sábado, mayo 20, 2017

Adiós, certezas

Hace unas semanas dejé de lado mi terquedad y acepté una sugerencia que alguien me hizo de ver la serie Sense8. La historia, que relata las vivencias de 8 extraños con poderes psíquicos, tuvo todo que ver con mi respuesta positiva. Sin embargo, como es la norma en esta época tan cambiante que nos tocó vivir, las consecuencias de un acto aparentemente inocuo fueron perturbadoras.

Ellos ahora son ellas

Un día mientras buscaba una entrevista a los creadores de la serie, que me tenía haciendo maratones de 3, 4 capítulos, todo empezó a lucir extraño. Más extraño. Esperaba encontrar algo parecido a lo que descubrí detrás del guión de Inception. Creía que encontraría algo como "los hermanos Wachowski tuvieron experiencias extracorpóreas y oyeron relatos de una de sus abuelas acerca de aparecidos, experiencias que los llevaron a fantasear con la posibilidad de seres humanos, descencientes de una raza que evolucionó de forma paralela al homo sapiens, capaces de desarrollar poderes psíquicos de forma espectacular", pero nada de eso. Mi búsqueda me llevó por otros caminos y mi intuición ya me lo había advertido.

La primera vez que escuché la voz de Nomi, uno de los protagonistas algo se frunció adentro mío. Desde el comienzo quedó claro que era transexual pero sólo después de buscar información respecto a los hermanos Wachowski empecé a entender. Jamie Clayton, la actriz elegida para interpretar el papel también es transexual en la vida real. Luego de saciar mi morbo, con un par de artículos y otro más de videos, seguí buscando hasta dar con un hecho que, sin proponérselo, me sigue cuestionando.

Recordaba que Matrix, la trilogía, clásica ya, había sido escrita por The Wachowski Brothers, por eso no me sorprendió ver que uno de ellos fuera Lana Wachoski y el otro Andrew Wachowski, pero algo no cerraba. A pesar de los borbotones de información a los que me expongo a diario recordaba que ambos eran hombres. Unas visitas a wikipedia y a imdb más tarde estaba con la mandíbula descolgada y una mano sobre la boca. Lana Wachowski, antes Lawrence Wachoski, se sometió a una reasignación de género hace algunos años. En 2016 Andrew Wachowski, su hermano, ahora Lilly Wachowski, siguió sus pasos. La primera vez que vi una foto de Lana Wachowski me sorprendió ver lo femenina que luce. Busqué fotos de cuando era hombre y noté que la delicadeza de los rasgos ya estaba ahí. El resultado entonces dejó de sorprenderme, pero no de transformarme. El hecho de que una película haya sido escrita por un hombre o por una mujer es algo irrelevante, si tiene genialidad eso va más allá de su género, de nacimiento o reasignado, pero el hecho de que quien con talento y trabajo duro se ganó un lugar en tu memoria ahora tenga otra identidad es tan onírico que me resulta imposible dejarlo pasar o dejar de reflexionar al respecto.

Vas a recordar este momento el resto de tu vida


Tengo edad suficiente para recordar cómo, cuándo y qué estaba haciendo cuando supe de las muertes de Freddy "miamordivino" Mercury, de Lady Di, princesa de Gales y del atentado a las torres gemelas de Nueva York y con esta noticia, no exagero, pasa lo mismo. The Wachoski, como se hace llamar ahora el dúo creativo, tiene un perfil discreto, por eso y porque de nuevo todos los días nos exponemos a avalanchas de información apenas nos estamos enterando de un asunto irreversible. Pero ¿por qué tanto escándalo? se estará preguntando más de uno, porque el cambio de género de personas con tanta influencia en la mente
colectiva muestra la mutabilidad acelerada en la que vivimos.

Las filosofías orientales llevan milenios hablando de que lo único permanente es el cambio pero sólo hasta que Internet se nos metió en la médula lo vivimos a una velocidad de vértigo, de ahí que me cueste tanto entender a quienes tienen tan claro lo que quieren y cómo lo quieren.

Cuando era niña soñaba con viajar, escribir y dibujar, tomar fotografías o algo así. Crecí y me hice una redactora competente que ha podido vivir de este oficio, también viajé, y no dejé de hacerme preguntas. En los 80s y en los 90s decir que querías ser escritor o periodista profesional suscitaba reacciones diversas pero casi nadie se preguntaba si la profesión seguiría existiendo ni mucho menos imaginaba cuánto iba a cambiar. Mi generación creció creyendo el cuento de hadas posmoderno de estudiar, trabajar y pensionarse pero luego, cuando lo estábamos viviendo, vino el cisma.

Algunos todavía no se enteran, otros se quedaron en la etapa de negación y otros pensamos en cómo adaptarnos a un mundo que ya no es el mismo. Crecí creyendo que uno nacía mujer y se moría igual y que los escritores profesionales publicaban libros en papel pero, más tarde, tuve que considerar que esa era sólo una de las formas de expresión posibles, que ahora puedes contar tus historias de formas diversas y que cuando crees saber o entender algo las reglas vuelven a cambiar.

Me asombran profundamente quienes tienen objetivos claros y férreos en la vida. Dicen "voy a construir un edificio cuando tenga 30 años" y a los 29 ya tienen los planos de la obra, dicen "quiero irme a vivir a Japón" y, aunque el país que visitaron sea distinto de aquel en el que se establecerán siguen deseando lo mismo. ¿Cómo lo hacen?, ¿cómo hacen para acallar las dudas y subirle el volumen a la certeza?, yo sólo siento que algo poderoso me cuida y que quiere que transmita lo que voy aprendiendo o recordando pero no tengo ni idea de si tendré que desandar lo andado o de hasta dónde debo llegar.

Ser original haciendo lo mismo que hacen todos los demás

Durante demasiado tiempo he hecho las cosas que dicen hay que hacer. Fui al colegio, a la universidad y abrí una página en facebook para darle voz a mi algo, a eso que tengo para compartir pero que me resulta tan esquivo a la hora de definirlo. En este momento tengo muchísimas dudas, una cantidad igual de miedos y falta de motivación para continuar.

La semana pasada no envié el mensaje que acostumbro enviar a mi lista de correo los miércoles y esta semana tampoco. Esto lo escribo en una tarde de sábado mientras me duele el brazo izquierdo, molestia que sé es producto del estrés y del no saber cómo voy a cubrir mis gastos en los próximos siete días. Renuncié a las ayudas financieras acostumbradas: el trabajo que paga las cuentas pero que te importa un bledo si sale bien o mal, el préstamo de un familiar que te hace sentir como un adulto fracasado, etc. Acepto la idea de volver a trabajar en lo que me parece inútil para seguir explorando los mundos que sí me importan; pienso en cómo atraer más gente a mis actividades para seguir financiando mi aprendizaje cuando lo cierto es que prefiero aprender de libros que de otras personas. Me siento hipócrita. Uso facebook aunque lo odio. Las 20 cuentas o más que he abierto en varias redes sociales han sido consecuencia de la presión social. Sigo usando unas pocas por la misma razón por la que tengo una línea fija de teléfono: ilusión de cercanía. Mis amigos están repartidos por todo el mundo y esos servicios me ayudan a fingir que no están lejos. El teléfono lo tengo para hablar con mi abuela cuando siento que puedo hablar con ella, o sea cuando no siento el peso aplastante de mis problemas, que sé puedo resolver. Sea como fuere sé que ambas cosas, las redes sociales y el teléfono, son sucedáneos.

Cuando mis amigos se sienten mal o cuando yo me siento mal lo que necesitamos es encontrarnos, hablar en persona, mirarnos a los ojos y reírnos para recordar que sí, que todo estará bien, que si cuentas con alguien a quien puedes contarle tu historia, alguien que no te juzga, que no espera con ansiedad el momento oportuno para para demostrarte que sus problemas siempre son peores, más graves y más urgentes, ni espera que seas su roble, su modelo de entereza, entonces eres una persona muy afortunada.

Facebook es una mierda, whatsapp también, no solucionan nada. Te exigen más de lo que te dan a cambio. Te ayudan a sedarte, a entumecerte, a sentir menos lo gozoso y lo doloroso, a protegerte de las lágrimas de alegría y de las lágrimas de tristeza. No reemplazan el contacto físico ni están hechos para dar información completa, pero tampoco son lo peor, son sólo algo más.En este momento ya hay muchos emprendedores inventando nuevas redes, nuevos juguetes, nuevas aplicaciones que vendrán a prometer lo mismo: fama rápida, conexión y alegría sintética, más estrellitas, me gustas o lo que sea, formas nuevas de consumismo digital que producirán más dinero virtual, nuevas distracciones que nos alejarán de la búsqueda real.

Hoy esto es todo lo que tengo para ofrecer. Una entrada larga en un blog, la herramienta digital con la que 10 años después sigo sintiéndome más cómoda, lo más parecido al lápiz y al papel que tanto amo. Nunca imaginé que el cambio de sexo de los Wachowski fuera a afectarme tanto. Hoy elijo aceptar que su cambio radical me incomoda porque no me siento preparada para afrontar lo que viene.

Así no me guste reconocerlo desde hace meses improviso mi vida y lo hago sin certezas, sin saber qué o cómo vendrá. Antes imaginé las cosas que quería hacer. Algunas las concreté y otras no pero todo me sirvió para entender que nunca antes fui el ser que soy hoy y que tampoco volveré a serlo. Hoy siento que lo único útil que puedo hacer es agradecer lo que he vivido. Siento placer cuando escribo, cuando creo imágenes pero también cuando viajo sin cámara en mano para dejar que las experiencias me transformen. Sé cómo quiero vivir, qué quiero sentir pero carezco de modelos. Los que tuve antes son el resultado de las reglas del pasado, me sirven de inspiración pero no de brújula porque este espacio-tiempo cada vez se parece más al onírico en donde las reglas y las hipótesis del pasado se quedan cortas cuando se trata de pensar el futuro.

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