica Oculta de Paracelso. Semanas después, en la casa de mi abuela, descubrí que llevaba años ignorando una planta muy apreciada por una tía: una “artemisa”. La confusión de nombres comunes apenas empezaba. 

Mi tía, devota de los efectos de la planta que, según ella, le calma todos los malestares cuando la consume en infusiones, recibió de su parte el nombre de pronto alivio, planta que existe, que es llamada comúnmente así, pero que se relaciona con la Lippia alba o Lippia lantanoides. Mi abuela, por el contrario, siempre la llamó artemisa, pero me explicó que también se la conocía como aroma, sorcilicio o planta de las 7 suertes, además, dice ella, es conveniente tenerla en lugares donde se busca que los visitantes se sientan cómodos, un negocio, una sala de reuniones por ejemplo. La información del nombre común la corroboré más tarde, a través de una yerbatera de la plaza del barrio 7 de agosto, en Bogotá, que también llamaba artemisa a esta planta de olor cítrico y hojas parecidas a manos extendidas. La yerbatera también me regaló unas flores de altamisa, que me sirvieron para aprender a diferenciar una especie de la otra y que durante un tiempo creí que eran de Artemisia absinthium. Luego de publicar este artículo por primera vez otra yerbatera, que vio las fotos que lo acompañan, me indicó que en realidad correspondían a la especie Ambrosia cumanensis.

Hasta aquí todo muy bien pero todo muy inexacto.

Paseos herbales urbanos


Soy fanática de visitar mercados y de recorrer jardines botánicos cuando viajo, pero cuando las circunstancias me tienen alejada de aviones y geografías extranjeras tampoco me limito, simplemente uso lo que tengo a mano, jardines urbanos en este caso.

Muchas personas creen que para aprender de plantas es necesario buscar a un chamán magnífico que te lleve a la selva y te haga tomar pócimas raras. Todo eso está muy bien, pero no es mi camino ni es la única forma de aprender del mundo vegetal, para empezar es suficiente con observar, tocar, siempre con respeto, y cultivar algunas plantas en casa. Mi siguiente paso, por lo tanto, fue salir a explorar el barrio con el objetivo de ver vivas las plantas que antes había visto cortadas.

Después de un rato de caminar haciendo un trazado raro, saludar gatos y descubrir algunos caracoles di con las plantas que me interesaban, la alimonada y la amarga, artemisa y altamisa. Seguí maravillándome con sus olores y con la diferencia de sus flores. Las flores de la artemisa son, si tienes la suerte de verlas, pequeñas y de color púrpura pálido, mientras que las de la altamisa son verdes, menos llamativas y nacen en espiga. Las hojas, en cambio, para quien no las conoce bien, pueden ser iguales, pero no. Debajo pongo una foto para mostrarlo mejor.

hojas de pelargonium odoratissimum a la izquierda y de ambrosia cumanensis a la derecha
A la derecha una hoja de Pelargonium odoratissimum (artemisa, sorcilicio o geranio aromo) y a la derecha una hoja de Ambrosia cumanensis (altamisa o ajenjo).

Los colores de las hojas como se ve también son distintos. Las hojas de la altamisa son de lo que se llamaría un verde cenizo, más apagado, en cambio las de la artemisa son de un verde vistoso, brillante. Hasta aquí todo muy bien… o muy mal.

Después de pedirles permiso a los elementales de las plantas para llevarme algunas de sus hojas, las fotografié e incluso me inventé una mezcla herbal para trabajar con sueños. Sus ingredientes principales son romero y artemisa. La probé junto a otras personas y sus resultados nos maravillaron. Así, enamorada de esta planta, llegué al jardín herbal del jardín botánico José Celestino Mutis.

hojas de ajenjo o altamisa Ambrosia cumanensis
Hojas de Ambrosia cumanensis conocida como altamisa o ajenjo.
flores de ajenjo o altamisa Ambrosia cumanensis
Flores masculinas de Ambrosia cumanensis conocida como altamisa o ajenjo.

Reconocimiento botánico


Una de las tareas que se debe completar para identificar una especie es consultar libros, pero no es suficiente. En algunos, a pesar de toda la buena voluntad y del trabajo juicioso de los editores, se cuelan errores que hacen difícil el estudio. *Tengo, por ejemplo, uno en el que fotos diferentes de manzanilla dulce son catalogadas simultáneamente como Matricaria chamomilla y Anthemis nobilis, cuando en realidad son distintas, sobre todo en las hojas. Este error es común y también contagió a Wikipedia durante un tiempo, por eso es necesario, en lo posible, visitar jardines botánicos y herbarios para salir de dudas. *Corrijo: Después de consultar el Vademécum de plantas medicinales colombianas, el libro El milagro de las plantas: Aplicaciones medicinales y orofaríngeas y de visitar otra vez el Jardín Botánico José Celestino Mutis encontré la manzanilla amarga o manzanillón como Tanacetum parthenium.

Siguiendo este consejo me paseé por el jardín herbal que, a la entrada, tiene varios ejemplares de artemisa. Me arrimé para ver la etiqueta y leí esto: Aroma (Pelargorium aromatissimum), saqué mi libreta y apunté, y seguí tan tranquila. En mi cabeza me expliqué que por existir al menos dos sistemas vigentes de clasificación botánica este era otro de los nombres latinos o científicos de la querida artemisa. Estaba muy mansa pero la tranquilidad sólo me iba a durar unas semanas.

Ficha de identificación del aromo, alias artemisa en el jardín herbal del Jardín Botánico José Celestino Mutis.

hojas de aroma, artemisa, citronella, sorcilicio o geranio aromo Pelargonium odoratissimum
Hojas de Pelargonium odoratissimum conocida como artemisa, citronella, sorcilicio, aroma o geranio aromo.

flores de aroma, artemisa, citronella, sorcilicio o geranio aromo Pelargonium odoratissimum
Flores de Pelargonium odoratissimum conocida como artemisa, aroma, citronella, sorcilicio o geranio aromo.

Aprender para enseñar


En realidad creo que es imposible enseñarle algo a alguien. Soy de la opinión de que sólo puedes ofrecer información, herramientas y oportunidades para que quien quiera transforme todo eso en conocimiento propio, pero como también intento ser responsable, estudio tanto como puedo antes de dar una charla. Y fue preparando la primera charla que di en el jardín botánico, que entré en crisis.

Tenía todo muy bien armadito. Los apuntes de la lavanda, el texto del romero y el de la menta, pero cuando llegué a la artemisa, oh, por, Dios. Colapsé. No intento pasarme de dramática, es que en realidad, cuando a uno le interesan tanto las plantas es así como se siente. Sentí que me habían dado un golpe invisible pero fuerte. Después de revisar algunas de las fuentes que uso para confirmar o corregir nombres comunes y científicos tuve que aceptar el error que había cometido.

Lo que yo llevaba, años ya, llamando artemisa en realidad era un geranio, o sea que ni siquiera pertenecía a la querida familia de las labiadas. Es pariente de plantas geraniáceas, conocidas por sus usos ornamentales más que medicinales PERO que según el Vademécum de plantas medicinales del Ministerio de Salud de Colombia (2008) también es familiar de la especie Pelargorium sidoides, usada para tratar infecciones respiratorias y equilibrar el sistema inmune, dato que me alivió un poco, pues me mostraba que en todos los grupos botánicos hay especies con fines medicinales. El alivio, sin embargo, fue corto. Yo quería que la artemisa fuera la Artemisia vulgaris de la que tanto había leído, pero no era. Según supe, por ser nativa de Europa en Colombia es escasa, si no es que inexistente, aunque también recibe el nombre de watsaamina, lo que me hace pensar que quizás algunas comunidades indígenas la cultiven para usarla en sus medicamentos ancestrales, así que no tendría “nombre común en español”. Frente a tantas pruebas, no me quedó más remedio que aceptar que esa plantita vivaz y alegre, a la que conocí como artemisa era un geranio, el geranio aromo, como dice Molano Bravo en El poder mágico y curativo de las flores, en donde también aparece una flor que no corresponde con la planta.

El nombre y la confusión aparentemente vienen del hecho de que la Pelargonium aromatissimum “no saca flores”, como me dijo el dueño de un vivero, o para ser más precisa, porque sus flores son diminutas, sobrias y modestas, comparadas con las de otras variedades.

Y de la altamisa, ¿qué?


Altamisa es entonces un nombre común dado a la especie Ambrosia cumanensis, oriunda de las regiones tropicales de América. Otros de sus nombre populares son artemisa, altemisa, artamisa y altamiz, como señala un documento del Instituto von Humboldt para la conservación y uso de plantas medicinales colombianas (2011). La altamisa ha sido usada tradicionalmente para bajar la fiebre, desinfectar heridas externas, aliviar cólicos menstruales y alejar a las pulgas, al tiempo que se aconseja a las embarazadas evitarla.

Ajenjo es otro nombre común que se le da a la Ambrosia cumanensis, pero cuando se profundiza su estudio se descubre que en realidad es un apodo que se usa con frecuencia para hablar de Artemisia absinthium, familiar de la Artemisia vulgaris. La Artemisia absinthium es usada para estimular la menstruación, tratar infecciones de hongos en la piel y problemas digestivos como la acidez y la obstrucción intestinal. Las dosis y la duración del tratamiento deben medirse muy bien pues por sus componentes, la tuyona (thujone en inglés) por ejemplo, puede tener efectos tóxicos, además partes de esta planta son usadas para preparar absenta, aquel licor famoso en Europa a finales del 1800 y comienzos de 1900, en especial entre pintores y escritores.


ilustración científica de artemisia absinthium de köhler
Al observar esta ilustración de Artemisia absinthium se puede entender porqué es fácil confundirla con Ambrosia cumanensis, más cuando se carece de ejemplares de ambas especies para compararlos entre sí.

hoja de artemisia absinthium
Hoja de Artemisia absinthium tomada de usesofherbs.com


Por la época en la que ignoraba que a la altamisa (Ambrosia cumanensis) también se le dice artemisa, supe que por su sabor amargo está incluida en la mezcla de las 7 hierbas amargas que se vende a granel en la víspera de Nochevieja en las plazas de mercados colombianas, pues se cree que bañarse con ella, siempre del cuello hacia abajo y sin tocar la cabeza, aleja la mala suerte. La creencia también es válida para limpiar espacios físicos y vehículos, en los que se usa en forma de riego. Hay también quien la usa como sahumerio con el mismo fin, mientras que algunas mujeres la usan para que les baje la menstruación.

Relaté una versión resumida e incompleta de esta historia en una de las charlas de herbolaria que he dictado, sin embargo esto no cambió la opinión de una asistente, que zanjó la confusión diciendo “para mí seguirá siendo artemisa” refiriéndose a un matorral de geranio. Más allá de cuál es el nombre popular de una planta creo que es importante saber a qué especie en concreto se refiere un remedio casero, pues no es lo mismo masticar hojas de perejil para tratar heridas bucales que hacerlo con cicuta, así al neófito las hojas le parezcan las mismas. Gran parte del éxito de la medicina tradicional depende de consumir la hierba indicada para el malestar señalado, de lo contrario se multiplica la probabilidad de sufrir consecuencias desagradables, por lo que se terminará culpando del mal a la planta y no al auténtico responsable, la ignorancia.

hojas de Pelargonium odoratissium (izquierda), Ambrosia cumanensis (centro), Artemisia absinthium (derecha).
Pelargonium odoratissium (izquierda), Ambrosia cumanensis (centro), Artemisia absinthium (derecha).

Si quieres saber más de las charlas de herbolaria que dicto puedes suscribirte a mi lista de actividades a través de este enlace o si prefieres puedes sumarte a mi lista de correo a través de este otro.

Para escribir este artículo también consulté el Manual: El milagro de las plantas, aplicaciones medicinalesy orofaríngeas - Editorial San Pablo (2005)

sábado, enero 21, 2017

Cómo tener una lavanda feliz

En varias ocasiones las personas que han llevado a su casa y a sus vidas una planta de lavanda me escriben pidiéndome consejos para cuidarlas. Aprovechando que ya sé cuáles son algunas de las preguntas más frecuentes las agrupo en este texto junto a las respuestas que doy, aunque aclaro que no soy ninguna experta, sólo alguien que lleva algún tiempo aprendiendo por ensayo y error y consultando a quienes saben del tema más que yo.

¡Socorro!, a mi lavanda le salieron unos bichos, ¿qué hago?

Si los bichos son unos insectos leves, diminutos y blancos son esos conocidos como palomillas, inofensivos para las plantas. Los he visto vivir sobre varias plantas aromáticas y sobre el geranio de olor sin dañarlas. Si son verdes y regordetes es muy probable que sean piojos, pero la lavanda sabe cómo defenderse de ellos. Los piojos prefieren estar alrededor de las flores, incluidos los botones, así que la única molestia que pueden causar es que termines comiéndote alguno si preparas una infusión con una flor de la planta afectada.

Otra molestia común, que la lavanda comparte con las plantas en general, es la presencia de mosquitos, de los comunes, no de los que chupan sangre. Si, como yo, has quitado las hojas secas y las has dejado encima de la tierra, en lugar de usarlas para hacer abono, es posible que huevos de mosquitos las usen como guardería, el resultado es un enjambre pequeño, inofensivo pero de aspecto desagradable alrededor de tu planta.

La solución es quitar las hojas secas y remover la tierra. El riego puede hacerse de forma menos frecuente o abundante, pero recordando que la prioridad es la salud de la planta.

El consejo general que doy cuando me hacen preguntas sobre esta preocupación es guardar la calma, poner la planta cerca de una ventana, abrirla y animar al elemental de la planta afectada para que llame a los insectos necesarios para que la defiendan de la plaga. Así suene a patraña, funciona. En este momento mi lavanda tiene mosquitos pero los piojos desaparecieron. Repito, no soy experta, tampoco soy entomóloga, pero desde lo que sé pareciera como si los mosquitos se hubiesen comido
a los piojos. Preferiría que hubiesen venido mariquitas / vaquitas de San Antonio al rescate, pero eso fue lo que mi planta convocó, por lo que respeto su decisión, al menos cuando me aguanto las ganas de matar unos cuantos mosquitos o cuando no dejo un recipiente con agua sobre la tierra para que se suiciden. El que uso es una copa blanca de plástico, después de un tiempo veo algunos cuerpos oscuros inertes flotando en la superficie del agua.

Si matar mosquitos con los dedos o con agua te parece cruel y asqueroso, puedes comprar un insecticida hecho a base de cebolla y productos naturales por una empresa de discapacitados de las Fuerzas Militares (de Colombia) a los que encuentras llamando al 310 679 1311 y por WS en el 315 809 6878. Mi mamá ha usado algún producto de ellos y ha quedado satisfecha con el resultado.

Mi lavanda está grande, hermosa y fuerte. Quiero trasplantarla. Además de pedirle permiso a su elemental, ¿qué debo hacer?, ¿necesita abono especial?

La primera vez que mi lavanda fue trasplantada no tuve voz ni voto para opinar. Mi mamá lo hizo mientras estaba de viaje así que no he tenido el gusto de vivir esa experiencia, pero ya lo haré. La mía hoy está enorme. Sea como fuere lo que sé, por procedimientos de transplante anteriores hechos con otras especies es que agradecen el abono que se hace en casa con cáscaras de vegetales y cáscaras de huevo que resulta de preparar comidas.

Algunas fuentes dicen que al abono hay que mezclarlo cada tanto, dejarlo respirar y sacarle los líquidos que va soltando. Yo, así los expertos expertísimos se agarren la cabeza con las manos, no he hecho nada de eso. He metido las cáscaras en un tarro, lo he tapado, me he olvidado de él durante meses, le he dado una que otra vuelta perezosa, lo he olisqueado y cuando tiene aroma a caca / popó, o como le digan en su región al excremento, lo he usado. La conejilla de indias fue una variedad de mentha suaveolens, conocida en Europa como menta manzana. En poco más de dos meses pasó de tener tres ramitas a estar como se ve en las fotos.

Esta niña vive al lado de una ventana y la rama larga es sostenida por el vidrio, por eso se ve así.

Vista desde la rama larguísima.

Así que volviendo a la pregunta se puede usar tierra con cascarilla de arroz o tierra negra con abono casero. Para evitar un poco la molestia de los mosquitos prefiero usar el abono en el fondo de la maceta y luego relleno con tierra común.

Si, como yo usas cristales como la amatista, el jade o el ágata para potenciar la energía de las plantas, es importante sacarlos antes de cambiarlas de matera y semienterrarlos en el recipiente nuevo una vez has terminado el proceso.

Y ya que hablaste de abono, ¿qué hago con las pastillas que me diste con mi lavanda?

Las pastillas que uso están hechas a base de fósforo, nitrógeno y potasio. Se usan para que las plantas apreciadas por sus flores tengan alimento para seguir ese proceso, pues pedirle a una planta que florezca sin alimentarla es como pedirte a ti que des lo mejor de tu ser viviendo a dieta de jugo y más jugo. Las plantas necesitan amor y alimento, además de agua.

Mi lavanda ya floreció y en tu libro (el que entrego junto a la lavanda) dices que debo cortarle las flores después de que florezca. ¿Cómo sé cuándo cortarlas?, ¿dónde hago el corte?

Yo corto las flores de la mía cuando los tallos empiezan a tener un color grisáceo o pardo. El corte lo hago en sesgo, en diagonal cerca a la base, donde las hojas se abren en dos para dar paso a la flor.

¿Cuánta agua debo ponerle?

Eso depende de la variedad de lavanda que tengas. Las que conozco de cerca son la dentata y la angustifolia. La angustifolia necesita ser regada casi a diario en épocas calurosas y un poco menos en épocas más frescas. La angustifolia, por el contrario, necesita menos agua, así que basta con humedecerle bien la tierra y esperar hasta que se ve seca para volverla a regar. La observación, sin embargo no sobra, pues es una herramienta indispensable para aprender a conocer las necesidades específicas de cada especie. Esto aplica para todas las plantas.

Mi lavanda tiene unas ramas como caídas, ¿qué será?, ¿qué hago?

Si es dentata es posible que esté pasando frío o soledad. En ese caso es mejor llevarla a un sitio cerrado o, al menos, bajo techo para que se sienta abrigada y protegida. También conviene analizar si ha pasado mucho tiempo sin compañía humana, pues he visto que necesitan atención y miradas amorosas. Con la variedad angustifolia no tengo tanta experiencia pero la razón podría ser falta de agua, ya que es más resistente al frío, lo que tiene sentido si se considera que es conocida como lavanda inglesa, una geografía conocida por el clima lluvioso y las temperaturas bajas.

Esto resume los conocimientos técnicos que he acumulado aplicables al cuidado de la lavanda y al de otras plantas. Si tienes alguna pregunta que no está aquí puedes enviármela a través de mi página de facebook.

miércoles, enero 18, 2017

Así conocí la lavanda

La lavanda para mí era un nombre, una ilustración, un olor sintético antes de que la viera en vivo.

Aunque me gustaría poder decir que la primera vez que vi una planta viva de lavanda fue mágica, estática y maravillosa lo cierto es que su espíritu es tan sutil que tuve que pasar a su lado varias veces antes de ser consciente de su presencia. Me parece que fue en una primavera austral, en un patio grande, muy abierto, cuando una de sus flores logró llamar mi atención.

Mi suegra del momento le pidió a su hija que cortara una flor y la pusiera debajo de la almohada de su nieto bebé. Decía ella que eso le ayudaría a dormir mejor. Luego vi la flor de color lila pálido en la mano de la que era mi cuñada y luego cambiamos de tema.

El tiempo pasó y en un viaje de un día a una ciudad que me cautivaba con sus historias de castillos y alquimia volví a verla. De un modo más cercano pero también fugaz. Mi pareja de la misma época, quiso hacer un plano cerrado de una abeja visitando flores. En ese momento estaba más interesada en la similitud que hay entre las palabras “marisquería” y “whiskería”, por lo que no le presté mucha atención al jardín. Luego guardé las fotos de ese día, las que tomó él y las que tomé yo, y sólo volvería a observarlas, con ojos de botánica aficionada, años después.

Aquí entra en escena Mick Jagger


Habían pasado varios años desde que había dejado el paisito. Resignada, me acostumbré a la falta de estaciones y aprendí a identificar el momento aproximado del año en el que empieza la cosecha urbana de cerezas. Pero nunca dejé de observar los jardines anhelando encontrar una lavanda. No sé cómo sabía que la reconocería pero lo sabía. No era experta, tampoco ahora, sólo sé que algo me decía que cuando la encontrara sabría que era ella.

Muchas veces recordé la lavanda viendo una planta ornamental, también de flores en espiga y tonos violáceos, en los jardines bogotanos, pero aunque bella no era ella. Sus hojas son más oscuras, más duras y nada aromáticas, al menos no para la sensibilidad de mi nariz. Pasaron años hasta que la encontré a la vuelta de mi casa.

Mi mejor amigo estaba por venir a la ciudad para ir al concierto de los Rolling Stones, por lo que me había pedido que lo dejara quedar en mi habitación de huéspedes. Agradecida con la oportunidad de salir de mi zona cómoda, así fuera sólo por unos días, me metí en el papel de la anfitriona ejemplar.
Fui a buscar pan para el desayuno de ambos y de camino pasé por una tienda pequeña en la que venden plantas, tierra, macetas, pero que no acabo de llamar vivero porque también venden jabones para la buena suerte, incienso, billetes de lotería y además reciben el pago de servicios públicos. Ella, la planta de lavanda que tengo en casa, estaba en la puerta, luciéndose, coqueteándome. Pasé a su lado y sentí un sobresalto.

Compré el pan y me quedé pensando en ella. No lo creía posible. Era demasiado fácil y demasiado conveniente. La lavanda no es nativa de América ni mucho menos de Colombia, pero qué importaba, ya estaba hipnotizada por su presencia. Me devolví a esa tienda a la apenas había entrado un par de veces a comprar tierra para otras plantas.

Pregunté cómo se llamaba y la dueña del negocio dijo que era una citronela. Evité contradecirla, tampoco estaba segura de mi hallazgo. Pregunté cómo se cuidaba y el precio. La pagué y me la llevé. No podía creerlo. Tenía una lavanda y la había encontrado en el barrio vecino al mío.

Llegué, busqué en internet y confirmé que las plantas que suelen ser llamadas citronelas tienen un aspecto muy distinto, incluido un tipo de geranio que también tiene su parte en esta historia.
Comparé el olor de mi planta con el de unas flores secas que me había traído de España una amiga y con otras que compré en Berlín, envié correos con fotos a amigos interesados en la lavanda y todos, sorprendidos, confirmaron mi hipótesis. Ellos fueron los primeros en pedir las suyas, que encargué a la señora de la tienda y luego repartí..

Los polvos de la verdad


Un amigo me dijo una vez que pareciera como si usara polvos de la verdad, un invento como los que le dan a James Bond para completar sus misiones. Según él tengo la capacidad de extraer información confidencial sin siquiera proponérmelo, y quizás sea así.

Un día, en un episodio que contaré en otra historia, necesité tierra para tratar de rescatar un esqueje de geranio y, como no tenía, me fui al negocio de la señora que me vendió la lavanda. Mientras estaba ahí y sin hacerle muchas preguntas, sino más bien contándole que mi planta estaba grande, hermosa y fuerte, me contó que quien se la había vendido había traído las semillas de México y las había germinado acá. No pregunté cómo se llamaba pero de todos modos me dio el nombre, tampoco quise saber en dónde la había comprado pero igual me lo dijo. Así encontré los datos de quien, sin proponérmelo, ahora es uno de mis maestros.

No hagas planes, la Divinidad se va a reír de ellos


En una visita no planeada a mi mamá, pues se había enfermado repentinamente, acordamos ir al mercado de plantas de Paloquemao. Estando allí busqué al hombre que me había mencionado la mujer de la tienda del barrio, hablé con él y terminé inventándome un negocio en el que yo también vendería plantas de lavanda pero agregando valor, pues los negocios de intermediaria simple, en los que compras barato para vender caro, no me llaman la atención. Entonces empezó la etapa de investigación.

Ya tenía identificada la variedad de lavanda que estaba cuidando desde hacía meses: Lavandula dentata, una de las conocidas como lavanda francesa. Seguí hurgando hasta entender las diferencias entre esta y otras como la stoechas y la angustifolia, antes conocida como officinalis. Observé cómo se comportaban sus hojas ante la falta de agua, revisé artículos de jardinería y libros que indicaban sus usos mágicos y las leyendas que hay en torno a la lavanda en general.

Recordé que el año anterior había encuadernado a mano y con tela unos libros que me habían pedido por encargo. Hice una edición expresamente para vender la lavanda con una tela linda que guardaba desde no sé hacía cuánto y empecé a ofrecerlas a través de mi página de facebook.

El comienzo fue tímido y hoy, todavía, es una actividad de movimientos lentos, pero como nunca hice planes para hacerme rica vendiendo plantas de lavanda no me importa. Autodenominarme la Señora de la lavanda y sentir que a través de mí esta plantita maravillosa llega a las casas de personas sensibles alegra mis días. Además es lindo recibir correos con preguntas de quienes han comprado alguna y quieren saber cómo pueden cuidarla mejor.

Si no me quieres mejor ni me mires


La lavanda, en general, es una planta muy sensible. Responde de forma casi instantánea al humor de quienes están cerca de ella. He visto que resiente la soledad, así tenga suficiente agua y luz, por lo que no le sobra un regaño o un llamado de atención cuando agacha las hojas de forma dramática. Poco después se la encuentra animada y erguida, como diciendo “gracias por reconocer mi presencia”.

Del carácter sensible de la lavanda también sé por la experiencia de una amiga dueña de un negocio, que dejó a la vista una plántula de lavanda inglesa y que, luego de ser admirada y tocada por un cliente, empezó a decaer hasta morir. Con esta variedad no tengo mucha experiencia, pero estoy en el proceso de aprender después de que mi maestro me ayudara a germinar algunas semillas que traje de Austria. Tengo una pequeña guardería de plantas bebés que algún día llegará a ser un matorral disperso en varias casas y fincas.

El mensaje del deva de la lavanda


Al espíritu que cuida una especie se le puede llamar elemental, deva, duende o como se quiera. A mí me gusta la palabra deva por lo que leí en Comunicación con los ángeles y con los devas*, un libro en el que Dorothy Maclean se refería con esta palabra a estos seres.

Al vivir al lado de la lavanda he aprendido que es una planta sutil, delicada e inspiradora, que me ayuda a valorar lo que tengo alrededor y a hacer los cambios que necesito, sin distraerme pensando en lo que no me hace falta. Esta planta ha traído gozo y sensibilidad a mi vida.

Hace semanas, cuando preparaba uno de los encuentros herbales en los que, junto a mi socia, transmitimos a otros el conocimiento que hemos acumulado en torno a las plantas, se me antojó meditar concentrándome en este ser etéreo. El texto que sigue es lo que percibí:

Limpio los ambientes, el espacio, los pensamientos de energías negativas y residuales.
Ayudo a los seres humanos a evolucionar con mi aroma, con mis rezos.
Limpio el corazón de las personas de energías negativas, por eso doy tranquilidad y calma.
Ayudo a dejar en el pasado lo que debe estar allí, por eso ayudo a valorar el presente, a dejar atrás el dolor y a tratar la depresión causada por los duelos.
Sentimos el amor de las personas, por eso somos tan sensibles. No nos gusta estar en casa de quienes no nos aprecian y preferimos estar al aire libre para crecer sin restricciones.
Amamos la luz, ADORAMOS la luz. Somos mediterráneas las lavandas. Nos llevamos bien con el romero, por eso nos gusta confundirnos con él aunque no somos tan resistentes. Él es más protector, más guardabosques.
Como todas las plantas usamos la energía de los pensamientos de los humanos para crecer y prosperar, por eso es tan importante que ustedes nos conozcan y nos respeten, y les enseñen a sus hijos desde niños la importancia de cuidarnos, así como lo hizo tu mamá contigo, porque cuando llegan a adultos sin saber éstas cosas es más difícil crear un cambio de consciencia.

Sí quizás esté chiflada, al fin y al cabo chiflado es sinónimo de herbolario, así que no creo estar tan lejos de mi camino verdadero.

*En este libro también hay un mensaje recibido del deva de la lavanda junto a otros provenientes de otras plantas.

La canción que me sirvió para sintonizarme con el mood que sentí antes de escribir este texto es Such great heights en la versión de Iron & Wine.

miércoles, enero 04, 2017

¿Cómo romper las creencias limitantes?

Lo primero que tengo que decir es que no uso una pregunta para titular este texto sólo para retar al lector, lo hago porque todavía no sé la respuesta, porque escribir es en este momento un ejercicio para acercarme a ella.

Vengo pensando en las creencias limitantes desde hace mucho, pero sólo hasta hace unos meses adopté este rótulo, después de escuchar una conferencia de Enric orbera. La verdad es que mucho antes, en 2013, cuando hospedé a un alemán que puso a prueba mi tolerancia, pasaron por la radio pública una entrevista que le hicieron a Martín Caparrós, uno de mis escritores predilectos. En ella contaba avances del que sería su próximo libro, Hambres, y recordaba historias escritas en los previos, Una luna y Contra el cambio. En Contra el cambio relata una conversación que tuvo con una mujer africana. Le hizo una pregunta gastada: si viniera un ser mágico a concederte lo que quisieras, ¿qué le pedirías? Una vaca, fue la respuesta de la mujer. Caparrós indagó e indagó hasta dar con la razón de un deseo tan pobre, tan flaco. La mujer había vivido siempre en unas condiciones tan limitadas que incluso su capacidad de imaginar estaba atrofiada. Pero ¿no es lo que nos pasa a todos?, reflexionaba Caparrós al respecto durante esa entrevista, y sí, decía yo mientras ignoraba al alemán, mientras hacía como que me concentraba en lo que decían el escritor y los periodistas.

Poco tiempo después le conté la anécdota a mi mamá y cuando estaba por llegar al final apareció una tía, hermana de ella. Orgullosa después de oírme terminar el relato dijo “me imaginé que ese iba a ser, dos vacas, ante la insistencia la señora pidió dos vacas”. Yo me seguía preguntando ¿por qué no pedimos más?, ¿por qué no nos atrevemos a soñar con más? Caparrós ya había respondido la pregunta pero yo no acababa de digerir la respuesta. Deseamos poco y nos conformamos con poco porque nos han criado para eso, porque nos han formado para que nos alegremos con poquito. Nos amaestraron para que ante la pregunta de un genio de la botella respondamos “quiero ir a Europa” en lugar de “quiero conocer el universo entero”.

Los límites no están en la billetera, en la cuenta bancaria, ni siquiera en el partido que gobierna tal o cual república bananera, los límites están en la mente y nos habituamos tanto a ellos que nos parecen naturales, como ese tornillo que le insertan quirúrgicamente a alguien y que después de unos años ha asimilado como cualquiera otro de sus huesos. Pero entonces, ¿qué hacemos para librarnos de ellos? Lo primero, digo yo, es hacer la primera persona del plural a un lado. Las cosas no “nos pasan”, las cosas “me pasan”. Lo primero es asumir la responsabilidad propia, la individual en el modo en el que está mi vida. Entender que si no me he ido de vacaciones a Curazao no es porque mi jefe me odia y me niega un aumento sino porque de entrada creo que no me merezco ese viaje o porque creo que es más importante pagar el colegio de los niños que ir a dorarme en la arena. Y no, acá no estoy hablando de lo que está bien ni de lo que está mal porque gracias a la diosa Fortuna cada día me es más fácil ver que el mundo no es a blanco y negro. Si dejo de pagar el colegio de mis hijos para irme con ellos a Curazao tal vez estoy eligiendo educarlos de una manera distinta, quizás escojo mostrarles en la práctica que los límites están en mi mente y no en las circunstancias que materializo.

Ayer retomé otro libro, uno que intento terminar desde 2014, ese que me espía, que me patea, que me da cachetadas pero al que vuelvo una y otra vez porque sé que las historias que muestra y los ejercicios que plantea son lecciones que necesito para no acomodarme demasiado en el presente. Esta vez, un poco prevenida, me devolví para buscar una historia que quería releer, la del naturópata que antes de adoptar tal profesión se dio cuenta de que tenía que cultivar la constancia y por eso estuvo trabajando como informático 10 años o más en una empresa. Al final no leí la historia, como acabo de demostrarme la tenía lo suficientemente fresca como para volver a ella, por eso preferí leer otras y seguir para ver si algún día termino de leerlo, y ahí estaba otra vez, el tema de las creencias. Las frases que catapultaron mi entendimiento a otro nivel vinieron de Milagros que se cumplen de William Thomas Tucker, leyéndolo, leyendo la misma idea después de N veces por fin entendí, entendí que si mis viajes son tan cortos y tan esporádicos es porque en mi mente existe una parcela que dices “o tienes casa propia o te vas de viaje más de un mes”. El mes es una cifra ridícula, de ejemplo, bien podría ser 3 años, 3 días o 3 horas, el punto no es ese, así que no lo pierdas de vista si quieres avanzar, el punto es que por esas cárceles invisibles que nos inventamos los seres humanos somos tan fáciles de manipular, de controlar.

¿Qué importa si quienes controlan el mundo son reptilianos o illuminati?, lo que importa es que sus métodos funcionan porque no los cuestionamos, porque no los cuestiono, ahí está de nuevo la trampa del grupo, la tentación de escurrir el bulto. No he conseguido lo que anhelo no porque no sea posible sino porque creo que otras cosas son posibles. Este no es, ni me propongo que lo sea, una letanía de lo mucho que me hace falta y de lo poco que tengo. Nada de eso. Ahora veo la puerta, la observo como un animal salvaje al han tenido encerrado durante mucho tiempo y que al ver la luz natural sin el filtro de las rejas se maravilla al tiempo que teme salir. ¿Podré?, ¿seré capaz de disfrutar la libertad?, ¿tendré tan atrofiada la imaginación que fracasaré al primer movimiento? Todas preguntas que vienen del miedo, todas de miedos putos que como cepos me cortan los pasos.

Claro que es posible viajar durante años, décadas y tener una casa propia al mismo tiempo. Obvio que es posible darle agua, comida y energía gratis a todo el mundo, el problema no es si existe la tecnología, si hay financiación o si hay voluntad política, el problema es la creencia de que todo eso es imposible. La varita mágica la llevas adentro, está en tu consciencia, amplia o limitada, elevada o hundida, que te concede todos tus deseos sin cuestionarte. ¿Quieres un jefe que no te dé el salario que deseas? ¡Concedido! ¿Crees que eres feo y pobre y que por eso no podrás conquistar a ninguna mujer bonita? ¡Concedido! Mírate al espejo, encara la imagen, en ella descubrirás a tu peor enemigo, ese que va contigo incluso al fin del mundo, ese que te enjabona la espalda y corta el papel higiénico por ti. Sí, echarle la culpa al otro es fácil, es cómodo, pero también es infantil, poco realista y autolimitante. Si quieres que tus sueños se hagan realidad el primer paso que debes dar, al menos como lo veo desde aquí, es reconocer si crees o no que realmente mereces eso que deseas. ¿De veras eres tan bueno y perfecto para ganarte la lotería?, ¿de veras eres incapaz de señalar a alguien que la necesite más o que haya acumulado más méritos que tú?, ¿podrías asegurar que te mereces el mundo incluso estando borracho?, porque si lo que crees es que eres un ser humano inmundo, ruin y lamentable tu genio propio te concederá todas y cada una de las experiencias necesarias para comprobar tu creencia, verás cómo pasan muchísimas cosas buenas pero siempre a los demás.

Ahora me voy a seguir levantando la cabeza, a descubrir qué creo que merezco, quizás dentro de poco deje de ver la puerta de las creencias limitantes con ilusión y me anime a cruzarla, así no sepa bien cómo hacerlo o cuáles son las reglas del otro lado, ese territorio que durante tanto tiempo me pareció imposible pero que sólo estaba fuera de mi campo visual.